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viernes, 27 de febrero de 2015

Looking for Johnny. The Legend of Johnny Thunders


Él solía decir, y lo decía de verdad, que no quería envejecer. No quería ser un viejo, quería morir antes de envejecer. No se lo podía imaginar, lo veía casi como una humillación.


Casi 15 años después de su muerte, Johnny Thunders mantiene esa aureola mítica e inusual carisma que muy pocos artistas poseen. Adicto durante casi toda su vida, Outsider por vocación, prácticamente desconocido para el gran público, pero músico influyente como pocos (el Glam y el Punk le deben mucho), guitarrista muy personal y gran compositor. Un artista con talento, a menudo ensombrecido (o puede que amplificado también) por su comportamiento caótico e imprevisible y errática carrera: una figura de culto de manual.

Fascinado por Thunders desde muy joven, el cineasta español Danny García (que dirigió también "The Rise and the Fall of The Clash") decidió llevar a cabo el documental definitivo sobre su figura. Para ello invirtió casi dos años recopilando material y haciendo entrevistas con personas cercanas a Thunders. Parte de este proceso se puede ver en el blog del director: "A Spaniard In The Workz'".

El resultado es un film muy canónico, que sigue el esquema clásico de imágenes de archivo y testimonios de personajes del mundo de la farándula neyorkina como Marcia Resnick, Bob Gruen o Lee Black Childers y ex-managers como Marty Thau o Malcolm McLaren. También un nutrido grupo de músicos: Lenny Kaye, Richard Lloyd, Sylvain Sylvain, Sammy Yaffa, Stevie Klasson o un brutalmente envejecido (murió poco después, de hecho) Billy Rath.

La gran virtud de la película es su estructura lineal y cronológica, que traza de manera muy comprensible y con bastante detalle la trayectoria de Thunders: sus inicios con los NY Dolls, su carrera, llena de idas y venidas, con los Heartbreakers, su aventura en Gang War con Wayne Kramer, sus discos en solitario y el proyecto con los Oddballs que, por lo visto y oído en el DVD, tuvo que ser una banda de lo más interesante en directo.

Su vida personal también se aborda de manera bastante amplia, sin rehuir todo lo relacionado con las drogas (es prácticamente imposible disociarlas de Thunders, formaban un todo) pero evitando caer en los detalles morbosos y el amarillismo, tan habituales en los documentales de Rock, y haciendo hincapié en otros aspectos (su vida familiar, sus apariciones en películas, etc.) más desconocidos.

El material de archivo es bastante abundante, aunque en su mayor parte poco novedoso. Destacan los casi 40 temas que suenan (aunque no íntegros, impresionantes las versiones acústicas), las imágenes, inéditas creo, con los NY Dolls (a día de hoy su Look sigue siendo fabuloso), fragmentos de entrevistas con Thunders, algunos videos con los Oddballs, con Stevie Klasson en la banda, y una incendiaria toma de "All By Myself" de un concierto en Francia en 1984 en el que un Thunders de aspecto frágil y enfermizo, pero magnetismo indiscutible, es capaz de erizarte los pelos con un simple riff de rock sucio, como un Chuck Berry con cresta, marca de la casa.

No sé si se este documental es "la gran historia de Johnny Thunders", no aporta muchas novedades sobre lo ya sabido, pero es el complemente perfecto del libro "In Cold Blood" de Nina Antonia (que aparece también en la película), la biografía oficial de Johnny Thunders, una biblia repleta de datos, fotografías y anécdotas. Juntos conforman el pack, este sí definitivo, sobre una de las figuras más controvertidas y fascinantes del Rock'n Roll.





lunes, 3 de noviembre de 2014

Festival Beefeater In-Edit 2014 (y II)



Perfecto cierre del In-Edit 2014, con tres documentales de diferente formato pero, cada uno en su estilo, igualmente brillantes.


Broken Song


Es un gran contraste, ver lo positivo y lo negativo de pequeño. Las luces y las sombras de la vida ¿sabes? Y tienes que escoger. Toda persona tiene conciencia para tomar su decisión, buena o mala.

La mezcla perfecta entre "The Commitments", un episodio de "Hermano Mayor" y cualquier película de Ken Loach. El Hip-Hop como el clavo ardiendo al que se agarran unos adolescentes que viven en un barrio degradado de Dublín; el último recurso para evitar la toxicomanía, la delincuencia, la cárcel o las tres cosas a la vez.





GI, Willa y Costello, los protagonistas: tres artistas callejeros, que han estado en la mierda y han vivido para contarlo. Mentores que cuidan de la autoestima de sus conciudadanos en el barrio y que tienen todo su respeto.

Un film sobrio, cero efectista y que conmueve sin necesidad de caer en paternalismos. Rodado con suma elegancia y de prodigiosa fotografía en blanco y negro, combinada con algunas secuencias en color (curiosamente nocturnas) que son el contrapunto, casi onírico, de una realidad muy chunga. Excelente película que me recuerda porqué me gusta tanto este festival y que demuestra que incluso del estiércol pueden nacer flores.



Johnny Winter: Down and Dirty


He tenido una buena vida. Me he podido dedicar a lo que más me gusta y me han pagado y me han amado por ello. ¿Qué más se puede pedir?

Este es el típico documental que ya sería atractivo de entrada y sin aditivos por la relevancia musical del personaje y su acumulación de vivencias: el mejor bluesman de raza blanca (con permiso de Stevie Ray Vaughan), actuó en Woodstock, fue estrella indiscutible durante los años 70 y se codeó con artistas de la talla de BB King, Jimmy Hendrix, Janis Joplin o Muddy Waters.





En este caso, además, el título da exactamente lo que promete: un Johnny Winter en crudo, con 70 años y pésima salud, pero lúcido, socarrón, sincero y de extraordinario sentido del humor. La secuencia inicial es toda una declaración de principios, Winter pincha el disco "King of the Delta Blues Singers", de Robert Johnson, empieza a sonar "Cross Road Blues": "Qué grande era este tío. He aprendido mucho de él. Los Cream hicieron una versión de esta tema, pero no era ni la mitad de bueno".

Aprovechando la gira de presentación de "Roots" (su último disco), el documental combina imágenes de su vida cotidiana en la carretera, con testimonios que le rinden homenaje (Dereck Trucks, Joe Perry, Billy Gibbons, etc.) y secuencias de archivo (Woodstock, sus apariciones en el Show de David Letterman, conciertos con Muddy Waters...). Con todo este material se va trazando su trayectoria musical y vital desde que era un niño en Beaumont (Texas) hasta pocos meses antes de su muerte.

Winter no se guarda nada: los problemas sociales derivados de su albinismo durante la niñez y adolescencia, la ascensión a la fama, sus adicciones diversas, el engaño al que le sometió su antiguo manager o su transtorno obsesivo-compulsivo, que da lugar a situaciones francamente divertidas. Hay momentos impagables: la hilarante cogorza en un club; la conversación con el dealer que les vendía cocaína a él y a su mujer; su versión de "Georgia on my mind" en un karaoke en Japón, que pone los pelos de punta, o cuando le revelan el truco de las cápsulas vacias. Otro momento impactante es cuando confiesa, refiriéndose a "Johnny Winter And Live": "es el disco que más he vendido y el que menos me gusta". Está claro que su primer y único amor siempre fue el Blues.

Una película desmitificadora, entrañable y divertida, muy bien montada y que sirve de perfecto epílogo a la carrera de un músico inolvidable y, al mismo tiempo, de homenaje a pioneros del blues como Robert Johnson, Elmore James, Howlin' Wolf o Lightnin Hopkins. Brindo por todos ellos. 



20.000 Days on Earth


¿Quieres aprender a escribir canciones? Contrapunto, el contrapunto es la clave. Dejas, no sé, a un niño y a un psicópata mongol en una habitación y esperas a ver qué pasa.

A partir de un esquema tipo "Un día en la vida de...", 20.000 days on earth propone una doble mirada sobre Nick Cave.  Dos mundos, el "real" y el de "ficción", que se van entrecruzando y que nos muestran las dos caras del cantante, la artística y la personal, a través de diferentes situaciones: con su terapeuta, con los profesionales que ordenan su archivo personal, con los Bad Seeds en el estudio, durante las sesiones de grabación de su último disco o mediante reflexiones en voz alta del propio Cave.



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El planteamiento es arriesgado y si bien en algunos momentos resulta insatisfactorio (las conversaciones con el terapeuta, por ejemplo, se hacen un poco plomizas) el film en su conjunto es espléndido. A ello contribuye el indudable magnetismo del australiano: su voz, su presencia y su carisma son hipnóticos. Destacar también algunos recursos narrativos, como las conversaciones imaginarias mientras conduce, a modo de flashbacks, con diferentes personajes, como Kylie Minogue o Blixa Bargeld; o los impactantes collages audiovisuales del inicio, en los títulos de crédito, y los que ilustran sus sensaciones durante el primer encuentro con Susie, la que ahora es su esposa.

Pero la guinda del pastel son las interesantes conversaciones con Warren Ellis, su colaborador desde hace muchos años y, sobre todo, la grabación en el estudio de "Higgs Boson Blues" y la interpretación final en directo de "Jubilee Street", de una intensidad y fuerza que traspasan la pantalla.

Un documental denso, muy cuidado visualmente, que va más allá del típico formato al uso en estos casos  y que ofrece interesantes reflexiones (la importancia de la memoria, la "domesticación" de canciones...) acerca de los procesos de creación. De ineludible visión.




viernes, 31 de octubre de 2014

Festival Beefeater In-Edit 2014 (I)
















Nueva edición del In-Edit Beefeater, con bastantes títulos interesantes a priori. A continuación une resumen de lo visto hasta ahora.


A spell to ward off the darkness


La sinopsis prometía un film inusual y lo cierto es que se trata de un trabajo muy rara avis pero con el que, por desgracia, no conecté en ningún momento. La secuencia inicial de casi 10 minutos, una panorámica desde un bote en un río, en medio de una oscuridad casi absoluta, fue la primera piedra de toque que puso a prueba la paciencia del que suscribe. A partir de aquí, la película narra el recorrido metafísico de un personaje que empieza sus andanzas en una comuna en Estonia; luego pasa a vivir solo en un bosque en Finlandia y acaba liderando una banda de Death Metal en Noruega.




El film, creo, pretende presentar diferentes dicotomías: el contraste entre la luz y la oscuridad; entre la soledad y la vida en sociedad, entre el silencio y el ruído... Visualmente atractivo, vocación experimental pero sin un hilo narrativo claro y con un mensaje, si lo hay, muy críptico. Tampoco acabo de ver su relación con la música, quitando la parte final. En la sala, división de opiniones: tímidos aplausos al final que contrastaban con el incesante goteo de deserciones a lo largo de toda la proyección.



160 metros. Una historia del rock en Bizkaia


Es paradójico que haya tan poca distancia entre una margen y otra pero sobre todo en aquellos años, finales de los 80, principios de los 90, era bastante evidente que eran dos mundos. No eran dos mundos aislados, no eran dos mundos que no estuvieran interrelacionados, no eran dos mundos aparte. Pero eran dos mundos.

160 metros separan Getxo y Portugalete; la distancia geográfica, pero también psicológica y social, que hay entre la margen izquierda y la derecha de la ría del Nervión. Un paseo en gabarra y la construcción del Guggenheim sirven de catalizador de la historia del rock en Bizkaia, que se centra en la dicotomía entre la contestación social de la orilla izquierda, con grupos punk de inspiración británica, como Eskorbuto, Zarama o Parabellum; y el espíritu Indie de clase media de la derecha, lo que se conocería más tarde como "Getxo Sound", con grupos más orientados al Pop y al Afterpunk como El Inquilino Comunista, Los Clavos, Cancer Moon o Electrobikinis.




Es un documental muy interesante sobre todo para los que, como yo, no conocen las entretelas de esa época y ese lugar. Y lo es sobre todo por su enfoque interdisciplinar: aparte de hablar sobre música, siguiendo la estructura clásica de entrevistas con músicos, periodistas, responsables de sellos, etc., se recurre también a la economía, la industria o el urbanismo, elementos que influyeron sobremanera en la escena y contribuyeron a moldear el carácter de las iniciativas musicales surgidas en ambas márgenes. Un montaje ágil y los interesantes testimonios hacen que el film pase en un suspiro; pienso que diez o quince minutos más de duración le hubieran venido muy bien para acabar de rematar. Buen sabor de boca. 



Beautiful Noise


My Bloody Valentine eran un chiste, una banda con mucho Hype. "Loveless" es un disco muy sobrevalorado y eso que lo publiqué yo.

La historia no escrita de la movida shoegaze, de esas bandas que parecía que tocaban para ellos mismos y que hacían sonar las guitarras como si fueran otro instrumento, personificada en tres grupos: Cocteau Twins, The Jesus & Mary Chain y My Bloody Valentine, aunque también se hace referencia a otras como Ride, Slowdive, Swerdriver, etc. Testimonios de Relumbrón como Robert Smith (The Cure), Trent Reznor (Nine Inch Nails) y Billy Corgan (Smashing Pumpkins), que parece que le ha cogido afición a esto de aparecer en documentales.




Otro film muy atractivo, que sigue el cánon tradicional de testimonios de primera mano, imágenes de actuaciones en directo y entrevistas. Quizá el momento más impactante es el intercambio de sopapos dialécticos (para muestra la cita de más arriba) entre Kevin Shields (My Bloody Valentine) y Alan McGee (el capo de Creation Records), que un hábil montaje convierte en una escena francamente divertida. Muy recomendable, tanto para fans de estos grupos como para cualquiera que no los conozca y quiera profundizar un poco. Muy bueno.


jueves, 7 de agosto de 2014

Otis Redding - Dreams to Remember





































Otis era un rayo de luz. Su entusiasmo y sus niveles de energía... Te pedía cosas que no sabías que pudieras hacer o que nunca se te hubiesen ocurrido. Fue una gran influencia, con él era todo muy divertido... He trabajado con los mejores pero nunca habrá nadie como Otis.
- Steve Crooper -


"Dreams to Remember, The Legacy of Otis Redding" es un documental dedicado a la figura de uno de los intérpretes y compositores más originales e influyentes del Soul. Conducida por Wayne Jackson y Steve Crooper (trompetista y guitarra respectivamente de los Mar-Keys y de Booker T. and MG's, los legendarios grupos de estudio con los que grababan los artistas del sello Stax), Jim Stewart (productor y co-fundador de Stax) y la viuda de Redding, Zelma, la película narra su, breve, trayectoria, desde sus inicios en su Georgia natal hasta su prematura desaparición, a los 26 años, en un accidente de aviación.

Como tantos otros artistas negros, Redding empezó cantando en la iglesia (era hijo de un pastor), aunque pronto se pasó al R&B, para disgusto de su padre. Habitual de los "Talent Shows" de fin de semana, cuentan que no le dejaron participar más después de haber ganado uno 15 veces seguidas.

La irrupción de Redding en el Show Business ocurrió, casi una constante en la historia de la música, por casualidad: trabajando de chófer para Johnny Jenkins (también formaba parte de su banda, los Pinetoppers), le tocó llevarlo a una sesión en Stax. Una vez ahí no paró de taladrar a Al Jackson (el batería de Booker T.) para que le dejaran cantar una canción. Este, harto ya de la chapa que estaba recibiendo, cuando terminó la sesión le suplicó a Steve Crooper que escuchara al chófer para quitárselo de encima. Crooper accedió, resignado y se sentó al piano a tocar los acordes "de iglesia" que le pidió Redding. El propio Crooper cuenta que se le puso la piel de gallina con esa canción, "These Arms of Mine", y que fue corriendo a avisar a Jim Stewart para que fuera a escucharlo. Ese fue el primer tema que grabó para Stax, en 1962.

El ascenso a la fama de Redding fue lento pero seguro: metido en una dinámica de gira constante, aprovechaba los días libres para acercarse a Stax y grabar nuevos temas con Steve Crooper, convertido ya en su colaborador inseparable. Eso hacía que tuvieran que componer a toda velocidad en una habitación de hotel y a veces no pudieran completar la letra de algunas canciones, como es el caso de "Can't Turn You Loose", un tema casi, involuntariamente, instrumental.

Tanto Crooper como Jackson destacan el talento natural de Redding, un arreglista de metales nato, los cuales colocaba de manera intuitiva siempre en el sitio y momento justo, tarareando las melodías que quería; es el caso de "Fa Fa Fa Fa Fa (Sad Song)", que debe su nombre a las onomatopeyas del cantante dirigiéndose a la sección de metal en el estudio.

Gran improvisador, a veces los músicos tenían dificultades para seguirle en las intros o los finales de canción a causa de su creatividad. Su mujer comenta en un momento del documental que, viendo filmaciones de archivo, veía como tenía dificultades para sincronizar los labios durante los play-back: nunca cantaba una canción de la misma manera. Asimismo, a pesar de ser un grandísimo frontman, Redding no se caracterizaba por ser un gran bailarín, lo que unido a su tamaño (era muy alto), hacía que sus performances en el escenario fueran bastante singulares

Su actuación en el Monterey Pop Festival, en 1967, representó su definitivo ascenso a la fama, su particular conquista del Oeste gracias a un explosivo concierto que le abrió las puertas de las audiencias masivas.



Por desgracia no pudo disfrutar demasiado de ese momento: seis meses después falleció en un accidente de avión mientras se dirigía a un concierto en Wisconsin. Por esos caprichos del destino, poco antes de morir grabó "(Sittin' on) The Dock of the Bay", publicado a principios de 1968, el que sería su primer y último número uno en las listas americanas.

Lo que queda claro en el documental es que Redding, ademas de un artista excepcional, era una bellísima persona: si bien en este tipo de filmes es habitual que los protagonistas queden en muy buen lugar, la actitud de todos los participantes (Crooper, Jackson, su mujer y su hija) y, sobre todo, la de un Jim Stewart al borde del llanto recordando la última vez que lo vio, casi cincuenta años atrás, dejan poco lugar para la duda.

Una película sencilla y emotiva, con material de archivo bastante vistoso y que además incluye un extra donde Crooper y Jackson cuentan detalles de las grabaciones y de algunos trucos que utilizaban durante las sesiones. Un perfecto homenaje a una artista que continúa siendo una referencia musical de primera línea, la mezcla ideal entre la suavidad de Sam Cooke y la rudeza de Little Richard. 





lunes, 16 de junio de 2014

"A 20 pasos de la fama". Talento en el anonimato.



















Resulta paradójico que, en una película dedicada a personajes más o menos anónimos del mundo de la música, se utilice a Bruce Springsteen, Stevie Wonder y Sting para publicitarla. Y más cuando el total de metraje que protagonizan entre los tres debe rondar los 10 minutos. De todas maneras, bienvenida sea esta estrategia de márketing si sirve para atraer a gente a las salas (como es el caso, gracias también al Oscar obtenido) y ayuda a que más documentales musicales se estrenen en pantalla grande.

Dicho esto,  "A 20 pasos de la fama" es un documental notable y muy "aseado". No desde una perspectiva formal (excesivamente canónico y poco innovador), ni tampoco por su estructura narrativa, que resulta un tanto deslavazada, con saltos temporales hacia atrás y hacia adelante y pasando de un personaje a otro sin ningún orden aparente. En cambio el contenido es sumamente atractivo porque se centra en una cuestión bastante desconocida para el gran público: el papel de las coristas, a menudo decisivo, en el éxito de algunas canciones y directos de conocidos artistas. Sin su trabajo, posiblemente algunas de esos temas no hubieran alcanzado la fama y determinadas carreras hubieran tenido menos brillo.

El film permite descubrir a cantantes prodigiosas que han pasado su vida poniendo su talento al servicio de otros: Algunas por vocación, otras por mala suerte o por no tener lo que "hay que tener" o, simplemente, por no haber triunfado en solitario. De aquí el afortunado título: a menudo la fama es inalcanzable a pesar de tenerla, personificada, al alcance de la mano.

Por la pantalla van desfilando cantantes como Merry Clayton,  Darlene Love, Claudia Lennear, Tata Vega o Lisa Fischer, entre otras, que nos van contando su historia. Todas ellas tienen antecedentes comunes: voces impresionantes, orígenes humildes, raza negra y provenientes de la tradición gospel. En la actualidad algunas son reconocidas por su trabajo como coristas desde los años 60, otras son cotizadísimas voces de apoyo en estudio y en directo, otras intentaron una carrera en solitario o están todavía en ello e, incluso, alguna acabó abandonando el mundo del espectáculo.

A pesar de que, desgraciadamente, no son muy abundantes, las imágenes de archivo no tienen precio: actuaciones de Ray Charles, The Blossoms, Joe Cocker, Tom Jones o las explosivas Ikettes de Ike & Tina Turner. Impagables también algunos testimonios, como los de Lisa Fischer, prodigiosa cantante que llego a ganar un grammy por su único disco, "So Intense", o Merry Clayton (nada que envidiarle a Aretha Franklin), explicando con indisimulado orgullo y mucha gracia la gestación de "Gimme Shelter" de los Rolling Stones, con el famoso estribillo: Rape, murder! It's just a shot away, It's just a shot away, en una toma que llega a poner la piel de gallina.

Imprescindible para fans del soul y de las voces negras femeninas.





lunes, 9 de junio de 2014

Super Duper Alice Cooper


Debe permitir que yo siga mi propio camino oscuro. Me he atraído un castigo y un peligro que no puedo nombrar. Si soy el mayor pecador, soy también la más grande de las víctimas. "El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" - Robert L. Stevenson

Super Duper es el interesante documental que narra el nacimiento, auge, descenso a los infiernos y resurrección de Alice Cooper, el alter ego artístico de Vincent Furnier, que pasó de ser un adolescente tímido, formal (hijo de un pastor metodista) y enfermizo a convertirse en una de las mayores estrellas del rock de los años 70 e icono de la cultura Pop norteamericana.

Sam Dunn, el director del film, utiliza con mucha habilidad la analogía Dr. Jekyll/Mr. Hyde vs Vincent Furnier/Alice cooper, que funciona como eficaz motor narrativo de la historia. Formalmente la película está bien construída y resulta muy dinámica; los habituales testimonios de compañeros, amigos, familiares, etc. son siempre en off, cosa que permite utilizar de manera muy creativa el abundante material audiovisual.

En este sentido, destacar algunos montajes fotográficos y el uso de secuencias de las películas "Dr. Jekyll & Mr. Hyde" (la versión muda de 1920) y "El gabinete del Dr. Caligari", cuya estética expresionista sirve para enfatizar los períodos más oscuros, marcados por la adicción al alcohol y a las drogas, de la trayectoría personal de Alice y le dan un aire singular al documental.

Quizá sea esa la mayor virtud del film, la inventiva visual y la riqueza del material de archivo: Fotografías inéditas, fragmentos de conciertos, entre elllos el famoso "incidente del pollo" en un festival en Toronto, las imágenes de su encuentro con Salvador Dalí... Por no hablar de sus numerosas apariciones en programas de Televisión (llegó a participar de invitado en el Show de los Muppets), entrevistas, etc.

En el debe, la estructura de auge-caida-redención-con-"happy end" empieza a estar un poco gastada (ya la hemos visto en "Anvil", "Last Days Here"  o "Searching for Sugar Man..."). Ciertamente es un formato muy del gusto americano y el personaje se presta a este tipo de narración; el problema es que la historia finaliza en 1986 (?) con la "resurrección" de Alice, aprovechando el nuevo auge del Shock-Rock que propiciaron bandas como Twisted Sister, Mötley Crüe o Wasp. O bien está prevista una segunda parte (que, viendo como termina el documental, no lo parece) o bien se han "comido" casi 30 años de su carrera para que la historia quede "redonda".

Otro detalle que me ha parecido poco elegante es el absoluto ninguneo a sus ex-compañeros de la Alice Cooper Band, a excepción de su amigo Dennis Dunaway (que tiene bastante protagonismo) y (en menor medida) del batería Neal Smith. Cada uno tiene derecho a contar su historia como le plazca, pero es innegable que el papel de los guitarras Michael Bruce y Glen Buxton fue decisivo para apuntalar el sonido que lanzó a Alice Cooper al estrellato y merecían, como mínimo, que se les tuviera en consideración.

Pese a todo, película muy recomendable para los amantes del rock setentero en general y seguidores de Alice Cooper en particular, y complemento perfecto del fantástico libro de Sergio Martos, "Alice Cooper. Por un billón de dólares". 






lunes, 4 de noviembre de 2013

Festival In-Edit 2013: "Downloaded", "Big Star: Nothing Can Hurt Me"


Ayer finalizó la 11ª edición del Festival In-Edit Beefeater, de la que ya hablamos hace unos días. Dos de los documentales que se han podido ver durante esta segunda semana han sido:


Downloaded


Yo pensaba que el Heavy Metal iba de ser inconformista y de luchar contra el sistema. Paradójicamente los que acabaron con Napster fueron Metallica y el Gangsta Rap.

Impecable película sobre el nacimiento, auge y caída de Napster, el servicio de descargas e intercambio de ficheros creado a finales de la década de  los 90 que puso en jaque a la industria musical. El documental cuenta la historia desde el punto de vista de Shawn Fanning, el creador de Napster, que empezó de manera modesta, pidiendo ayuda en una comunidad BBS (el antecesor de los modernos foros de Internet) para solucionar los errores de programación, y terminó construyendo un auténtico imperio (virtual) que, en 2001, llegó a contar con 27 millones de usuarios.

La historia de Napster es, también, la crónica del fracaso de una utopía, del querer cambiar el mundo para que, al final, sea el mundo el que acabe cambiándole a uno. Eso es justo lo que ocurrió cuando el romanticismo inicial dió paso a las batallas legales contra la industria musical, con los Metallica como ariete, y a la búsqueda desesperada de un modelo de negocio (con una fuerte inversión del grupo Bertelsmann) que hiciera a Napster un servicio viable y "legal", cosa que al final no se consiguió.

Para hacerse una idea de lo que representó Napster en su momento y del impacto que provocó, decir que Fanning fue portada de las revistas Wired (publicación de referencia en temas tecnológicos) y "Time", un privilegio que muy pocos han tenido. Napster fue, desde luego, el embrión de servicios como iTunes, Spotify, Facebook y otros que han convertido Internet en el espacio de colaboración e intercambio que es hoy en día.

Imprescindible para amantes de la cibercultura y la tecnología.







Big Star: Nothing Can Hurt Me


Los Big Star son como una carta que se envió en 1971 y que no llegó a su destino hasta 1985, como si hubieran estado perdidos en Correos durante 15 años.

Si hay un grupo que encaje perfectamente en el concepto de "grupo de culto" ese es Big Star: calidad indiscutible, la crítica rendida a sus pies, nula repercusión comercial, desaparición del grupo y reivindicación de su legado a cargo de de grupos de Rock alternativo/Indie de los 80 y los 90, como The Posies, The Replacements, Teenage Fan Club o R.E.M.

"Big Star: Nothin Can Hurt Me" es un emotivo documental que repasa la infortunada trayectoria de la banda. El abundante material de archivo (mayoritariamente fotografías, apenas hay secuencias de video) y los testimonios directos, principalmente de su batería Jody Stephens, el único superviviente de la formación original, permiten trazar toda su historia de manera muy detallada: problemas de distribución y conflictos con las discográficas (Stax y Columbia), frustración ante la falta de éxito comercial, tensiones creativas entre Chris Bell y Alex Chilton, etc. En este sentido resultan especialmente emotivas las intervenciones de los familiares de Chris Bell, que dibujan el perfil de una persona muy talentosa y creativa pero frágil emocionalmente.

Un documental muy interesante, aunque su duración, densidad y carácter discursivo hacen que sea recomendable sobre todo para fans del grupo.



sábado, 26 de octubre de 2013

Festival In-Edit 2013: "Beware of Mr. Baker", "Muscle Shoals"


El pasado jueves se inauguró la edición 2013 del Festival In-Edit Beefeater de documentales musicales. Como de costumbre, la programación es muy variada y con muchos focos de interés. En estos primeros días he podido ver dos de las películas de las que más se ha hablado a priori.


Beware of Mr. Baker


Ya se lo dije a mi mujer, "si algún día tengo que escoger entre tú y la batería, me quedaré con la batería".


Los baterías de rock son como los porteros de fútbol, hay que darles de comer aparte: raritos, excéntricos, algunas veces geniales, a menudo incomprendidos y casi siempre bastante chiflados. Ginger Baker encaja perfectamente en este arquetipo: un pelirrojo hiperactivo, egocéntrico, furibundo e intimidante, pero también uno de los baterías más innovadores (pionero en la utilización del doble bombo) y geniales de la historia del rock, aunque él se considere a sí mismo un músico de Jazz.

El documental de Jay Bulger repasa con bastante detalle la interesante, aunque errática, carrera de Baker: sus inicios con Cream y Blind Faith; la experiencia en solitario con aquella excepcional Big Band que fue la Ginger Baker's Air Force; sus aventuras nigerianas con Fela Kuti; la incorporación posterior al Baker-Gurvitz Army, su experiencia con los Masters of Reality (gran disco, por cierto, el "Sunrise on the Sufferbus") o las colaboraciones posteriores con músicos de Jazz, con las que se ganó el respeto de los exigentes miembros de dicho gremio.

Culo de mal asiento y de carácter, por decirlo finamente, controvertido, los testimonios de ex-esposas (hasta tres), hijos y antiguos compañeros musicales ilustran perfectamente su tortuosa vida y, aún profesándole gran admiración profesional, no le dejan en muy buen lugar como persona: su relación de odio-desprecio, que llega a límites obsesivos, con Jack Bruce; la confesión de Eric Clapton que le considera un gran amigo pero que prefiere mantenerse alejado de él en aras de su equilibrio psicológico y sobriedad; por no hablar de su escaso sentimiento paternal, del que dan fe algunos de sus descendientes. Curiosamente uno de los pocos que habla bien de él es el inefable John Lydon, que no acabo yo de tener claro que sea algo positivo precisamente.

Lo cierto es que el Baker-personaje da mucho juego, pero es que además la película es muy atractiva a nivel formal: bien estructurada narrativamente y bastante original, en la que destacan la utilización del montaje en paralelo con la pantalla partida y algunas secuencias animadas, bastante curiosas y divertidas. Todo ello le da mucha frescura al film y le confiere un aire diferente al del típico documental de toda la vida.

Excelente película, muy recomendable para los amantes de la batería y del rock de finales de los sesenta y principios de los setenta.





Muscle Shoals


Todo el que venía a grabar un disco a Muscle Shoals acababa saliendo con un éxito debajo del brazo.


Muscle Shoals es sinónimo de leyenda, un nombre que huele a pantano y a sudor; que suena a Funk y a Rythm & Blues y está intimamente vinculado a figuras como Wilson Pickett, Bob Seger, Rolling Stones, Rod Stewart, Aretha Franklin, Etta James, Lynyrd Skynyrd o, por poner un ejemplo más contemporáneo, The Black Keys. Un lugar muy especial en el culo del mundo en el que un puñado de músicos blancos pobres como ratas y que apenas habían salido de su pueblo fueron capaces de crear un sonido musculoso, orgánico e inconfundible.

Este documental de Greg Camalier cuenta la historia de Muscle Shoals, desde el embrión que fue el estudio Fame fundado por Rick Hall, hasta la posterior escisión del grupo de músicos del estudio, los Swampers, que dió lugar a la creación de los legendarios estudios de grabación que llevan ese nombre.

Conducida por Bono, Keith Richards y Mick Jagger (que vendrían a ser los ganchos comerciales del film), la película resulta, por poco mitómano que uno sea, verdaderamente fascinante, pura historia viva de la música popular americana: la grabación de "Land of 1000 dances" de un desconfiado Wilson Pickett, que acabo rendido a los pies de un grupo de músicos blancos desconocidos; la catapulta a la fama que representó "I Never Loved a Man", con arreglos improvisados en el estudio, para una casi deshauciada Aretha Franklin o Keith Richards y su particular "Making of" de "Wild Horses".

Otras historias emocionantes: Gregg Allman explicando como su hermano Duane se inspiró para aprender a tocar Slide; el mismo Duane convenciendo a Wilson Pickett y a Rick Hall para grabar el cover de "Hey Jude", en lo que se considera el embrión del Southern Rock, o la afortunada coincidencia que hizo que la intro al piano de Billy Powell en "Free Bird", no prevista inicialmente, acabara incorporándose a la canción.

El documental hace hincapié también en otros aspectos sugestivos, como los problemas que la segregación racial comportaba a los músicos negros, las difíciles circunstancias vitales de Rick Hall (el típico "self made man"), que pudo superar gracias a su perseverancia y un carácter de hierro o el desencuentro con Jerry Wexler, uno de los capos de Atlantic Records. A destacar también el vínculo pasado-presente con el que finaliza el documental: una sesión en la que Alicia Keys hace una estremecedora (piel de gallina) versión gospel de "Pressing On", de Bob Dylan.

Si bien el film no es un prodigio de originalidad, aunque es bastante preciosista y pródigo en imágenes del entorno y el paisaje de Muscle Shoals para remarcar su carácter telúrico, la materia prima con la que trabaja lo convierte en un documental imprescindible para cualquiera que ame mínimimante la música.




jueves, 15 de agosto de 2013

Lemmy, The Movie



Si hubiera un cataclismo nuclear únicamente sobrevivirían las cucarachas y Lemmy.



Ciertamente Lemmy parece indestructible, aunque las recientes noticias sobre su salud y la cancelación de su concierto en Wacken  parecen indicar que el Rock'n Roll Way of Life, del que Lemmy sería uno de los máximos exponentes (vivos) junto con Ozzy Osbourne y Pete Way, le están pasando factura. Por suerte para todos los que amamos este tinglado, parece que se recupera trabajando en su próximo disco. Mientras esperamos su vuelta a los escenarios, qué mejor que revisar el documental editado hace tres años, "Lemmy. 49% Motherfucker, 51% Son of a Bitch".

Se trata de un film bastante canónico, con los clásicos panegíricos de compañeros de profesión: Dave Navarro, Nikki Sixx, Dee Snider, Joan Jett, Scott Ian, Dave Grohl, Metallica, Henry Rollins, Duff McKagan, Slash u otros habituales de Sunset Strip, como el actor Billy Bob Thorntorn o Slim Jim Phantom. Aunque también aparecen otros más inesperados, como Mick Jones (The Clash), Peter Hook (New Order), gran admirador de Hawkwind, o Jarvis Cocker, el cantante de Pulp que define la experiencia de ver un concierto de Mótörhead como "estar en medio de una tormenta de arena".

De hecho la película es más un retrato de Lemmy, el personaje, y de su  vida actual en L.A. (ciudad a la que se mudó hace unos años) que de su carrera como artista, a la que apenas se dedican unos minutos: los Rocking Vickers (su primera banda), Hawkwind y la primera etapa con Mötörhead, con "Fast" Eddie Clarke y Phil "Philty Animal" Taylor. Aún asi la película no decepciona, todo lo contrario: Lemmy es una máquina de crear titulares cachondos y hay escenas muy interesantes, como su conversación con Billy Bob Thorntorn, las charlas con Dave Grohl o su trabajo con éste en el estudio grabando "Run Rudolph Run" para el disco "Metal Xmas".




Las momentos divertidos son incontables: la anécdota de los pantalones cortos con Scott Ian, su adicción a las máquinas tragaperras, su afición por la memorabilia bélica, las conversaciones con su hijo sobre los ex-novios célebres de su madre, sus reflexiones sobre la política, el amor, la música y un largo etcétera. Aunque también hay espacio para situaciones más, digamos, "serias": el fallecimiento de una de sus primeras novias o el (emocionante) testimonio de Corey Sparks (Nashville Pussy), que dan una idea de la dimensión humana de Lemmy.

Llama mucho la atención el protagonismo de su equipo de roadies, una tribu tan interesante como el propio Lemmy, para el que únicamente tienen parabienes y que, en uno de los extras del DVD, incluso interpretan una canción: "We are the Road Crew". No se la pierdan, lo hacen francamente bien. Aparte de este, el resto de bonus de la película son muy atractivos, como la conversación íntegra entre Dave Grohl y Lemmy, la experiencia de Matt Sorum como batería de Mötörhead, el "Making of" de "Motorizer", que permite hacerse una idea de los procesos creativos de la banda o la divertida fiesta de 50 cumpleaños de Lemmy, en el que Metallica hicieron una actuación sorpresa con el nombre "The Lemmies". 

Para terminar, no puedo resistirme a transcribir algunos fragmentos de la película

Hablando con su hijo sobre drogas

- Hijo, prométeme que nunca, nunca tomarás coca.
- Te lo prometo
- Bien, métete Speed, será mucho mejor para tí


Las consecuencias de su expulsión de Hawkwind

Volví a casa y me tiré a tres de sus mujeres. El señor dice "La venganza es dulce", aunque confieso que ya me estaba tirando a una antes de irnos.


Sobre los rumores que afirman que es nazi

He tenido 6 novias negras, así que debo ser uno de los peores nazis que hayas podido conocer. En serio ¿me ves yendo a Nuremberg a presentarle a mi novia al Führer?


Lemmy hablando sobre el amor y el sexo

- ¿Es verdad que te has acostado con 2.000 mujeres?
- Eso lo publicó una revista. En realidad yo dije 1.000. Tengo 63 años y nunca me he casado, si haces cuentas tampoco son tantas al año.

Debes decidir entre el Rock'n Roll y tu amor, y como el sexo dura media hora, como máximo y un concierto dura hora y media, la decisión ya está tomada.


Definitivamente, Lemmy ES Rock'n Roll.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Sunset Strip, la avenida del pecado


Hemos visto caminar por aquí a los dioses del Rock. Esto es algo que difícilmente volverá a suceder.
 
Los 2,5 KM que unen Sunset Boulevard con Beverly Hills son probablemente los más famosos del mundo. De entre las paredes de sus locales han surgido actores, humoristas y músicos que han acabado convirtiéndose en celebridades. "Sunset Strip", el documental que se ha proyectado estos días en el Festival In-Edit, hace un repaso de su historia, desde su creación a principios del siglo XX, hasta el día de hoy.

Como no podía ser de otra forma, el elenco de famosos que aparece es apabullante: actores como Sharon Stone, Johny Deep, Mickey Rourke, Peter Fonda o Keanu Reeves; gente de la farándula como Paris Hilton, Pamela des Barres, Kim Fowley (que parece salido de una fiesta de Halloween), el tatuador Mark Mahoney o el promotor Rodney Bingenheimer (que luce un peinado indescriptible); humoristas como Richard Pryor o David Letterman y músicos como Courtney Love, Slash, Alice Cooper, Ozzy, Billy Corgan, Lemmy, Steve Jones, Robbie Krieger, Billy Zoom y Exene Cervenka (de la banda Punk X), Tommy Lee, Taime Downe, Slim Jim Phantom, los Ratt al completo o Steel Panther

El film va analizando las diferentes épocas del Sunset, empezando por la época de los 40 y 50 y el auge de los clubes nocturnos, en los cuales convivían mafiosos y estrellas de cine y del espectáculo como Sammy Davis Jr. Describe también el cambio generacional producido con el surgimiento del Rock en los 50 y 60, cuando jóvenes y adolescentes invaden Sunset, desplazando a los maduros con posibles y starlets que reinaban en la zona.

El período que abarca desde finales de los 60 hasta finales de los 80 es la epoca dorada de Sunset y los testimonios son bastante jugosos: anécdotas sobre The Doors, o Led Zeppelin (el terror de las groupies); el surgimiento de una nueva generación de humoristas (Robin Williams, Richard Pryor, John Belushi...) o el auge del Punk californiano y la explosión del Hair Metal contados por sus propios protagonistas y los dueños de los clubes que sirvieron de catalizadores, como el Whisky A Go Go, el Rainbow, o el Roxy.

En la década de los 90 empieza el declive de Sunset, coincidiendo con la aparición del Grunge, que era lo opuesto a la frivolidad y tendencia al exceso característicos de la zona. Sobre esta cuestión Slim Jim Phantom (batería de los Stray Cats) aporta una opinión interesante:

Todo se volvió muy deprimente y parecía que venir a Sunset Strip ya no era algo "Cool". Se cambiaron los pantalones elásticos por la franela pero, en el fondo, todos sabemos que era lo mismo.

Lo mejor, sin duda, las intervenciones de Steel Panther, que son lo más divertido de la película por su aspecto y peculiar senido del humor. Los aspectos más escabrosos (demasiado para reproducirlos aquí) corren de parte de Steve Jones y Tommy Lee, en la linea de "Los trapos sucios".

En definitiva, el documental es interesante y m
uy recomendable para mitómanos, por las personalidades que intervienen, aunque tiene un formato poco innovador (demasiado ortodoxo) y peca también de excesivamente ambicioso, por lo que final acaba resultando un tanto superficial y poco novedoso.

domingo, 28 de octubre de 2012

The Rolling Stones: Charlie Is My Darling



El pasado viernes se inauguró la edición 2012 del Festival Beefeater In-Edit, una de las citas más estimulantes de todo el año en Barcelona. Y lo hizo a lo grande, con una película inédita, de la que sólo se habían visto secuencias sueltas: se trata de "Charlie is my Darling", el documental que recoge algunos conciertos de la gira irlandesa de los Stones en 1965.

El documental fue presentado por su director, Peter Whitehead, que explicó la tarea titánica que ha representado poder montar el documental con un mínimo de calidad. Por lo visto, inicialmente las filmaciones eran básicamente una especie de prueba de cámara para ver qué tal daban los Stones en pantalla. La idea era seguir la estela de The Beatles y Gerry & The Peacemakers, su competencia directa por aquel entonces, que ya habían hecho su debut en la gran pantalla, con "A Hard Day's Night" y "Ferry Cross The Mersey", respectivamente.

Al final el proyecto quedó en el olvido pero Andrew Loog Oldham (manager de los Stones) decidió recuperarlo aprovechando el 50 aniversario de la banda. Según contó Whitehead, la tarea de recopilar las filmaciones y los negativos, realizar el montaje, la postproducción y la sincronización con el sonido de los conciertos fue un proceso mortal. Todo el material estaba en bruto, tal cual se había dejado, nadie había tocado nada durante todo este tiempo. Sacar algo decente de ahí le costó prácticamente un año de trabajo. 

Visto el resultado, la verdad es que el esfuerzo ha merecido la pena. El documental se centra principalmente en filmaciones sobre el escenario, con profusión de primeros planos de los Stones en acción. En este sentido no se trata del típico concierto filmado desde la parte frontal del escenario sino que la cámara se "mete" en el bolo con lo que, a pesar de sus deficiencias técnicas, se consigue una gran espontaneidad.

Resulta toda una gozada ver a los Stones tocando temas clásicos como "The Last Time", "Time Is On My Side" o una adrenalínica "It's Alright" que acaba con un público enloquecido invadiendo el escenario. Como también lo es oirles versionando a Otis Redding ("Pain In My Heart"), Chuck Berry ("Around & Around) o interpretando por primera vez "Satisfaction" en directo. 

Probablemente la parte más interesante del documental es contemplar a unos jovencísimos Stones desde una perspectiva más, digamos, íntima: bromeando, haciendo el payaso delante de la cámara, atendiendo a los fans o viajando en un tren. Es especialmente emotivo verles en el hotel ensayando, componiendo canciones (en uno de los fragmentos están trabajando en "Sitting On A Fence") o parodiando a los Beatles. Se incluyen también algunos fragmentos en los que reflexionan sobre diferentes cuestiones, como un Bill Wyman incrédulo ante el éxito que están obteniendo; un Charlie Watts reconociendo sus limitaciones como músico y admitiendo que es un tío casero; un Jagger que era ya una estrella antes de serlo o un Brian Jones con ese aura artística e intelectual que siempre tuvo.

Aunque, sin ninguna duda, el momento definitivo de la película es el show de variedades que Jagger y Richards (sensiblemente perjudicados) se inventan en un hotel, Show que incluye una divertidisima imitación de Elvis Presley. Un momento realmente impagable.

Desde luego, "Charlie Is My Darling" es un documento histórico que no tiene precio: unos Stones en bruto, juveniles y espontáneos que todavía eran unos tipos "normales" y cercanos, apenas un proyecto de las megaestrellas en que se conviertieron pocos años más tarde.

No dejéis de verla, os encantará. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Bobby Liebling, el hombre congelado



Pentagram son como el cavernícola encontrado en los Alpes Suizos... Un especimen con el ADN activo, Bobby Liebling es ese hombre congelado

Así define Ian Christe, autor de "El sonido de la bestia", a Bobby Liebling, al inicio de "Last Days Here", el documental sobre la vida del cantante de Pentagram. Pioneros del Doom e inspiradores del Stoner Rock, Pentagram son una oscura banda de culto de principios de los 70 con una trayectoria muy errática y que no publicó un LP hasta mitades de los 80.

Buena parte de la culpa del escaso éxito de Pentagram recae en Liebling, un tipo tan talentoso como voluble, perfeccionista e inseguro. Con 56 años, enganchado al crack y a otras drogas, Liebling vive en el sótano de casa de sus padres en Philadelphia, encerrado en su mundo y pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Por suerte para él, Paul "Pelle" Pelletier, coleccionista de rarezas musicales y colaborador de un sello discográfico, descubre un disco de Pentagram en una tienda de 2a mano y queda fascinado por lo que oye. Logra contactar con Liebling y se convierte en su amigo, primero, y luego en su manager, decidido a conseguir que Liebling vuelva a los escenarios. 

"Last Days Here", dirigido por Don Argott y Demian Fenton, Es similar a "Anvil: The Story of Anvil", una historia de superación personal y de lucha contra la adversidad. En ambos casos la historia gira básicamente alrededor de las personas y sus circunstancias, quedando la música en un segundo plano. Los protagonistas podrían ser carpinteros, carteros u oficinistas, en este caso lo más importante es la vertiente humana.

La estructura narrativa de "Last Days Here" respeta la ortodoxia del género: Pelletier actúa como hilo conductor de la historia, en la que van apareciendo los testimonios de sus padres, ex-compañeros de grupo, periodistas, etc. Aunque también, como "Anvil...", la manera en que se cuenta la historia se asemeja a una obra de ficción, estrategia que logra que el espectador empatize con los protagonistas, independientemente de que sea seguidor del Rock Duro.

La película no ahorra detalles escabrosos y Liebling aparece inicialmente como un ser patético, disfuncional y que apenas puede valerse por sí mismo. Las escenas en que busca un pedazo de crack debajo del sofá, muestra sus brazos heridos convencido de tener una infección parasitaria o cuando intenta firmar un documento en el que se compromete a no tomar drogas mientras sostiene un cigarro de crack son impactantes.

Los testimonios de ex compañeros de Liebling, como Greg Mayne o Geof O'Keefe, son cariñosos, a pesar de reconocer que era muy difícil trabajar con él, siguen manteniendo gran admiración por su talento. Son también graciosas las anécdotas sobre su fallido encuentro con Paul Stanley y Gene Simmons (Kiss), que encuentran a Pentagram poco glamurosos para ser dignos de colaborar con ellos o la grabación de la demo que les podía haber llevado a la fama y que se fue al traste por el perfeccionismo de Liebling.

Todo ello, junto con la sinceridad con la que los directores abordan el documental, hace imposible que uno no se identifique con Liebling en la lucha contra sus demonios personales. Como también es imposible no sentir admiración por los denodados esfuerzos de Pelletier que, cual Sísifo, cada vez que está a punto de llegar a la cima de la montaña empujando la piedra, Liebling se las arregla para hacerlo caer y vuelta a empezar.

Documental emocionante, sensible (que no sensiblero) y que demuestra que nunca se puede decir que es demasiado tarde. Tal y cómo dice el propio Liebling casi al final de la película:


Estoy vivo, eso es algo que nunca esperé.



miércoles, 11 de abril de 2012

Anvil: El sueño de una banda de Rock


“Anvil: El sueño de una banda de Rock” es un documental que obtuvo una notable repercusión internacional a partir de su proyección en el Festival Sundance 2008. La mayor parte de la crítica acogió el film con entusiasmo, calificándolo de obra maestra del género. Aquí se estrenó en 2010 y, como acostumbra a pasar con este tipo de films, pasó prácticamente desapercibida.

Con “This is Spinal Tap” y “Some Kind of Monster” (el documental/Reality Show en el que Metallica mostraban sus miserias) como referentes más próximos, “Anvil” aporta el valor añadido de contarnos una historia muy humana y emotiva, que nos muestra el poco glamuroso reverso del Show Business.

El documental empieza en Tokio, 1983, en plena eclosión del Heavy Metal. El grupo canadiense Anvil está a punto de alcanzar la primera división del género y son invitados a participar en el Festival Super Rock, donde comparten cartel con bandas como Scorpions, Bon Jovi o Whitesnake.

25 años más tarde, los dos miembros fundadores de la banda “Lips” Kudlow (voz y guitarra) y Robb Reiner (batería) continúan con el grupo y están a punto de publicar su treceavo disco. Pese a ello, no pueden vivir de la música y trabajan de repartidor en una empresa de catering y en la construcción, respectivamente. ¿Qué ocurrió con Anvil?

Los testimonios de algunos compañeros de profesión (Lemmy, Tom Araya, Scott Ian, Slash...) con los que se inicia el documental son elocuentes: unánimemente respetados y considerados una banda innovadora (precursores del Trash Metal), lo tenían todo para triunfar. A pesar de las buenas perspectivas, nunca consiguieron consolidarse ni comercial ni mediáticamente.

El documental se centra en los esfuerzos de los últimos años de de “Lips” y Reiner para continuar con el grupo. Después de 30 años de carrera y pese a las innumerables penurias sufridas, continúan con la música, confiando aún en conseguir el éxito que les ha dado la espalda.

Una de sus últimas esperanzas es una gira europea, organizada por una fan italiana sin ninguna experiencia previa como manager, que acaba convirtiéndose en un monumento al absurdo. Sus aventuras por los países del este son especialmente delirantes: problemas logísticos de todo tipo, conciertos en locales sórdidos, promotores desaprensivos y, la guinda del pastel, participación en el exótico festival “Monsters of Transilvania”, al que asisten la friolera de 174 espectadores.

Lejos de tirar la toalla, continúan insistiendo y deciden contratar un productor de prestigio (Chris Tsangerides) para que se ocupe del nuevo disco. Para ello han de hipotecarse y recurrir a familiares y amigos para poder financiarlo, lo que provoca nuevos conflictos: peleas en el grupo, negativa de las discográficas a distribuir el disco, tensiones familiares, etc.

Luchando contra todo y contra todos y obligados a autogestionarse, Anvil no tiran la toalla. Finalmente un golpe de suerte los lleva de nuevo a Japón, en una suerte de historia circular, donde se abre una rendija de esperanza para ellos, que les anima a continuar perseverando.

“Anvil” es una obra magnífica cuya principal virtud es una impecable estructura argumental que, aun respetando en todo momento el carácter documental de la obra, utiliza con habilidad algunos recursos narrativos propios del cine de ficción. La experiencia como guionista profesional de Sacha Gervasi, el director, hace que la historia sea mucho más empática y cercana para el espectador.

Pese a tener bastantes puntos Spinal Tap, en ningún momento los personajes resultan caricaturescos, todo lo contrario, algunas escenas llegan a tocar la fibra. De hecho no resulta necesario ni ser fan del Heavy Metal ni conocer a Anvil para identificarse con ellos. Al fin y al cabo, “Anvil” es un relato sobre la vida de dos tipos sencillos que viven por y para la música; un relato sobre la amistad, la fe en uno mismo, la pasión, el compromiso y el espíritu de lucha.

En este sentido el documental contiene algunas lecciones sobre la existencia que pueden resumirse en una reflexión de “Lips” Kudlow casi al final de la película:

Al final lo que realmente cuenta, lo más valioso, son las personas que has conocido, los lugares donde has estado, las experiencias que has tenido… Esto es la vida.


martes, 8 de noviembre de 2011

"High on Hope": Bailad, bailad, malditos


Más del Beefeater In-Edit: la semana pasada se volvió a proyectar en el marco del festival el Documental High on Hope, de Piers Sanderson, que fue uno de los ganadores de la edición del 2010. Se trata de un film ejemplar, que muestra el nacimiento, auge y caida de la cultura Rave en Inglaterra,  un fenómeno surgido de manera casi espontánea y de caire transgresor que, por su misma naturaleza, estaba condenado a no durar.

Estamos en 1989, en pleno Thatcherismo y las una vez prósperas regiones industriales del norte del país se encuentran sumidas en una profunda crisis económica y social, con altísimas tasas de paro y escasas perspectivas de futuro para los jóvenes, casi una fotocopia de la situación actual.



En este entorno, cuatro locos sin dinero, hartos de no poder entrar en los carísimos clubes de moda de Blackburn, que exigían chaqueta y corbata, deciden montar sus propias fiestas. Sin ninguna experiencia previa pero echándole mucho morro, tiran del Do it Yourself y empiezan a alquilar equipos de luz y sonido y a “okupar” naves industriales abandonadas.

Narrado en primera persona por sus protagonistas directos, High on Hope es un documento fresco, original (impagables algunas de las animaciones caseras que ilustran algunos momentos) y muy divertido. A pesar del espíritu lúdico del film, los testimonios que tejen el hilo de la historia, como Tommy y Tony (dos de los principales organizadores) o los participantes habituales de las Raves (hoy padres de familia) ilustran el profundo impacto que tuvo el movimiento sobre la gente de la zona que, más de veinte años después, lo recuerda de manera muy vivida.

Al principio éramos unos trescientos, luego más de mil y, al cabo de dos meses, había más de 10.000 personas dentro de las naves y otras miles esperando en la cola para entrar.

La popularidad de las Raves creció de tal manera que empezaron a ser portada habitual de periódicos y noticiarios (que hablaban de bacanales de drogas y violencia) y objeto de encendidos debates parlamentarios. Los políticos, que empezaron a percibir el fenómeno como una amenaza de revolución social, decidieron acabar con aquello y la presión policial aumentó drásticamente: lo que al principio parecía un entretenimiento poco problemático, se convirtió en un peligroso juego del gato y el ratón, con los organizadores jugándose el tipo, esquivando a la policía y ocultando hasta el último momento el lugar donde se celebraría la siguiente Rave.

A pesar del tratamiento sensacionalista de la prensa, el sentimiento unánime de los testimonios habla de un ambiente de hermandad y buen rollo, casi de comunión, que fue capaz de romper la característica rigidez social británica y de cambiar una manera de divertirse tradicionalmente centrada en el alcohol y la violencia.

Por primera vez en Inglaterra, ya no importaba de dónde venías, no importaba de qué raza o de qué clase social eras, estábamos todos ahí para bailar y para pasarlo bien. Se respiraba un aire de fraternidad, la gente era amable y chicos y chicas se divertían juntos, cosa que antes no pasaba. Creo que todo eso me marcó como persona y cambió mi vida y mi manera de ver las cosas.

Finalmente, el tirón popular de las Raves acabó siendo su perdición: las actuaciones de los antidisturbios, presionados por la opinión pública y el gobierno, se hicieron más frecuentes  y Tommy y Tony acabaron en la cárcel. Aunque los cargos contra ellos eran de los más endeble y terminaron absueltos tiempo después, nada volvió a ser lo mismo.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es que, a pesar de que siempre se han asociado las Raves con el consumo de MDMA (éxtasis), en ningún momento del documental se comenta esta cuestión, es más, Tommy presume de no tomar ni drogas ni alcohol y, en una aparición en un debate televisivo (que se puede ver en el tráiler) pronuncia la frase que da título al documental: I don’t need anything, I’m high on hope; estoy borracho de esperanza.

Documental a reivindicar, como lo hicimos todos los asistentes con una ovación que pocas veces he visto en una sala de cine.

martes, 1 de noviembre de 2011

La santísima trinidad del Rock'n Roll. The Sacred Triangle: Bowie, Iggy & Lou 1971-1973


La programación del Festival Beefeater In-Edit 2011 ofrece un interesante documental, The Sacred Triangle, que narra el encuentro y posterior relación de amistad entre David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, relación que posibilitó la creación de tres discos que se convirtieron en piedras angulares del Rock, en obras clave para entender la cultura Pop del momento: Ziggy Stardust, Transformer y Raw Power.

The Sacred Triangle aporta pocas novedades, pues se centra en un período bastante conocido para repasar algunos episodios ya trillados de finales de los 60 y principios de los 70: el apadrinamiento de The Velvet Underground por parte de Andy Warhol y su actividad en The Factory, los inicios (poco afortunados) de David Bowie en el Show Business y sus desesperados intentos por alcanzar la fama, la arrolladora (e incomprendida) irrupción en el panorama musical del magnético Iggy y The Stooges, la gestación del Glam Rock o la controversia (todavía viva a día de hoy) sobre la (no) producción y mezcla de Raw Power.

A nivel formal el film resulta también bastante ortodoxo: su estructura, construïda alrededor de la combinación de voz en off, testimonios de primera mano y grabaciones en video de la época, es sumamente respetuosa con todos los cánones del género. Aún así sus protagonistas tienen tanta personalidad que es imposible no caer fascinado por mucho que se les conozca. Los testimonios, además, son de primer nivel: una lúcida Jayne/Wayne County, la musa travestida del Underground neoyorquino; Lee Black Childers, el que fuera presidente del sello Mainman, el fotógrafo Billy Name, que vivió en primera persona el apogeo de The Factory o de la divertida Angie Barnett la famosa groupie, modelo y ex-mujer de David Bovie, que se convierte en la estrella indiscutible del documental con su frescura, vehemencia y brutal sinceridad. 

A destacar también las filmaciones de la época (algunas de ellas remasterizadas para la ocasión) como la interpretación de Starman en Top of the Pops, que fue al Glam Rock lo que la aparición de Elvis Presley en el Show de Ed Sullivan al Rock and Roll;  Iggy Pop caminando encima del público en un concierto en Cincinatti; Bowie y Mott the Hopple tocando All the Young Dudes; The Velvet Underground interpretando Venus in Furs; Marc Bolan haciendo lo propio con Get it On o algunas imágenes del último concierto de Ziggy Stardust & The Spiders from Mars.

La conclusión de The Sacred Triangle es que la simbiosis e influencias mutuas entre diferentes artistas (que, por otro lado, han sido una constante en la cultura Pop) fueron un aspecto clave en la configuración de las tendencias musicales de la época: el interés de Bowie por The Velvet Underground (en general muy poco conocidos en las Islas Británicas) le llevó hasta a Nico, que fue quien le habló de Iggy Pop; Reed se puso en manos de Bowie tras fracasar su primer trabajo en solitario pensando que no tenía nada que perder; The Stooges, repudiados por todo el mundo, volvieron a grabar gracias a Mainman, el sello del manager de Bowie,Toni Defries, aunque nunca llegó a entenderlos ni a apoyarlos realmente, por considerarlos una amenaza para su protegido; el concepto visual y artístico de Ziggy Stardust nunca hubiera existido de no ser por Pork, la polémica obra teatral producida por Andy Warhol; la influencia directa de Marc Bolan llevó a Bowie a endurecer su sonido, cosa que significó la popularización del Glam que, junto a la aportación de The Stooges, abrieron la puerta a la posterior eclosión del Punk.

En definitiva, un documental recomendable, sobre todo para los fans del triángulo sagrado aunque, en mi opinión, resulta un tanto superficial y no hace justicia al papel fundamental de Mick Ronson: extraordinario guitarrista de contagiosa energía, alma del sonido de los Spiders from Mars y talentoso arreglista que realizó un grandioso trabajo en el Transformer de Lou Reed. Sin él seguro que esta historia hubiera sido muy diferente.
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