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sábado, 21 de marzo de 2015

Capa caída, un sorprendente Mockumentary





















"Capa Caída" es un proyecto cinematográfico de Santi Alvarado (dirección y guión) y Ramón Salas (guión) que se presentó en el Festival de Sitges 2013 y que obtuvo el premio a la mejor película de la sección "Noves Visions Emergents". Tras un largo periplo por diferentes festivales (C-Fem, Mórbido Film Fest, Zinema Zombie Fest...) en el que ha recogido diferentes galardones, finalmente ayer se estrenó comercialmente en los Cinemes Girona de Barcelona (en los que permanecera durante unos días), y está previsto que próximamente lo haga en Madrid.

Se trata de una propuesta completamente sui generis, fresca, sorprendente y, lo más meritorio de todo, 100% independiente y autoproducida. Si metiéramos en una coctelera a "Los increíbles", "Torrente" y "Big Man Japan", con unas gotas del comic "Marvels" y le diéramos un formato de falso documental, lo que saldría sería algo muy parecido a "Capa Caída".

La película cuenta la historia de Magno, el superhéroe español natural de Montijo (Badajoz), caído en desgracia tras un turbio escándalo, nunca aclarado, de abuso de menores, que acaba trabajando de frutero. A pesar de su frustración vital, que lo empuja a la adicción al limpiacristales, y sus tendencias suicidas, quizá el destino le reserve una oportunidad de redimirse.

Es un film gamberro y muy divertido, que cuenta con algunos gags extraordinarios (la II Guerra Mundial, la entrevista con Little Prodigio, la lucha contra la invasión extraterrestre, los espots publicitarios, la escena en casa del traficante de drogas...) y un colosal y absolutamente creible Juanjo Pardo (Magno) en un papel muy complicado en el que hubiera sido muy fácil caer en el ridículo. Otros personajes destacados son Josep Seguí (Doctor Subterráneo), Carles Velat (el alcalde de Montijo) y Carlos Fernández Peña (el impagable Dr. Jaume Podorowsky).

A pesar de sus pequeños defectos (tiene algún bajón de ritmo y quizá le sobran diez minutos), absolutamente lógicos tratándose de una opera prima de presupuesto muy limitado, es un film 100% honesto y coherente con su propuesta y rodado con un desparpajo, sentido del humor y descaro absolutamente envidiables.

No se la pierdan, de verdad que vale la pena y un equipo que ha sido capaz de diseñar, rodar y culminar con éxito un proyecto de esta naturaleza, merece todo el apoyo del mundo.





domingo, 18 de noviembre de 2012

Vapor: huyendo del mundanal ruido


Eso es lo que hacemos todos: inventar el mundo a cada momento para no enfrentar el horror supremo del vacío más absoluto


Hacía tiempo que no teníamos noticias de Francesc Capdevila, de nombre artístico Max, hasta hace unos días, en que presentó en el FNAC su nueva obra, "Vapor". Acompañado por Toni Guiral (crítico, editor y guionista de cómics) y Pepe Gálvez (guionista también), Max estuvo explicando el proceso creativo que le ha llevado a culminar este trabajo.

La verdad es que el acto de presentación fue muy interesante y dio mucho de sí. En primer lugar Gálvez y Guirao se refirieron a las diferentes influencias gráficas que podían rastrearse en la obra, como el "Krazy Kat" de George Herriman, de autores clásicos del underground, como Robert Crumb o Gilbert Shelton o del maravilloso Winsor McCay , uno de los pioneros del cómic. También hablaron de las influencias literarias, como los sonetos con estrambote o la ironía.

Por su parte Max habló de los recursos técnicos que fue utilizando durante el desarrollo de "Vapor". A diferencia de anteriores obras, en este caso se trata de una obra en blanco y negro. El autor se enfrentaba a escenarios mucho más austeros (el escenario de la historia es un desierto) y quiso darle un tono mucho más orgánico. Comentó también que, dada la desnudez de los escenarios, optó por jugar mucho con la composición de viñeta y, en algunos casos, utilizar texturas de trazos negros verticales negras para conseguir más fuerza gráfica.

Se refirió también al carácter casi "artesanal" de la obra, en la que no había utilizado el ordenador (cosa que sí suele hacer en sus trabajos en color) y la rotulación la había hecho él mismo a mano. Max habló también, a preguntas de los asistentes, de sus autores actuales favoritos, como Chris Ware, David B. o Charles Burns. Para finalizar, comentó la grata experiencia que ha supuesto documentar todo el proceso de creación y elaboración de "Vapor" en un blog, que resulta de lo más didáctico e ilustrativo. 

"Vapor" es un muy buen trabajo, formalmente muy sobrio, como ya se ha comentado y con un fondo místico, onírico y algo amargo. Cuenta la historia de Nicodemo, que harto de la superficialidad de la vida cotidiana, huye al desierto para tratar de encontrarse consigo mismo y de dejar atrás la banalidad del mundo, cosa nada fácil. Ahí conocerá a diferentes personajes: el gato Mosh, un cuervo de nombre Juanita, Hércules el leñador, la reina de Saba o ese ente abstracto llamado Vapor.

El trabajo de composición de página es excelente, combinando viñetas pequeñas con splash pages y jugando con orientaciones verticales y horizontales. Destacaría especialmente las páginas en que luchan el gigante de hielo con el de carbón; las escenas en que Nicodemo discute con su sombra (que son casi expresionistas) o el desfile final del séquito de la Reina de Saba, en que consigue casi un efecto visual de travelling.

Un trabajo muy recomendable y que demuestra que Max sigue en muy buena forma. Puestos a recomendar, si alguien no conoce el trabajo de Max, que no dude en hacerse con la reciente reedición de "Peter Pank", con "Bardin el Superrealista", obra por la que se le concedió el Premio Nacional del Comic en 2007 o con "Hipnotopía", una excelente recopilación de ilustraciones (cartelería sobre todo) e imágenes en el que se puede ver la evolución de su estilo.

jueves, 17 de junio de 2010

Una heroína poco común

  
He de decir que el Manga es un género que no me atrae en absoluto, a pesar de la devoción que despierta entre el público más joven. Quizá por eso no le presté atención a Soy una matagigantes cuando se publicó hará cosa de un año. Tras leer algunas apasionadas reseñas, decidí aparcar mis prejuicios y comprarlo y la verdad es que los elogios están plenamente justificados: el solidísimo guión de Joe Kelly y el dibujo, sucio pero altamente efectivo, del hispano japonés José M. Ken Niimura casan a la perfección y dan como resultado un cómic memorable.

Buena parte del mérito hay que atribuírselo a su protagonista: Barbara Thorson, una adolescente fuera de lo común: poco agraciada físicamente, obsesionada con los juegos de Rol, de lengua viperina y tendencias agresivas y que se prepara para la batalla definitiva contra los gigantes, para lo cual siempre lleva consigo el martillo Coveleski, el arma definitiva, capaz incluso de derrotar a un Titán, un gigante letal y prácticamente indestructible.

Hasta aquí parece una historia un poco sobada: el típico relato de adolescente freaky y bla, bla, bla. Pero Bárbara esconde un gran secreto: el titán al que hay que derrotar no es imaginario, sino muy real y mucho más terrible de lo que cuentan las leyendas y al final deberá enfrentarse a él sola, armada únicamente con su martillo y su férrea voluntad y quizá eso no sea suficiente para derrotarlo...

No voy a desvelar más detalles de la trama, únicamente comentar que se trata de un relato emotivo y sensible (que no sensiblero) y que Bárbara Thorson se convierte en un personaje inolvidable, en una auténtica heroína con mayúsculas, perfectamente caracterizada, psicológica y gráficamente, por el tándem creador. En este sentido comentar que probablemente el estilo de dibujo "abocetado" de Ken Niimura, que aquí realiza su primer trabajo en blanco y negro, nunca se convertirá en mi favorito, pero hay que reconocer que es perfecto para el tono de la historia, que el diseño gráfico es sobresaliente (el titán es realmente estremecedor) y que la historia de Joe Kelly tiene la capacidad de emocionar al más pintado.

Por si esto fuera poco, el tomo, publicado por Norma, se complementa con una serie de divertidísimas tiras (a cargo de Niimura) que reflejan la relación entre los dos artistas durante la elaboración del Cómic y que ponen de manifiesto el talento cómico (de corte bastante surrealista) del dibujante.

No se lo pierdan.

sábado, 27 de marzo de 2010

YO, otro libro egocéntrico de Juanjo Sáez


Hacer el ridículo es gracioso, hay que atreverse, es divertido. El problema es que para que tenga gracia tienes que hacerlo de verdad, y eso te deja en mal lugar como autor. Ser torpe es gracioso, ser virtuoso no.

Juanjo Sáez es un dibujante amado y odiado a la vez: Para unos es un genio, para otros es un cantamañanas que no sabe dibujar. A mi me parece un artista muy ingenioso que ha demostrado en sus obras más conocidas "Historia del Arte" y "Viviendo del cuento" que no hace falta ser (ni querer parecer) un virtuoso para transmitir cosas. A pesar de ello, no resulta un autor cómodo, como lo atestigua el hecho de haber sido expulsado de los tres diarios para los que ha trabajado "El Mundo", "El Periódico y "El País".

En "Yo" lleva a cabo un ejercicio pseudopsicoanalítico en el que se dedica a analizar buena parte de su producción de tiras de prensa (algunas de ellas censuradas o nunca publicadas), su visión del mundo y sus mecanismos de  creación, con un enfoque similar en algunos momentos al de otra obra comentada aquí, "Cosas que los nietos deberían saber". En esta reflexión aparece constantemente su "alter ego", una especie de "superyo" que critica, pone en tela de juicio o, directamente, contradice, las afirmacíones del autor. Esta figura, oscura y dibujada en un inquietante color naranja, sirve de contrapunto (argumental y gráfico) al discurso de Sáez.

En cierto modo, "YO..." es la continuación natural de "Viviendo del cuento", donde vuelve a mostrar su ingenio y a tocar algunos temas ya recurrentes en su trayectoria (la cultura Pop, la crítica a los "modernos", el humor absurdo, etc.) pero nos ofrece, además, perspectivas menos conocidas: tiras de temática política, como la antológica "Se acerca el fin de todos nuestros males", dedicada a la detención de Sadam Hussein; social, como "La Zona Negativa" o la muy lograda "El puente aéreo"; artístico-onírica, la bonita "Arquitectura del Yo" o autobiográfica, como la conmovedora "El chico de la burbuja".

El Juanjo Sáez más incisivo también aparece: las pruebas que hizo para "El País" como proyecto para sustituir a la dibujante Maitena o algunas de las tiras que realizó para "El Periódico", así como su vis más tragicómica: el encontronazo (involuntario) con el cantante Raimon, que le valió el despido de "El Periódico" o el tortuoso proceso que tuvo que soportar para publicar en el suplemento de verano de "El País", trabajo que generó multitud de críticas e incluso un blog dedicado a él titulado "Matar a Juanjo Sáez".

Fiel a sí mismo y a su estilo siempre fresco, desenfadado y autoparódico, Juanjo Sáez ha parido una obra muy divertida y, al mismo tiempo, muy profunda, dónde vemos reflejada la problemática interna (la creatividad, las motivaciones y las neuras del creador) y externa (las a menudo difíciles relaciones con los medios, el mercado y el público) que siempre acompañan cualquier actividad artística.

Absolutamente recomendable y, además, excelentemente editada (en un bonito volumen de tapa dura) por Reservoir Books (Mondadori).

sábado, 28 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (tercera parte)



Continuamos con el repaso de este número conmemorativo con el excelente artículo redactado por Joan Pons dedicado a la ficción televisiva, que, en sus propias palabras, se ha convertido por méritos propios en un fenómeno cultural y espacio creativo de primera categoría. Las series destacadas, por diferentes razones, han sido: Los Soprano, sin ninguna duda la que inició la edad de oro del género, Mad Men, Deadwood, el fenómeno masivo Lost, la interesante Battlestar Galactica, 24, Larry David, The Office (versión inglesa) y, finalmente, la imprescindible The Wire.

Aunque quizá, en su línea innovadora, la iniciativa más interesante haya sido la propuesta a diferentes dibujantes de cómic y artistas gráficos para que plasmaran su visión de los mejores 15 singles de la década, cada uno con su estilo. Así, Nacho Antolín se encarga del núm. 1 Get Ur Freak On, de Missy Elliot; el expresivo Paco Alcázar de Hey Ya!, de Outkast; Juanjo Sáez, colaborador habitual de la revista ilustra con su particular estilo Losing My Edge, de LCD Soundsystem; Pepo Pérez hace lo propio con una atractiva ilustración para Paper Planes, de M.I.A.; al polifacético Txarly Brown le toca Crazy, de Gnarls Barkley; Joaquín Reyes (si, el de Muchachada Nui) dibuja para Crazy in Love, de la diva Beyoncé y Fermín Solís para Blind, de Hercules and Love Affair. Por su parte, Sonia Pulido realiza un curioso dibujo en homenaje a Take Me Out, de Franz Ferdinand, al igual que el sorprendente Paco Roca con Imitation of Life, de R.E.M.; Miguel Á. Martín lidia con Music, de Madonna, Rafamateo se encargó de Can't Get You Out of My Head, de Kylie Minogue; Sequeiros con Umbrella, de Rihanna. Finalmente, lo tres últimos son Hard to Explain, de The Strokes, con un dibujo de trazo expresionista a cargo de Javier Olivares (para mi gusto uno de los mejores) Since I Left You de The Avalanches para Jordi Labanda, fiel a su estilo "pijo" y un clásico, Gallardo, remata la faena con Viva la vida de Coldplay.

Comentar también dos excelentes artículos de fondo: El clic prodigioso, firmado por Pablo Gil, que realiza una lúcida reflexión  sobre el impacto de las tecnologías digitales sobre los procesos de creación y distribución de música y La industria musical española después del tsunami, de Nando Cruz que, siguiendo la línea del artículo anterior, hace un resumen de la evolución de la misma en estos últimos 10 años, constata la paradoja que uno de los momentos creativos más dulces coincide con el momento en que menos música se vende y recoge las opiniones de profesionales del sector (programadores, directores de festival, dueños y directivos de sellos discográficos, etc.), que aportan luz sobre el tema con sus propias experiencias. En este sentido, destacar el discurso directo y desmitificador del veterano Mario Pacheco (director de Nuevos Medios, uno de los sellos nacionales más prestigiosos):

"No hay que pensar tanto en los factores tecnológicos e industriales que nos han absorbido últimamente sino en lo que pasa por las cabezas de la gente: hacia dónde va el pop como fenómeno cultural, no como producto de consumo. Nos hemos olvidado de qué estamos haciendo, qué quiere oir la gente, qué quiere hacer el músico. Luego, si se vende en vinilo o casete, ya ves tú qué importancia. ¿Por qué tanta polémica? ¿Por qué se han llenado tantas páginas? ¿Por qué he de discutir con un señor que dice que de las cenizas de un mundo antiguo surgira uno nuevo? Yo solo quiero grabar cuatro cancioncitas. No estoy filosofando sobre el futuro del planeta. ¡Es muy fácil! Grabas a un músico, sacas el disco y pasas la boina".

Ya para terminar, aplaudir la linea que ha seguido la revista durante estos últimos años: innovadora en forma (una maquetación y diseño excelentes) y contenidos, rigurosa y con conocimiento de causa (aunque no se coincida con los gustos de los redactores) y siempre abierta a incorporar temas no estrictamente relacionados con la música, como crítica de comics y literatura e, incluso, artículos de opinión sobre temas sociales y políticos, que en ocasiones, han creado controversia entre los propios lectores.

Feliz cumpleaños, pues, y a esperar las bodas de oro.

viernes, 20 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (primera parte)



Rockdelux, una de las publicaciones musicales más veteranas del país, ha publicado este mes de noviembre un número especial con motivo de sus veinticinco años de vida, toda una hazaña para una publicación de sus características. Fiel a su estilo elitista y un punto snob que, admitámoslo, es parte de su encanto, la revista aprovecha la ocasión para hacer un resumen de lo mejor de la década 2000-2009 en forma de listas con 20 cómics, 30 películas, 20 libros, 60 discos nacionales,100 internacionales y 25 conciertos.

Empecemos con el cómic: la medalla de oro se la lleva el Catálogo de Novedades Acme, de Chris Ware, sin duda uno de los artistas más creativos y revolucionarios del género; el aclamado Epiléptico. La ascensión del gran mal, de David B. ha quedado en segundo lugar mientras que Fun Home. Una familia tragicómica, de Alison Bechdel, una de les revelaciones del pasado año, ha quedado en el tercer puesto. Otros nombres destacados del ránking son Dk2: El señor de la noche contraataca y El gato del rabino, de Frank Miller y Joann Sfar respectivamente. Hay que destacar también la numerosa representación nacional (síntoma de la buena salud de la que goza el cómic español) entre los que destacan la sorprendente y divertida Las Aventuras del Capitán Torrezno, de Santiago Valenzuela: El arte de volar, de Altarriba y Kim, recientemente comentado en estas páginas; la ácida y demoledora Dinero, de Miguel Brieva y Bardín el superrealista, del genial e incombustible Max.

En cuanto a las tres mejores películas, hay que decir que son poco discutibles: no hay duda de que ¡Olvídate de mí! (Michael Gondry), Kill Bill (Quentin Tarantino) y Promesas del Este (David Cronenberg) se encuentran entre lo mejorcito de la década. Los redactores han incluído en el ránking un documental como Grizzly Man (Werner Herzog), la no suficientemente reivindicada 24 hour party people (Michael Winterbottom), dos films de directores clásicos como Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet) y Mystic River (Clint Eastwood); joyas orientales como Deseando amar (Wong Kar-Wai) o El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki) y las sorprendentes, por venir de paises con poca tradición cinematógrafica como Rumanía y Suecia, 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Munglu y Déjame entrar, de Tomas Alfredson.

Respecto a los libros, el podio se lo llevan el aclamado 2666, del ya fallecido Roberto Bolaño; La carretera, de Cormac McCarthy (del que pronto veremos la adaptación cinematográfica protagonizada por el ubicuo Viggo Mortensen) y la crítpica pero fascinante Austerlitz, de W.G. Sebald. Dentro de los 20 primeros encontramos también Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay y Las correcciones de dos de los autores norteamericanos más talentosos: Jonathan Franzen y Michael Chabon; la cuota nacional representada por París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas; Sauce ciego, mujer dormida, de Haruka Murakami, uno de los fenómenos literarios de los últimos tiempos; la imprescindible y visceral Gomorra, de Roberto Saviano y La maravillosa vida breve de Óscar Wao, comentada en un post anterior.

domingo, 8 de noviembre de 2009

"La maravillosa vida breve de Óscar Wao": Un antihéroe freaky

Junot Díaz (Santo Domingo, 1968) es el autor de esta sorprendente, fresca y tremendamente divertida novela, que el año pasado recibió el premio Pulitzer de narrativa, además de todo tipo de parabienes de la crítica especializada. El (irónico) título hace referencia a su protagonista principal, que sin duda alguna, se ha incorporado ya al Olimpo de los (anti) héroes literarios: un personaje inolvidable que algunos han comparado con el Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios” y que, a pesar de ser el arquetipo de “Nerd” y perdedor, acaba resultando un tipo entrañable y digno en su desesperada, y patética, búsqueda del amor.

En el segundo año de la secundaria, Óscar pesaba unas increíbles 245 libras (260 cuando estaba depre, que era casi siempre), y se les hizo evidente a todos, en especial a su familia, que se había convertido en el pariguayo (neologismo peyorativo a partir del inglés, party watcher, “el que mira las fiestas”) del barrio. No tenía ninguno de los superpoderes del típico varón dominicano, era incapaz de levantar jevas (ligar con chicas) aunque su vida dependiera de ello. No podía practicar deportes, ni jugar al dominó, carecía de coordinación y tiraba la pelota como una hembra. Tampoco tenía destreza para la música ni para el negocio ni para el baile, no tenía picardía, ni rap ni don pa na.

Pero “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” no es una simple narración de las desventuras de un freaky: si rascamos un poco su pátina humorística nos encontramos con una obra que convierte la ironía y el sarcasmo en estrategias narrativas de gran calado, de las que se sirve el autor para, por un lado, llevar a cabo una parodia del realismo mágico característico de algunos autores latinoamericanos y, por otro lado, elaborar un gran fresco sobre la inmigración (sin ahorrar algunas críticas al talante dominicano) y la dramática historia de la República Dominicana bajo la inmisericorde dictadura de Trujillo. En este sentido la novela tiene algunos puntos en común con “La fiesta del chivo”, de Mario Vargas Llosa, que abordó esa parte de la historia del Caribe con mano maestra y un realismo que ponía la piel de gallina.

Para aquellos a los que les faltan los dos segundos obligatorios de historia dominicana: Trujillo, uno de los dictadores más infames del siglo XX, gobernó la República Dominicana entre 1930 y 1961 con una brutalidad despiadada e implacable... Era nuestro Saurón, nuestro Arawn, nuestro propio Darkseid, nuestro dictador para siempre, un personaje tan extraño, tan estrafalario, tan perverso, tan terrible que ni siquiera un escritor de ciencia ficción habría podido inventarlo.

El McGuffin de la novela es el “Fukú” (que según la creencia popular dominicana es una especie de sortilegio, de maldición que trae la desgracia y la infelicidad) que lleva persiguiendo a la familia Cabral desde varias generaciones y del que parece imposible librarse. A partir de aquí, a través de diferentes flashbacks, Junot Díaz va modelando la tragicómica historia de Óscar y de toda su familia, trufada de referencias Pop: comics de Marvel y DC, ciencia ficción, “El señor de los anillos”, juegos de rol, "Star Wars", “Dragones y mazmorras” y un larguísimo etcétera, que casan perfectamente con la idiosincrasia de la novela y que, en algunos casos, logran originales paralelismos con los que Junot Díaz se gana la complicidad (y la sonrisa) del lector.

Sé que he metido mucha fantasía y ciencia ficción en esta mezcla, pero se supone que es la historia verdadera de la Maravillosa Vida Breve de Óscar Wao. ¿No podemos creer que pueda existir una Ybón y que a un bróder como Óscar le haya llegado un poquito de suerte después de veintitrés años? Ahora les toca a ustedes. Pastilla azul, continúan. Pastilla roja, regresan a Matrix.

Narrada con una gracia y dinamismo envidiables en un chispeante “spanglish” (un diez para el excelente trabajo de traducción de la escritora cubana Achy Obejas), “La maravillosa vida breve de Óscar Wao" se lee, a pesar de su extensión, en un suspiro y es, sin ninguna duda, una de las sorpresas más agradables de la literatura hispanoamericana reciente y la confirmación de que la cultura Pop ha calado hondo en el imaginario de muchos escritores jóvenes.

Díaz, Junot. La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Mondadori. Barcelona, 2007

sábado, 10 de octubre de 2009

"El arte de volar": La memoria de la derrota


Mi padre se suicidó el 4 de mayo de 2001. Nadie sabe cómo un hombre de su edad y en su estado pudo burlar los controles de vigilancia, subir hasta la cuarta planta, encaramarse a una ventana y arrojarse al vacío. Yo sí sé cómo lo hizo. Soy el único que puede saber cómo lo hizo porque, aunque no estaba allí, estaba en él. Siempre he estado en él porque un padre está hecho de sus hijos posibles y yo soy el único hijo que le fue posible a mi padre. Desciendo de mi padre, soy su prolongación y, cuando todavía no había nacido ya participaba, como potencial genético, de todo lo que le ocurría. Por eso sé cómo murió y también cómo vivió. Me contó muchas veces sus peripecias incluso, para paliar los primeros síntomas de la depresión, le insistí en que las escribiera. Dejó doscientas cincuenta cuartillas de letra apretada y rebosante de recuerdos. Pero lo que sé de él no es por haberlo oído o leído, lo que sé de su vida es porque, como he dicho, yo estaba en él o, quizá, era él y ahora, una vez muerto, él está en mí. Así que puedo contar su vida con la verdad de sus testimonios y la emoción de una sangre que aún corre por mis venas. De hecho voy a contar la vida de mi padre con sus ojos pero desde mi perspectiva. Puedo por lo tanto asegurar que fue así como se suicidó. Puedo igualmente asegurar que, aunque parecieran unos pocos segundos, mi padre tardó noventa años en caer de la cuarta planta.

Así empieza “El arte de volar”, precedida por un sentido y excelente prólogo de Antonio Martín, la obra de Antonio Altarriba (guionista) y Kim (dibujante), dos artistas en estado de gracia que han parido un cómic que se ha convertido desde ya en un referente futuro del género en este país y clarísimo candidato, por clamor popular, a obtener el Premio Nacional del Cómic de 2009.

Estamos ante una obra conmovedora y emocionante que, por momentos, me ha hecho saltar las lágrimas y que narra la Vida de Antonio Altarriba Lope, desde su nacimiento en Peñaflor, un pueblecito de Aragón, hasta su muerte en Logroño. Su historia es la historia de toda una generación de idealistas derrotados, que lucharon por cambiar el mundo y perdieron, que vivieron la miseria económica y moral de la postguerra, que tuvieron que renunciar a su dignidad para sobrevivir y que se vieron obligados a traicionar sus principios, a soportar un durísimo exilio interior, para acabar convertidos en aquello contra lo que estuvieron combatiendo.

Crudo y descarnado, aunque no exento tampoco de ternura y humor, “El arte de volar” es un prodigio de eficacia narrativa. A partir de un simbólico leit motiv (dos alianzas: una de sangre y otra de plomo) el relato se estructura a través de una introducción y cuatro partes (que corresponden a cada una de las plantas que va recorriendo el cuerpo de Antonio Altarriba Lope en su caída). La primera narra los primeros años del protagonista en el pueblo hasta su huida a la ciudad, escapando de un ambiente de miseria y asfixia existencial. La segunda, la más extensa, describe los prolegómenos de la guerra civil, su desarrollo y el posterior exilio en Francia. La tercera cuenta la vuelta de Altarriba a una España dominada por el miedo, corrupta y estraperlista. Y, finalmente, la cuarta se centra en los últimos años del protagonista, que transcurren en una residencia para ancianos, hasta que toma la decisión de quitarse la vida.

El trabajo de Kim es impecable. Acostumbrados al registro de trazo grueso de su “Martínez el Facha”, que publica en el semanario “El Jueves”, su grafismo es sutil y elegante y su composición de viñetas se integra perfectamente en el texto. Son especialmente brillantes las escenas oníricas y las de las alucinaciones que sufre Altarriba a causa de la medicación contra la depresión, que llegan a resultar estremecedoras.

Y si el capítulo gráfico es excelente, el guión, emotivo y extraordinariamente bien escrito, roza la perfección. Aunque supongo que para Antonio Altarriba debió ser una experiencia muy dura y amarga (aunque catártica) poner negro sobre blanco la historia de su padre, no se me ocurre mejor homenaje para él, y por extensión para toda una generación, que legar a la posteridad un trabajo de este calibre.

En resumidas cuentas: una obra imprescindible que muchos comparan, sin un ápice de exageración, con el “Maus” de Art Spiegelman. No deben dejarla escapar bajo ningún concepto.


Altarriba, Antonio y Kim. El arte de volar. Edicions de Ponent. Alicante, 2009

domingo, 4 de octubre de 2009

"The Disappointment Artist": las raíces de Jonathan Lethem

Jonathan Lethem es uno de los escritores más destacados de la nueva narrativa postmoderna norteamericana. Autor prolífico (novelista, ensayista y guionista de cómics) y gurú de la cultura Pop, es conocido principalmente por sus dos magníficas novelas “Huérfanos de Brooklyn” y “La fortaleza de la soledad”.
En el año 2005 publicó "The Disappointment Artist", una interesante recopilación de ensayos, de marcado carácter autobiográfico, que permite bucear en sus influencias y obsesiones, que han tenido un claro reflejo en el desarrollo posterior de su obra.

1. Defending the Searchers: En este primer ensayo Lethem explica su obsesión de juventud por “Centauros del desierto”, el western de John Ford, que a menudo era criticado en los años 70 por su supuesta apología del racismo, personificada en Ethan Edwards, el personaje principal interpretado por John Wayne. Lethem defendía el film con uñas y dientes en cualquier foro y ante cualquier detractor y, de hecho, su novela “Paisaje con muchacha” (1998) es un claro homenaje a la película.

2.The Disappointment Artist. Mrs. Neverbody vs Edward Dahlberg: Es probablemente una de las piezas menos interesantes de la recopilación, a pesar de ser la que le da título. En ella el autor narra la relación de su tía, reflejada en la correspondencia que mantenía con su hermano, con su profesor de literatura Edward Dahlberg, un ogro de peculiares ideas. Lethem analiza la relación profesor alumno y los mecanismos de creación literaria a partir de las ideas del profesor.

3. 13, 1977, 21: Lethem cuenta cómo en 1977, a la edad de 13 años, vió 21 veces “La guerra de las galaxias”. La película se convirtió en un lugar en el que sentirse seguro, en un refugio en el que esconderse de un barrio hostil, de un entorno familiar poco ortodoxo y de la grave enfermedad de su madre (que murió poco después a causa de un cáncer). Lethem admite su personalidad obsesiva y su posterior fijación por películas como “Vértigo”, “La fiera de mi niña”, la ya mencionada “Centauros del desierto”, “2001, Odisea del espacio” o “Corrientes de amor” (de John Cassavetes), aunque ninguna de ellas llegó a verla más de 6 ó 7 veces.

4. Speak, Hoyt-Schermerhrorn: Un ejercicio de nostalgia a partir de una estación de metro, ya desaparecida, y que sirvió de escenario para películas míticas como “Pelham 1, 2, 3” o “The Warriors”, que formó parte del paisaje de juventud del autor. Su amor/odio por Brooklyn (donde Lethem pasó su complicada infancia y adolescencia) y, por extensión, por New York, se pone de manifiesto en las dos novelas comentadas al principio, sobre todo en “La fortaleza de la soledad”.

5. Idenfiying with your Parents or the Return of the King: El autor expresa su profundo amor por el mundo del cómic, personificado en la serie “Omega el desconocido” (el propio Lethem se encargo de guionizar la nueva versión que Marvel publicó el año pasado) y, sobre todo, en su devoción por Jack Kirby, el rey del cómic; de hecho Lethem compara el tándem Jack Kirby/Stan Lee con el formado por Lennon/McCartney, donde los primeros ejercían una creatividad desmesurada y los segundos suavizaban y endulzaban aristas para conseguir resultados más “comerciales”. Es curioso también el ejercicio de sociología que realiza a través de los cómics, y cómo las diferencias de enfoque entre autores clásicos (como Kirby) y más jóvenes (como John Byrne) enfatizan la rápida transición de los valores clásicos de los norteamericanos hacia nuevos posicionamientos vitales y morales que, en los años 70, provocaron un gran choque generacional.

6. You don’t know Dick: Extenso análisis de la figura del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, personaje atormentado y autor de una vastísima obra que ejerció una poderosa influencia sobre Lethem, reflejada en obras como “Amnesia Moon” o “Cuando Alice se subió a la mesa”.


7. Lives of the Bohemians: Aquí Lethem retrata su peculiar entorno familiar (la vida en un comuna hippy en Brooklyn), haciendo énfasis en la figura de su padre (que era pintor), a quien admiraba por su trabajo y su capacidad creativa y quien estimuló su vocación artística, pero con el que mantenía una relación complicada.
8. Two or three things I dunno about Cassavetes: Un repaso de parte de la obra del cineasta John Cassavetes, no muy interesante para aquellos que no estén familiarizados con las películas del autor.

9. The Beards: El artículo final está estructurado en breves textos donde Lethem asocia sus recuerdos y vivencias (siempre con el recuerdo de su madre muy presente) con las tres cosas que le han acompañado toda su vida, la música, la lectura y el cine. Por el texto circulan músicos como Robert Fripp,Marvin Gaye, Talking Heads, David Bowie, Pink Floyd, Bob Dylan o Chet Baker; películas como “2001”, “Barry Lyndon”, “The man who fall the earth”, “Sauve qui peut (la vie)”o “Jules et Jim”; y escritores como Philip K. Dick, Don DeLillo, Raymond Chandler, Kurt Vonnegut o Patricia Highsmith.

Un brillante colofón para un libro irregular pero francamente estimulante.

Lethem, J. The Disappointment Artist. Vintage Books. USA, 2005.

jueves, 20 de agosto de 2009

Discos y cómic: una pareja bien avenida


La relación entre el mundo de la música y el cómic ha sido tradicionalmente muy fructífera y son numerosos los ejemplos de la colaboración de artistas de cómic o ilustradores en el diseño de portadas de discos; la reciente publicación del libro Vinilos Cómic. 50 años de complicidad entre el cómic y la música así lo corrobora. Se trata de una obra interesante que, a pesar de que el criterio de elección es discutible (y en algún caso metido con calzador) y algunos textos no guardan mucha relación con el tema, en general se hojea con gusto y presenta detalladas fichas informativas sobre los diferentes trabajos que se reseñan.

El libro recoge la mayoría de los clásicos, como el trabajo de Rick Griffin en Aoxomoxoa de Grateful Dead; el Silver Surfer de Marvel para Surfing with the Alien, de Joe Satriani; la ya mítica portada de Robert Crumb para el Cheap Thrills (que encabeza este post) de Big Brother and the Holding Company, el grupo de Janis Joplin, o el curioso diseño de Liberatore para The Man from Utopia de Frank Zappa.

Otras obras paradigmáticas son la mítica portada de Richard Corben para Bat out of Hell, de Meat Loaf; Charles Burns y Brick by Brick de Iggy Pop o los espectaculares dibujos de Frank Fazetta (artista especializado en temáticas fantásticas y de espada y brujería) para los rockeros sureños Molly Hatchet y, especialmente, en el disco Expect No Mercy de Nazareth.

Entre los clásicos, aunque quizá menos conocidos, nos encontramos también con los dibujos de Daniel Clowes para Supersuckers (Smoke of Hell) y The Raunch Hands (Payday) y, finalmente, un trabajo patrio, la portada con los Hermanos Dalton de Morris, para el disco ¿Cuándo se come aquí? de Siniestro Total.

Además de estos ejemplos se pueden encontrar también numerosas curiosidades, como un precioso trabajo de Jean Giraud (Moebius) para una edición francesa de los discos Are You Experienced y Axis: Bold as Love de Jimi Hendrix; una espectacular doble portada de Neal Adams para Who Will Save the World de The Groundhogs; un diseño de Marvel para un Maxi de los raperos Boo-Yaa T.R.I.B.E.; el soberbio trabajo de Robert Crumb para una serie de recopilatorios dedicados a artistas de blues del sello Atlantic y, para terminar, la portada de un Maxi del grupo Flat Duo Jets elaborada por Peter Bagge (el autor de Odio y Mundo Idiota) y un excelente diseño de Chris Ware (uno de los artistas más iconoclastas y revolucionarios del mundo del cómic) para un Maxi del grupo 5ive Style.



Marmonnier, Christian. Vinilos Cómic. 50 años de complicidad entre el cómic y la música. Somoslibros. Barcelona, 2009.

viernes, 17 de julio de 2009

"Watchmen": ¿Una adaptación fallida?


...no es hasta Watchmen, y quizá solamente en Watchmen, cuando guionista y dibujante recaban sobre sí mismos la labor de llevar la historieta un paso más allá, haciendo desde dentro del cómic aquello que sólo puede hacerse en el cómic, un divertimento y a la vez una reflexión, una exploración de sus enormes posibilidades como medio y a la vez un homenaje, un guiño, incluso un sarcasmo. La enorme fuerza de Watchmen, y lo que dificulta su trasvase a otro medio (la novela o el cine) es que nunca deja de ser consciente de su condición de historieta, y que explora y explota los instrumentos de narración del cómic...

Rafael Marín, "W de Watchmen"


La versión cinematográfica de Watchmen no se ha convertido, para disgusto de sus productores, en el Blockbuster que muchos esperaban: a día de hoy lleva recaudados 107 millones de dólares, lejos de los 407 de Batman, el caballero oscuro, de los 403 de Spiderman e incluso por debajo de los 154 de la muy flojita Los cuatro fantásticos, por poner algunos ejemplos de películas basadas en personajes de cómic.

El "problema" de Watchmen es que no se trata de una película de superhéroes al uso, como su campaña de publicidad parecía insinuar: de hecho es un film oscuro, violento y con una notable carga sexual implícita, en definitiva, no apto para todos los públicos.

En realidad la materia prima de la que se parte no es un prodigio de comercialidad: Watchmen, a pesar de ser una obra clave de la historia del cómic, es más una obra de culto que un cómic popular. En este sentido conviene recordar que, a pesar de que se ha comercializado mayoritariamente en formato de novela gráfica, Watchmen fue concebida originalmente en la segunda mitad de los ochenta (en plena crisis creativa y de popularidad del cómic) como una maxi serie limitada de 12 números, por lo que sus personajes carecen de la carga icónica que sí tienen algunos de sus congéneres de DC (Superman o Batman) o Marvel (Spiderman, Iron Man o X-Men), todos ellos en activo ininterrumpidamente desde los años 60 y sus correrías grabadas a fuego en el inconsciente de varias generaciones.

La trama tampoco es un prodigio de acción, ya que el argumento plantea básicamente una reflexión social y política, en la cual los trompazos y decibelios (aunque también los hay en la película) al estilo de los Transformers de Michael Bay están un poco fuera de lugar. Es más, si no se tienen referencias previas o no se ha leido el cómic, la narración puede resultar un tanto extraña y "fría". A todo ello hay que añadir que el aspecto Camp (e incluso ridículo) de los uniformes de los Minutemen difícilmente puede captar la atención de un público acostumbrado a todo tipo de gadgets tecnológicos que, además, posiblemente no esté familiarizado con los personajes. Visto lo visto, pues, es casi lógico que Watchmen haya pinchado en taquilla.

Dejando de lado el aspecto comercial de la película, cabe plantearse si desde una perspectiva, digamos, "artística" Watchmen es una buena película. Antes que nada hay que partir de la base que el cómic original es muy difícil de trasladar fielmente a otro formato, como pone de manifiesto Rafael Marín en su excelente libro W de Watchmen (publicado por Dolmen Editorial), que disecciona de manera impecable el proceso de gestación y creación del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons. Watchmen es como una cebolla: quitas una capa y debajo queda otra, y debajo de ésta otra, otra más y así sucesivamente; cada nueva lectura revela detalles que habían pasado desapercibidos; cada página tiene un subtexto camuflado: hay tal cantidad de guiños literarios, artísticos, políticos, sociales, etc. que es materialmente imposible trasladarlos al celuloide.

Dicho esto, comentar que Zack Snyder es un director con talento, como ya demostró en la hiperbólica 300 y, anteriormente, en su opera prima El amanecer de los muertos, el excelente remake de La noche de los muertos vivientes, cuyos diez primeros minutos, un prodigio de tensión dramática, garra y eficacia narrativa, son de lo mejor que se ha visto en una pantalla en los últimos años.
Snyder repite la jugada y vuelve a demostrar su buena mano para las intros: si en El amanecer de los muertos conseguía poner los pelos de punta con los créditos iniciales a ritmo de When the Man Comes Around de Johnny Cash, en Watchmen utiliza una profética The Times They Are a-Changin' de Bob Dylan para ilustrar, en una demostración de síntesis narrativa, el auge y caida de los Minutemen, y contextualizar la trama del film.

Visualmente el film es excelente, en especial las escenas en Marte, y aunque algunos críticos han reprochado a Snyder el abuso del Bullet Time (la ralentización de las imágenes que Matrix puso de moda) y una "espectacularización" excesiva, lo cierto es que la película recrea el ambiente del cómic original de una manera muy respetuosa. Respecto al casting pienso que en general es un acierto, especialmente los papeles de Billy Crudup (Dr. Manhattan) y de un impresionante Jackie Earle Haley (Rorschach).

En cuanto a la narración, hay que decir que fluye de manera muy natural y sin tiempos muertos, a pesar de sus dos horas y media largas de duración e incluso el cambio de final resulta muy coherente con el resto de la película y me parece una mejora (¡Sacrilegio!) respecto del original. Hay que agradecerle también al director que haya renunciado a "infantilizar" el film, tendencia desgraciadamente muy habitual en las películas basadas en cómics, en favor de una perspectiva más "adulta".

En definitiva: Watchmen es una película notable y Snyder ha llevado a cabo posiblemente una de las mejores adaptaciones que se podían hacer, aunque habrá que esperar al Director's Cut en DVD (que superará las tres horas) para corroborarlo.



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