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domingo, 17 de febrero de 2013

Berlín Capital Alaska: Doce miradas al "Berlín" de Lou Reed



Ese disco es un imán. Mítico, evocador, transmutatorio. Porque nadie llega a él de una manera convencional, sorpresiva, banal. Tú acudes a las historias de Caroline y Jim convocado por una fuerza maligna, hermosa y oscura. Música y letra generan mil mundos, te abren en canal y mantienen para siempre la herida abierta.


Estas palabras de Carlos Zanón definen a la perfección "Berlín", un disco especial que arrastra fama de maldito: triste, malrrollista, sórdido... No es, desde luego, la banda sonora ideal para cuando uno está de bajón.

Aunque en el momento de su publicación fue, en general, masacrado por la crítica, se trata de un trabajo excelente, magníficamente producido por Bob Ezrin. Cuarenta años después de su salida, la editorial 66 rpm  le dedica un homenaje, y lo hace con un interesante experimento coordinado por el propio Zanón: doce autores (músicos y escritores) y libertad absoluta para crear una pieza literaria inspirada en una de las canciones del disco, siguiendo el orden del tracklist original.

El libro se inicia con un prólogo de Ignacio Julià, en el que confiesa su admiración por Reed, que sirve para poner en contexto al disco y a su creador. A continuación Carlos Zanón explica cuál fue la génesis del proyecto y los criterios que utilizaron para seleccionar a los participantes.

Rai Escalé, Pintor e ilustrador barcelonés que se mueve entre el collage y el expresionismo. Suya es la ilustración de la portada, que reinterpreta de manera inquietante la portada original. 

Roger Wolfe, escritor y poeta inglés afincado en España, firma la primera pieza (la más corta), "De un Berlín a otro", una reflexión sobre, "Berlín" el primer tema del disco.


Así abrimos la puerta y penetramos en el claroscuro acharolado de esa especie de filme expresionista en vinilo... 

Javier Pérez Andújar, novelista barcelonés, es el autor de "La línea general", en el que una pareja (Rosco y Carolina) pasean sus miserias por la barcelona de los años 70.

- Todo era mejor antes, dijo de repente Carolina
Rosco tampoco supo encontrar para esto unas palabras que no fueran dolorosas.

Alfred Crespo, periodista musical (codirector de "Ruta 66" y autor de "Burning. Madrid"), pone en solfa la tercera pieza, "Hombres de fortuna", un original relato que narra el desarrollo de un concierto desde dos puntos de vista diferentes (el de un fan y el de un miembro del Road Crew), a modo de montaje en paralelo.

Mis vecinos rozan el éxtasis (¡¡ya van dos del disco del plátano!!). Me preparo una loncha de tamaño natural de las que hacen sombra,  y oigo algo sobre avisar al acomodador.

David Castillo, poeta y crítico literario barcelonés, firma "Caroline Says", un poema protagonizado por una Caroline que deambula por el barrio de Vallcarca en Barcelona.

Sin inspiración todo el día vagabundeas
por el barrio atestado de abuelos...

"Jugando sola", la quinta pieza, es obra de Cristina Fallarás, periodista y escritora aragonesa. Se trata de un relato sórdido de drogas y prostitución.

Pero tengo el corazón cubierto de sal basta, sal de barco pesquero, y tengo veinte gramos o quizás otra cantidad mayor de gasolina galopando contra las venas.

Josele Santiago (Los Enemigos) lo borda en "Oh Jim", un contundente retrato de un personaje al límite: un roadie y trabajador en un matadero.

Aunque mi madre me siga llamando Jaime, yo soy Jim, como Jim Dinamita. Aquí no saben quien es. En esta mierda de pueblo nunca nadie quiere saber nada.

El siguiente relato es de Diego Fuentes Casas, "Dogo" (Dogo y los Mercenarios): hippys, travestis y drogas campan a sus anchas en una narración llena de realismo sucio.

El variopinto grupo que rodea La Candela, es algo a medio camino entre el Rocky Horror Show, los Zombie Surfers y algún que otro expulsado del casting de Hair. La basca del poblado del faro acaba de llegar con la intendencia, demasiado alcohol para tan pocos refrescos, esto no puede salir bien.

En "Los chicos", El periodista musical Oriol Llopis (que ha publicado sus memorias recientemente) se pone en la piel del sargento negro que se menciona en "The Kids". En una especie de "Spin Off", nos cuenta una sorprendente historia en la que la protagonista es la hija de Jim y Caroline.

Creo que la última vez que vi a Caroline, a Jim y a la niña. Fue todo una puta casualidad. Hacía ya meses que no sabía nada de ellos y, francamente, eso no me quitaba el sueño.

"El proyecto Nabokov" es la pieza del ex-troglodita Sabino Méndez. Buen narrador, como ya demostró en su época con Loquillo, compone el relato más largo de todo el libro, en el que narra la vida de Martín Napolitano, un loser recurrentemente castigado por una mujer fatal.

Por como se comportaba, Napolitano tenía la sensación de que veía sólo absoluciones en los propios arrepentimientos. No por eso le hubiera entregado menos su vida entera...

El coordinador del proyecto, Carlos Zanon, novelista, guionista y crítico literario, se encarga de la, excelente, última pieza: "Sad Song".

Hay gente que no tiene nada o lo perdió todo o mataron a sus padres, a sus hijos. Cosas así. Pero un drama es una ópera. Un drama nunca es una canción triste. Y la vida es una sad song.

Para redondear la obra, Ignacio Juliá recupera un texto publicado originalmente en Ruta 66 en 2007: "Hace tanto frío en Alaska", un extenso artículo en el que nos cuenta las entretelas del proceso de creación del disco.

Resulta pues obvia la importancia del LP concebido en 1973 por Reed y su productor Bob Ezrin, como lo es la evidencia de que la ceguera crítica de una época concreta nunca aniquila totalmente el curso de una obra maestra... 

Un magnífico colofón para un buen libro, esperemos que le sigan muchos más, de esta interesante iniciativa que es 66 RPM.

martes, 3 de abril de 2012

Glam & Celuloide (II)



Tal y cómo comentamos en la anterior entrada, vamos a hacer un breve repaso a algunas de las películas relacionadas con el Glam, como "The Rocky Horror Picture Show", "Velvet Goldmine" o "Hedwig & The Angry Inch".

The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975)


El de esta película es un caso singular en la historia del cine: un film que fue un fracaso comercial pero que se ha convertido en una obra de culto. Treinta y cinco años más tarde mantiene una frescura envidiable y aún se proyecta en todo el mundo en sesiones golfas, en las que legiones de fans celebran auténticas fiestas.

Rocky Horror es una comedia deliciosa, absolutamente loca y marciana que podemos considerar como una especie de Remake festivo de “Frankenstein”. Tiene su origen en una obra de teatro dirigía por el mismo Jim Sharman, que se estrenó en Londres en 1972, en plena eclosión de la escena Glam. Ante la buena acogida se realizó la versión cinematográfica, estrenada tres años mas tarde, que no tuvo el éxito esperado.

La película se inicia con los títulos de crédito presididos por una enorme boca pintada, imagen que se ha convertido en todo un icono. La trama gira alrededor de la llegada por accidente de Janet (Susan Sarandon) y Brad (Barry Bostwick), una joven e inocente pareja de recién prometidos, a la mansión del Dr. Frank N Furter (Tim Curry), un científico travestido y alienígena que está a punto de dar vida a su creación, Rocky Horror, el hombre perfecto que ha de servirle de juguete sexual.

A partir de aquí el film nos ofrece una serie de escenas musicales inolvidables, donde un extraordinario Tim Curry (en el papel de su vida) se convierte en amo y señor de la función con su vozarrón y gestualidad.


Temas como “Sweet Transvestite”, “The Time Warp”, “I Can Make You a Man”,  “Don’t Dream it, Be it” o “Hot Patootie” (con el cameo de un Meat Loaf aún poco conocido) son toda una fiesta.





La película es toda una invitación a disfrutar de la vida y del sexo, cosa de la que pueden dar fe los beatos y reprimidos Brad y Janet, que son seducidos, primero el uno y luego la otra, por el perverso Frank-N-Furter, con pocas manías en este aspecto.

El tiempo ha hecho justicia con esta notable película, que se ha convertido por méritos propios en una obra clásica y que, como mínimo, habría que ver una vez en la vida.


Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998)


El siempre interesante Todd Haynes llevó a la pantalla una recreación de la escena Glam que funciona como homenaje a la época dorada del género.

El catalizador de la historia es el periodista Artur Stuart (Christian Bale) que recibe el encargo de escribir un artículo sobre el décimo aniversario de un incidente protagonizado por el músico Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), en el que simuló su propio asesinato durante un concierto.

Esta investigación rememora en el periodista episodios de su vida (algunos traumáticos), pues él mismo fue un gran fan de Brian Slade y descubrió en su música una manera de encontrar su propia identidad.

La película tiene un inicio un tanto, digamos, lisérgico, en el que se revela que Oscar Wilde, en realidad, era un extraterrestre y el padre espiritual del Glam (¿guiño a Ziggy Stardust?).

A partir de un formato de falso documental, donde diferentes personas que lo conocieron nos hablan sobre Slade y siguiendo una estructura de nacimiento, auge y caída, el film va narrando la trayectoria artística y personal del músico, que van entrelazándose con las vivencias del periodista durante la época.

El punto de inlexión de la historia es el encuentro entre Brian Slade y Curt Wild (una recreación de la tormentosa relación entre Iggy Pop y Bowie), que cambiará para siempre la vida del primero.

El cásting es de primera categoría: el siempre carismático Rhys Meyers hace una notable composición de su personaje; Toni Colette (en el papel de la esposa de Slade), está excelente en un registro alejado de sus papeles habituales. Christian Bale hace un papel muy creíble y lleno de matices. Pero el que se lleva el gato al agua es Ewan McGregor, simplemente espectacular. Únicament hay que ver su actuación en “TV Eye”, en la que da vida a un Curt Wild/Iggy Pop absolutamente arrollador y sin caer en ningún momento en la sobreactuación o la parodia involuntaria.



La banda sonora (coordinada por Michael Stipe, de REM) es de primer nivel y en ella se combinan canciones originales de la época (Roxy Music, Lou Reed, T. Rex), bandas actuals (Pulp, Placebo) y grupos formados exclusivamente para la ocasión, como Wilde Rattz y Venus In Furs, compuestos por componentes de grupos como Suede, Mudhoney, Radiohead o Sonic Youth.

Resumiendo, gran película que ilustra con mucho realismo la filosofía y el impacto que tuvo la escena Glam en su momento.

Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001)



Al igual que en el caso de “The Rocky Horror Picture Show”, “Hedwig and the Angry Inch” fue originalmente una obra de teatreo, un musical Rock estrenado en 1998 que causó un gran impacto en el circuito Off Broadway.

Creado por John Cameron Mitchell y Stephen Trask, ellos mismos fueron los encargados de la adaptación cinematográfica, animados por la productora Killer films, curiosamente la misma que anteriormente había producido “Velvet Goldmine”.

El film explica la historia de Hedwig (John Cameron Mitchell), un chico del Berlín este que se somete a una operación de cambio de sexo (que no acaba de ir muy bien) para poder casarse con un soldado norteamericano, cruzar el muro y emigrar a Estados Unidos.

Abandonada por su marido, Hedwig decide crear un grupo de Rock, al cual incorpora a Tommy Gnossis (Michael Pitt), su amante y discípulo. Al cabo de un tiempo Tommy abandona a Hedwig y se convierte en una estrella del Pop, gracias a las canciones que le roba a Hedwig, y se dedica a girar por todo el país con gran éxito.

Hedwig, con su grupo The Angry Inch (que hace referencia a su fallida operación de cambio de sexo) decide seguir a Tommy en su gira, dando conciertos en restaurantes y tugurios de mala muerte, para reivindicar la autoría de las canciones. A través de dichos conciertos y de diferentes flashbacks, iremos conociendo toda la vida de Hedwig.

Las dos patas sobre las que se sostiene toda la película son, por un lado la impresionante interpretación de John Cameron Mitchell, de una fuerza y convicción que traspasan la pantalla, además de ser un notable cantante, con un timbre de voz que recuerda a un Lou Reed primigenio. Por otro lado, el buen trabajo en la banda sonora de Stephen Trask (que en la película interpreta el papel de Skszp, el guitarra de los Angry Inch) con grandes canciones como “Angry Inch”, “Tear Me Down” o “Little Wicked Town” o la preciosa "Origin of Love", con reminiscencias de Lou Reed, Iggy o Bowie.



La verdad es que “Hedwig” es una excelente película, original, profunda y sensible, que habla sobre el amor y sobre las ansias de una persona obsesionada en encontrar su otra mitad. Un film redondo y muy recomendable. 

domingo, 1 de abril de 2012

Glam & Celuloide (I)


Aprovechando el 40 aniversario de la publicación de “Ziggy Stardust” (publicado por primera vez en junio de 1972), vamos a dedicar un par de entradas al Glam y a su relación con el mundo del cine.

Lo que conocemos como Glam Rock es un movimiento estético y musical surgido en el Reino Unido durante la primera mitad de los años 70. Musicalmente no se trata de un género sofisticado y, por tanto, está muy alejado del exhibicionismo instrumental característico de los dinosaurios de los 70. Muy rítmico, con énfasis en la percusión y en el riff, melódicamente cercano al Pop y, a menudo, con arreglos de cuerdas y/o piano.

A pesar de que su vida fue corta (1970-75), se trata posiblemente de uno de los movimientos más originales del Rock. Quizá no tanto en el aspecto musical, que también, sino por su dimensión ética y estética.

Visualmente muy llamativo, el Glam buscaba la provocación a través de una puesta en escena muy teatral, en la que el maquillaje, la lencería, el fetichismo y las botas de plataforma tenían un papel primordial.

Detrás de todo ello se escondía una actitud de reivindicación de la diversión, del hedonismo, de la ambigüedad sexual y la desinhibición... En definitiva, lo que se buscaba era la sensación de “liberación” en una Sociedad como la británica, formalmente muy “correcta” pero absolutamente encorsetada y reprimida en muchos aspectos que, además, estaba empezando a notar los primeros estragos de la crisis del petróleo. En este sentido podemos considerar el Glam como un antecedente directo del Punk, con el que tiene algunos elementos en común.

Los padres del movimiento Glam fueron, sin duda, por un lado Marc Bolan y su grupo T-Rex, autores de la trilogía "Electric Warrior" (1971), "The Slider" (1972)  i "Tanx" (1973), imprescindibles per entender la eclosión del género; y por otro lado David Bowie, que publicó en 1972 “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, piedra angular del género y obra maestra en forma de disco conceptual, que narra la llegada a la tierra de un extraterrestre andrógino y bisexual que se convierte en una estrella del Rock.

La huella de Bowie también se deja notar en otro de los grupos representativos de la época: los Mott the Hoople de Ian Hunter, pues fue productor del excelente “All the young dudes” (1972) y compositor de la canción del mismo título, que se convirtió en un hit y en un tema clásico de la historia.



Finalmente hay que mencionar también a artistas como Gary Glitter, Sweet, Slade o Suzy Quatro, que contribuyeron al éxito del Glam con un puñado de buenos discos. También podemos mencionar a los primeros Roxy Music y a la ELO que, aunque una orientación claramente más Pop, también hicieron suyos los postulados del Glam.

El Glam fue un movimiento genuinamente británico, principalmente por lo comentado anteriormente, y que fuera del Reino Unido no tuvo demasiada repercusión, exceptuando los casos de Lou Reed y The Stooges. Bajo la tutela del propio Bowie (la relación entre ellos se explica en “The Sacred Triangle”, documental que ya se comentó por aquí) y el impagable trabajo de Mick Ronson como arreglista, crearon “Transformer” (1972) y “Raw Power” (1973) respectivamente, dos trabajos infravalorados en su momento y hoy en día consideradas obras maestras.

También cabe referirse a los New York Dolls, que mezclaron una estética Glam con una actitud y sonido que anticipaban la posterior eclosión del Punk, a Alice Cooper (Glam "avant la lettre", el pionero en esto del maquillaje y la vestimenta estrafalaria) y Kiss.

El cine ha tratado ampliamente y con enfoques diversos la cuestión de la ambigüedad sexual. En Hollywood con películas como “Con faldas y a lo loco” (Billy Wilder, 1959), “Victor o Victoria” (Blake Edwards, 1982), la excelente “Juego de lágrimas” (Neil Jordan, 1992), “Priscilla” (Stephan Elliot, 1994), “Ma vie en rose” (Alain Berliner, 1997), la impactante “Boys don’t cry” (Kimberly Peirce, 1999) o “Transamerica” (Duncan Tucker, 2005), por poner sólo unos ejemplos.

Curiosamente ha habido muy poco interés por un género con grandes posibilidades visuales y narrativas, por lo que la producción cinematográfica directamente relacionada con el Glam es escasa, aunque muy interesante.

En el próximo post hablaremos de ello.

martes, 1 de noviembre de 2011

La santísima trinidad del Rock'n Roll. The Sacred Triangle: Bowie, Iggy & Lou 1971-1973


La programación del Festival Beefeater In-Edit 2011 ofrece un interesante documental, The Sacred Triangle, que narra el encuentro y posterior relación de amistad entre David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, relación que posibilitó la creación de tres discos que se convirtieron en piedras angulares del Rock, en obras clave para entender la cultura Pop del momento: Ziggy Stardust, Transformer y Raw Power.

The Sacred Triangle aporta pocas novedades, pues se centra en un período bastante conocido para repasar algunos episodios ya trillados de finales de los 60 y principios de los 70: el apadrinamiento de The Velvet Underground por parte de Andy Warhol y su actividad en The Factory, los inicios (poco afortunados) de David Bowie en el Show Business y sus desesperados intentos por alcanzar la fama, la arrolladora (e incomprendida) irrupción en el panorama musical del magnético Iggy y The Stooges, la gestación del Glam Rock o la controversia (todavía viva a día de hoy) sobre la (no) producción y mezcla de Raw Power.

A nivel formal el film resulta también bastante ortodoxo: su estructura, construïda alrededor de la combinación de voz en off, testimonios de primera mano y grabaciones en video de la época, es sumamente respetuosa con todos los cánones del género. Aún así sus protagonistas tienen tanta personalidad que es imposible no caer fascinado por mucho que se les conozca. Los testimonios, además, son de primer nivel: una lúcida Jayne/Wayne County, la musa travestida del Underground neoyorquino; Lee Black Childers, el que fuera presidente del sello Mainman, el fotógrafo Billy Name, que vivió en primera persona el apogeo de The Factory o de la divertida Angie Barnett la famosa groupie, modelo y ex-mujer de David Bovie, que se convierte en la estrella indiscutible del documental con su frescura, vehemencia y brutal sinceridad. 

A destacar también las filmaciones de la época (algunas de ellas remasterizadas para la ocasión) como la interpretación de Starman en Top of the Pops, que fue al Glam Rock lo que la aparición de Elvis Presley en el Show de Ed Sullivan al Rock and Roll;  Iggy Pop caminando encima del público en un concierto en Cincinatti; Bowie y Mott the Hopple tocando All the Young Dudes; The Velvet Underground interpretando Venus in Furs; Marc Bolan haciendo lo propio con Get it On o algunas imágenes del último concierto de Ziggy Stardust & The Spiders from Mars.

La conclusión de The Sacred Triangle es que la simbiosis e influencias mutuas entre diferentes artistas (que, por otro lado, han sido una constante en la cultura Pop) fueron un aspecto clave en la configuración de las tendencias musicales de la época: el interés de Bowie por The Velvet Underground (en general muy poco conocidos en las Islas Británicas) le llevó hasta a Nico, que fue quien le habló de Iggy Pop; Reed se puso en manos de Bowie tras fracasar su primer trabajo en solitario pensando que no tenía nada que perder; The Stooges, repudiados por todo el mundo, volvieron a grabar gracias a Mainman, el sello del manager de Bowie,Toni Defries, aunque nunca llegó a entenderlos ni a apoyarlos realmente, por considerarlos una amenaza para su protegido; el concepto visual y artístico de Ziggy Stardust nunca hubiera existido de no ser por Pork, la polémica obra teatral producida por Andy Warhol; la influencia directa de Marc Bolan llevó a Bowie a endurecer su sonido, cosa que significó la popularización del Glam que, junto a la aportación de The Stooges, abrieron la puerta a la posterior eclosión del Punk.

En definitiva, un documental recomendable, sobre todo para los fans del triángulo sagrado aunque, en mi opinión, resulta un tanto superficial y no hace justicia al papel fundamental de Mick Ronson: extraordinario guitarrista de contagiosa energía, alma del sonido de los Spiders from Mars y talentoso arreglista que realizó un grandioso trabajo en el Transformer de Lou Reed. Sin él seguro que esta historia hubiera sido muy diferente.
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