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domingo, 8 de noviembre de 2009

"La maravillosa vida breve de Óscar Wao": Un antihéroe freaky

Junot Díaz (Santo Domingo, 1968) es el autor de esta sorprendente, fresca y tremendamente divertida novela, que el año pasado recibió el premio Pulitzer de narrativa, además de todo tipo de parabienes de la crítica especializada. El (irónico) título hace referencia a su protagonista principal, que sin duda alguna, se ha incorporado ya al Olimpo de los (anti) héroes literarios: un personaje inolvidable que algunos han comparado con el Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios” y que, a pesar de ser el arquetipo de “Nerd” y perdedor, acaba resultando un tipo entrañable y digno en su desesperada, y patética, búsqueda del amor.

En el segundo año de la secundaria, Óscar pesaba unas increíbles 245 libras (260 cuando estaba depre, que era casi siempre), y se les hizo evidente a todos, en especial a su familia, que se había convertido en el pariguayo (neologismo peyorativo a partir del inglés, party watcher, “el que mira las fiestas”) del barrio. No tenía ninguno de los superpoderes del típico varón dominicano, era incapaz de levantar jevas (ligar con chicas) aunque su vida dependiera de ello. No podía practicar deportes, ni jugar al dominó, carecía de coordinación y tiraba la pelota como una hembra. Tampoco tenía destreza para la música ni para el negocio ni para el baile, no tenía picardía, ni rap ni don pa na.

Pero “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” no es una simple narración de las desventuras de un freaky: si rascamos un poco su pátina humorística nos encontramos con una obra que convierte la ironía y el sarcasmo en estrategias narrativas de gran calado, de las que se sirve el autor para, por un lado, llevar a cabo una parodia del realismo mágico característico de algunos autores latinoamericanos y, por otro lado, elaborar un gran fresco sobre la inmigración (sin ahorrar algunas críticas al talante dominicano) y la dramática historia de la República Dominicana bajo la inmisericorde dictadura de Trujillo. En este sentido la novela tiene algunos puntos en común con “La fiesta del chivo”, de Mario Vargas Llosa, que abordó esa parte de la historia del Caribe con mano maestra y un realismo que ponía la piel de gallina.

Para aquellos a los que les faltan los dos segundos obligatorios de historia dominicana: Trujillo, uno de los dictadores más infames del siglo XX, gobernó la República Dominicana entre 1930 y 1961 con una brutalidad despiadada e implacable... Era nuestro Saurón, nuestro Arawn, nuestro propio Darkseid, nuestro dictador para siempre, un personaje tan extraño, tan estrafalario, tan perverso, tan terrible que ni siquiera un escritor de ciencia ficción habría podido inventarlo.

El McGuffin de la novela es el “Fukú” (que según la creencia popular dominicana es una especie de sortilegio, de maldición que trae la desgracia y la infelicidad) que lleva persiguiendo a la familia Cabral desde varias generaciones y del que parece imposible librarse. A partir de aquí, a través de diferentes flashbacks, Junot Díaz va modelando la tragicómica historia de Óscar y de toda su familia, trufada de referencias Pop: comics de Marvel y DC, ciencia ficción, “El señor de los anillos”, juegos de rol, "Star Wars", “Dragones y mazmorras” y un larguísimo etcétera, que casan perfectamente con la idiosincrasia de la novela y que, en algunos casos, logran originales paralelismos con los que Junot Díaz se gana la complicidad (y la sonrisa) del lector.

Sé que he metido mucha fantasía y ciencia ficción en esta mezcla, pero se supone que es la historia verdadera de la Maravillosa Vida Breve de Óscar Wao. ¿No podemos creer que pueda existir una Ybón y que a un bróder como Óscar le haya llegado un poquito de suerte después de veintitrés años? Ahora les toca a ustedes. Pastilla azul, continúan. Pastilla roja, regresan a Matrix.

Narrada con una gracia y dinamismo envidiables en un chispeante “spanglish” (un diez para el excelente trabajo de traducción de la escritora cubana Achy Obejas), “La maravillosa vida breve de Óscar Wao" se lee, a pesar de su extensión, en un suspiro y es, sin ninguna duda, una de las sorpresas más agradables de la literatura hispanoamericana reciente y la confirmación de que la cultura Pop ha calado hondo en el imaginario de muchos escritores jóvenes.

Díaz, Junot. La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Mondadori. Barcelona, 2007

viernes, 17 de julio de 2009

"Watchmen": ¿Una adaptación fallida?


...no es hasta Watchmen, y quizá solamente en Watchmen, cuando guionista y dibujante recaban sobre sí mismos la labor de llevar la historieta un paso más allá, haciendo desde dentro del cómic aquello que sólo puede hacerse en el cómic, un divertimento y a la vez una reflexión, una exploración de sus enormes posibilidades como medio y a la vez un homenaje, un guiño, incluso un sarcasmo. La enorme fuerza de Watchmen, y lo que dificulta su trasvase a otro medio (la novela o el cine) es que nunca deja de ser consciente de su condición de historieta, y que explora y explota los instrumentos de narración del cómic...

Rafael Marín, "W de Watchmen"


La versión cinematográfica de Watchmen no se ha convertido, para disgusto de sus productores, en el Blockbuster que muchos esperaban: a día de hoy lleva recaudados 107 millones de dólares, lejos de los 407 de Batman, el caballero oscuro, de los 403 de Spiderman e incluso por debajo de los 154 de la muy flojita Los cuatro fantásticos, por poner algunos ejemplos de películas basadas en personajes de cómic.

El "problema" de Watchmen es que no se trata de una película de superhéroes al uso, como su campaña de publicidad parecía insinuar: de hecho es un film oscuro, violento y con una notable carga sexual implícita, en definitiva, no apto para todos los públicos.

En realidad la materia prima de la que se parte no es un prodigio de comercialidad: Watchmen, a pesar de ser una obra clave de la historia del cómic, es más una obra de culto que un cómic popular. En este sentido conviene recordar que, a pesar de que se ha comercializado mayoritariamente en formato de novela gráfica, Watchmen fue concebida originalmente en la segunda mitad de los ochenta (en plena crisis creativa y de popularidad del cómic) como una maxi serie limitada de 12 números, por lo que sus personajes carecen de la carga icónica que sí tienen algunos de sus congéneres de DC (Superman o Batman) o Marvel (Spiderman, Iron Man o X-Men), todos ellos en activo ininterrumpidamente desde los años 60 y sus correrías grabadas a fuego en el inconsciente de varias generaciones.

La trama tampoco es un prodigio de acción, ya que el argumento plantea básicamente una reflexión social y política, en la cual los trompazos y decibelios (aunque también los hay en la película) al estilo de los Transformers de Michael Bay están un poco fuera de lugar. Es más, si no se tienen referencias previas o no se ha leido el cómic, la narración puede resultar un tanto extraña y "fría". A todo ello hay que añadir que el aspecto Camp (e incluso ridículo) de los uniformes de los Minutemen difícilmente puede captar la atención de un público acostumbrado a todo tipo de gadgets tecnológicos que, además, posiblemente no esté familiarizado con los personajes. Visto lo visto, pues, es casi lógico que Watchmen haya pinchado en taquilla.

Dejando de lado el aspecto comercial de la película, cabe plantearse si desde una perspectiva, digamos, "artística" Watchmen es una buena película. Antes que nada hay que partir de la base que el cómic original es muy difícil de trasladar fielmente a otro formato, como pone de manifiesto Rafael Marín en su excelente libro W de Watchmen (publicado por Dolmen Editorial), que disecciona de manera impecable el proceso de gestación y creación del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons. Watchmen es como una cebolla: quitas una capa y debajo queda otra, y debajo de ésta otra, otra más y así sucesivamente; cada nueva lectura revela detalles que habían pasado desapercibidos; cada página tiene un subtexto camuflado: hay tal cantidad de guiños literarios, artísticos, políticos, sociales, etc. que es materialmente imposible trasladarlos al celuloide.

Dicho esto, comentar que Zack Snyder es un director con talento, como ya demostró en la hiperbólica 300 y, anteriormente, en su opera prima El amanecer de los muertos, el excelente remake de La noche de los muertos vivientes, cuyos diez primeros minutos, un prodigio de tensión dramática, garra y eficacia narrativa, son de lo mejor que se ha visto en una pantalla en los últimos años.
Snyder repite la jugada y vuelve a demostrar su buena mano para las intros: si en El amanecer de los muertos conseguía poner los pelos de punta con los créditos iniciales a ritmo de When the Man Comes Around de Johnny Cash, en Watchmen utiliza una profética The Times They Are a-Changin' de Bob Dylan para ilustrar, en una demostración de síntesis narrativa, el auge y caida de los Minutemen, y contextualizar la trama del film.

Visualmente el film es excelente, en especial las escenas en Marte, y aunque algunos críticos han reprochado a Snyder el abuso del Bullet Time (la ralentización de las imágenes que Matrix puso de moda) y una "espectacularización" excesiva, lo cierto es que la película recrea el ambiente del cómic original de una manera muy respetuosa. Respecto al casting pienso que en general es un acierto, especialmente los papeles de Billy Crudup (Dr. Manhattan) y de un impresionante Jackie Earle Haley (Rorschach).

En cuanto a la narración, hay que decir que fluye de manera muy natural y sin tiempos muertos, a pesar de sus dos horas y media largas de duración e incluso el cambio de final resulta muy coherente con el resto de la película y me parece una mejora (¡Sacrilegio!) respecto del original. Hay que agradecerle también al director que haya renunciado a "infantilizar" el film, tendencia desgraciadamente muy habitual en las películas basadas en cómics, en favor de una perspectiva más "adulta".

En definitiva: Watchmen es una película notable y Snyder ha llevado a cabo posiblemente una de las mejores adaptaciones que se podían hacer, aunque habrá que esperar al Director's Cut en DVD (que superará las tres horas) para corroborarlo.



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