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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Hoggboy: lo que pudo haber sido y no fue



Hoggboy fueron una interesante banda británica de corta vida, apenas cuatro años (2001-2005). Surgidos a rebufo del revival rockero de principios de los 2000 junto a grupos como The Strokes, The White Stripes, Jet, The Vines, B.R.M.C o Yeah Yeah Yeahs, poco tenían que ver con sus contemporáneos ingleses (exceptuando quizá los Libertines). Con un sonido más cercano al rock básico de toda la vida que al Britpop, tenían, en cambio, buena mano para melodías pegadizas y estribillos.

Formados en Sheffield, pronto llamaron la atención de Richard Hawley, músico y productor y paisano suyo, quien se encargó de la producción, junto con Chris Thomas (productor del "Never Mind the Bollocks" de los Sex Pistols), del primer trabajo de la banda: "Or 8?", editado en 2002.

Su disco de debut es notable: una producción muy limpia para temas cortos, directos, guitarreros y con un punto Glam como "Left & Right", "Urgh" o "So Young"; canciones irresistibles como "Gonna Take Me a While" o "Upside Down", un medio tiempo más pop, "Don't Get Lost", e incluso una instrumental, la garagera "Call Me Suck". A todo ello hay que añadir la personalidad de Tom Hogg, típico cantante de escuela británica, muy melódico, y excelente frontman.





Los singles de "Or8?" tuvieron cierta repercusión en los medios británicos (a pesar del tradicional menosprecio hacia las bandas de rock más clásico), siempre a la búsqueda y captura del nuevo hype patrio. Lo cierto es que la banda trabajó duramente en el período 2002-2003 para darse a conocer: girando por todo el mundo como teloneros de The Strokes, The Donnas y The White Stripes o actuando en festivales como Reading/Leeds o en el London Calling. Su hiperactividad les trajo también aquí, donde actuaron en el FIB y en los festivales SantiRock y Wintercase, recibiendo buenas críticas por su solvencia en directo.

Entre gira y gira aprovecharon para componer los temas de su segundo disco "Seven Miles of Love", publicado en 2004. Tan bueno e inmediato como el primero, algo más duro y contundente, quizás, pero igualmente infestado de melodías y estribillos para recordar: la inicial "400 boys", "Get There", "Shoot Me", con el deje "arrastrao" de Hogg que la convierte en un excelente tema, o las más poperas "Hello" (en la que parecen unos B-52 pasados de vueltas) o "Come Home".





Su final fue el mismo que el de tantos otros: disensiones internas, cansancio acumulado tras interminables giras y frustración por la poca repercusión obtenida y ver que la cresta de la ola les había pasado por encima: en el mundo de la música, especialmente en el Reino Unido, a veces vale más caer en gracia que ser gracioso. Una lástima porque lo cierto es que eran una banda con mucho potencial y sus dos únicos discos son francamente buenos: bastantes años después siguen sonando frescos y vigentes. 


sábado, 5 de noviembre de 2011

Rock de Lux nº 300: Tres décadas de música en imágenes


Si hace justo dos años la revista Rock de Lux publicaba un número especial para conmemorar su 25 aniversario, este mes celebra la aparición de su ejemplar número 300 y lo hace a lo grande, con un monográfico visual que es una auténtica joya y que repasa, a traves de más de trescientas fotos, casi treinta años de música nacional e internacional.

Las fotografías son de lo más variado, protagonizadas por artistas de muy diferentes estilos: clásicos del Pop y el Rock, flamencos, jóvenes Indies, músicos africanos, etc. y abarcan mayoritariamente actuaciones en directo aunque también podremos encontrar “posados” o escenas más o menos cotidianas.

Entre las fotografías “Live” destacaría la de Neil Young & Crazy Horse en pleno frenesí guitarrero en el concierto de Barcelona que representó su debut en España; una colorista M.I.A., de una actuación en Madrid en 2010; Miles Davis, en una de sus características poses ajeno a todo, casi autista, mirando al suelo; The Cramps, con un Lux Interior haciendo de las suyas en un concierto de 1990 en Zeleste; un alucinado Pete Doherty con los Babyshambles en el Primavera Sound; Nusrat Fateh Ali Khan en trance en el Mercat de les Flors de Barcelona; Tom Waits en su fantástico concierto en Barcelona hace tres años o Nirvana en su actuación de 1994 en Barcelona, un par de meses antes del suicidio de Kurt Cobain.

Entre los retratos, me gustan especialmente los de Kim Gordon (Sonic Youth), Camarón y, sobre todo, una impresionante fotografía de un fantasmagórico y demacrado Antonio Vega. Me han parecida también especialmente buenos los “posados” de Hidrogenesse en blanco y negro, en una foto tomada en el Parc de la Ciutadella que es casi una escena salida de un cuadro prerrafelita o la de un encuentro entre Cristina Rosenvinge y Raül Fernández (Refree).

La verdad es que es un documento que no tiene desperdicio aunque yo me quedaría (es una debilidad personal) con un set de diferentes fotos (tomadas entre 1992 y 2011) de la siempre fascinante PJ Harvey, que ponen de manifiesto su magnetismo y personalidad camaleónica.

Al final del número se ofrece también un índice de todas las fotografías y el contexto en el que fueron tomadas, la mayoría de ellas por colaboradores habituales de la revista como Jordi Fàbregas, Juan Pérez-Fajardo, Óscar Giralt, Juan Sala o Francesc Fàbregas. Sirva también este post como homenaje a los fotógrafos cuya tarea, no siempre reconocida y recompensada, es imprescindible para documentar y mantener viva la memoria de la historia del Pop.

sábado, 13 de marzo de 2010

Madman: Bienvenidos al universo lisérgico de Mike Allred


Me mola el Rock'n'Roll. Me mola el cine. Me mola el cine. Me mola la literatura. Me molan los libros de arte. Pero he de reconocer que probablemente lo que más me mola son los cómics. ¿Por qué? Una vez más la explicación es muy sencilla. Los cómics son capaces de aunar todos los elementos divertidos y emocionantes que atesora, prácticamente, cualquier otro medio artístico de la cultura Pop.

Esta afirmación, que un servidor suscribe casi al pie de la letra, es de Michael Allred, uno de los más interesantes y originales autores de cómic de la actualidad. Ha trabajado para los dos principales editoriales, DC y Marvel, para la que publicó una de sus obras más conocidas: X-Force y su secuela X-Statix, una parodia de X-Men donde el tándem creativo que formó con el guionista Peter Milligan ofreció una visión rompedora del universo de los superhéroes: cínica, amoral y repleta de humor surrealista. X-Statix generó cierta polémica en su momento a causa de la anunciada aparición en el número 15 de una resucitada Diana de Gales en el papel de superheroina. El revuelo que se armó fue tal que la siempre conservadora Marvel obligó a los autores a modificar el aspecto original que se había previsto para el personaje para evitar posibles problemas legales.

A pesar de la fama obtenida con X-Statix, su obra más personal, y con la que se inició en el mundo del cómic es Madman, una obra absolutamente Pop, publicada originalmente en USA por Image Comics a partir de 1992, que Planeta ha editado en España en forma de tomos recopilatorios. De momento están disponibles dos volúmenes y está previsto que un tercero salga a la venta durante el 2010: el primero recoge la primera serie de Madman, todavía en blanco y negro y la posterior Madman Adventures, ya en color que recopila las series Madman Comics del 1 al 11.

El argumento de las series gira en torno a Frank "Madman" Einstein, un ciudadano normal fallecido y resucitado, gracias a los buenos oficios los Doctores Boiffard y Lem (ambos dos pelín chiflados), que se convierte en un superhéroe bastante peculiar que utiliza yo-yos, pistolas de juguete y un tirachinas como armas (?).

A partir de aquí historias rocambolescas y disparatadas, dignas de la mejor/peor serie B, repletas de extraterrestres, robots, dinosaurios, viajes en el tiempo, organizaciones que pretenden conquistar el mundo, etc. Al mismo tiempo el protagonista tiene serios problemas metafísicos y su reflexiones filosóficas (normalmente bastante simplonas), al estilo de Silver Surfer son frecuentes: no recuerda nada de su vida anterior, se pregunta a menudo por el sentido de la vida y de las cosas y duda de su relación con la guapísima Joe, perdidamente enamorada de él.

La evolución de Allred se va viendo a lo largo de los dos tomos: si la primera serie Madman presenta un estilo narrativa y gráficamente titubeante, las series siguientes representan una consolidación de su peculiar estilo y descubren un dibujante con hechuras y muy fresco, de trazo grueso y sencillo, una especie de mezcla entre el maestro Jack Kirby (su influencia principal) y Charles Burns.

Su originalidad formal, muy alejada del fotorrealismo y del photoshop que tanto abundan en el cómic actual, se ve resaltada por el buen trabajo de Laura Allred, su esposa y entintadora habitual, que basa su trabajo casi exclusivamente en tintas planas y colores primarios, un formato muy Pop y exuberante que encaja perfectamente con el tono de la obra.

Por si el propio Allred no fuera motivo suficiente aliciente para leer Madman, ambos volúmenes ofrecen un interesante Bonus: el primero una sección extra de ilustraciones sobre el personaje a cargo de ilustres colegas de profesión como Jim Lee, Todd McFarlane, Moebius, Walt Simonson, John Byrne o Sergio Aragonés. En el segundo aparecen dos invitados muy especiales: Hellboy (el personaje creado por Mike Mignola) en Madman 5 y Big Guy (el robot obra de Frank Miller y el espectacular dibujante Geoff Darrow) en Madman 6 y 7, episodios dialogados por el propio Miller.

Además también podemos encontrar diferentes Pin-Ups del personaje a cargo de Geof Darrow, Chris Ware, Frank Miller o Joe Kubert y una galería extra de ilustraciones con dibujos de Peter Bagge y Matt Wagner, entre otros.
Madman, pues, es un cómic más que recomendable: muy fresco y con diversión y locura a raudales.


lunes, 7 de diciembre de 2009

La última década según New Musical Express



Si hace unos días hablábamos del 25 aniversario de Rockdelux, hoy toca hacerlo de NME, la bíblia de los hypes del Britpop, que en su último número de noviembre lleva a cabo también un repaso de la década musical 2000-2009 a través de un Top 50 de discos y diversos artículos de fondo, donde se comentan los aspectos más significativos de este periodo.

Los diez trabajos más destacados de la década serían: Is This It, de The Strokes; Up The Bracket, de The Libertines; XTRMNTR, de Primal Scream; Wathever People Say I Am... de Arctic Monkeys; Fever to Tell, de Yeah Yeah Yeahs; Stories From The City..., de PJ Harvey; Funeral, de Arcade Fire; Turn On the Bright Lights, de Interpol; Original Pirate Material, de The Streets y, finalmente, In Rainbows, de Radiohead que, junto a White Stripes, Arcade Funeral y Libertines, han colocado dos discos en el Top 50.

En principio el Top 10, conociendo la linea editorial de la revista, es bastante lógico aunque no deja de sorprender encontrarse con tres bandas norteamericanas y una canadiense ya que NME suele "barrer para casa" y en estos 10 años han surgido muchos grupos de las Islas Británicas que hubieran podido estar ahí. La lista de RockdeLux y la de NME son bastante coincidentes y muchos nombres (Wilco, LCD Soundsystem, The Avalanches, Arcade Fire, The White Stripes, M.I.A., Outkast) se repiten en ambas publicaciones (en distintas posiciones), aunque en general Rockdelux se decante más hacia sonidos de vanguardia y electrónicos y NME por el Pop y el Rock británicos.

Otros elementos que llaman la atención de la lista son por un lado la ausencia casi total de artistas clásicos o veteranos, exceptuando el American IV: The Man Comes Around, de Johnny Cash, que suena más a homenaje que a otra cosa, (aunque quízá Primal Scream, Spiritualized y The Delgados pudieran entrar ya en esta categoría); por otro lado la inclusión de Songs for the Deaf, de Queens of the Stone Age y Relationship of Command, de At-The Drive In, una concesión a sonidos más "duros" que no es muy habitual en NME y, finalmente, la inexplicable ausencia de Franz Ferdinand, uno de los grupos más interesantes de la actualidad y con una trayectoría, vista en perspectiva, más destacada y consistente que, por ejemplo, The Klaxons o Bloc Party que sí aparecen en el Top 50.

En cuanto a los artículos de fondo, a pesar de no ser muy extensos, son bastante interesantes:

En The Casablancas Generation se analiza el impacto de la aparición de The Strokes con el excelente Is This It, disco buenísimo y adrenalínico que desgraciadamente no tuvo continuidad, y la influencia de su sonido y actitud en bandas posteriores como The Libertines o Arctic Monkeys. NME se deshace en elogios hacia la banda que personalmente comparto al 100%.

The Strokes were not always perfect: their interviews were often boring as fuck, their second album was flawed. But what they encapsulated and gave back to us for that first amazing couple of years was that sense of rock'n'roll being a 24-7, living-for-the-moment lifestyle choice comprised of clothes, fucking, snorting, drinking, dancing and great records in equal mesure... The Strokes' gift to the world was to make it fall in love with rock'n'roll once again...

Sound of the Overground hace un repaso del pop de consumo masivo y de cómo, gracias al trabajo de productores/compositores como Xenomania, Timbaland o The Neptunes, que se han arriesgado a la hora de tomar elementos de la electrónica, del Hip-Hop o de las tendencias Dance más novedosas, se han creado canciones comerciales pero con un estándar de calidad bastante alto.

En Getting with the Programme se constata la paradoja de que, a pesar de la práctica desaparición de la música en la televisión (Top of the Pops y CD:UK ya no se emiten, la MTV cada vez dedica menos espacio a la música), la aparición de programas de comedia como The Mighty Boosh o Flight of the Conchords o la inclusión de música Pop y Rock en la banda sonora de series como The Wire, Entourage, Skins, The OC o Grey's Anatomy, implica que en muchos casos la música funcione como un aspecto clave en su desarrollo y acaben llegando al gran público de una manera, incluso, más eficaz que en espacios específicamente musicales.

The emotional resonance and inherent drama of music is now being used as a vital part of visual storytelling and has finally started to be taken seriously... Rather than being the decade music TV died, it's the decade TV became a lot more rock'n'roll -and sophisticated in doing so.

Everybody's gone surfing no ofrece nada nuevo bajo el sol: se realiza el inevitable análisis de la influencia de internet (con nombres como Napster, Twitter, YouTube, Spotify, MySpace o Facebook) respecto al consumo y producción de música y a los nuevos canales de relación entre las bandas y su público.

Por su parte, Terrorised Sounds es una interesante reflexión sobre de qué manera se reflejó el 11-S en el mundo de la música. La conclusión de la revista es bastante contundente: quitando algunas excepciones, todo lo que se compuso acerca de ello fue basura. El artículo termina con una recomendación que no deja lugar a dudas sobre su posición:

See, we'd never suggest our musicians should be apolitical and it's a basic principle of all great art to comment on the influence of the world around you. But it would be helpful for musicians to remember that they're rarely the kind of intellects that can understand the complexities of foreign policy and often just idiots with guitars and drug habits.

En Friends (?) reunited se repasan las principales giras de "reunión" de bandas desaparecidas, como Led Zeppelin, Rage Against the Machine, Blur, The Stooges, etc. desde una perspectiva bastante cínica y descreida:

Of course no-one who checked the likes of Dinosaur Jr, Sex Pistols, Smashing Pumpkins or Gang of Four off of their things-to-see-before-you-die list could then turn aorund and criticise them for giving it a go again. But more broadly, reunions have become a symptom of the creeping conservatism that's now taken hold over our generation... Consumer-culture has fulfilled a lot of our wishes, but as ever what we want isn't the same as what we really need.

Finalmente, Sex, Drugs and Red Tops es una reflexión del papel de los tabloides británicos (The Sun y compañía) en el proceso de construcción de la imagen de los músicos famosos que, mediante un determinado tratamiento de los escándalos (con Amy Winehouse y Pete Doherty en el Top 1 ex aequo), crea una falsa mitología que acaba retroalimentando al mundo de la música.

Once more, the tabloids were in thrall to a scen which had music at its beginning but mere fame as its end, and their gossip columnists camped out among the faux-urchins. The consequence of this spectacle for "Indie" music was that you no longer had to actually be a talented, cool musician to be a success, you just had to appear to be one... Sadly, it seems this is the model established for many British bands now, where the driving force behind writing songs is no frustration or desperation or inspiration, but simply to attain the lifestyle of "Being In A Band".

Ahora toca esperar la habitual avalancha de listas con "lo mejor del año" que publicarán en breve todas las revistas musicales. Supongo que alguna la comentaremos por aquí...

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Una teoría del Rock?



La música popular contemporánea (lo que entenderíamos como rock y pop) es, indudablemente, uno de los fenómenos culturales más excitantes de la segunda mitad del s. XX y, en mi opinión, está al mismo nivel que el cine, la literatura o el arte. A pesar de que tradicionalmente ha sido considerada como algo propio de la llamada baja cultura, hoy en día no tiene demasiado sentido establecer jerarquías culturales, como comentaba en un post anterior. Del mismo modo, pues, que existen estudios y teorías literaria, artística y cinematogràfica, parece lógico pensar que debiera existir también una disciplina que se encargara específicamente de estudiar este género, que únicamente y de refilón ha sido abordado por la teoría cultural; variadas y poderosas razones habría para ello.

Por su valor intrínseco: la música produce placer y desde siempre ha sido un elemento básico para proporcionar diversión, entretenimiento y, también, reflexión. Su evolución, además, la ha convertido en un fenómeno dinámico y digno de estudio por su capacidad de diversificación y adaptación, sobre todo a partir de la introducción de avances tecnológicos: electrificación/amplificación de los instrumentos, creación de aparatos capaces de generar nuevos sonidos (sintetizador, sampler, etc.), incorporación de medios digitales, etc.

Por su papel como medio de comunicación: En muchas ocasiones la música se ha convertido en un altavoz para denunciar problemas y expresar inquietudes de determinados colectivos. La música negra de los años 60 y principios de los 70 sería un referente muy claro: Aretha Franklin y su canción Respect; James Brown cantando Say it Loud, I’m Black and I’m Proud; Marvin Gaye enfrentándose a su compañía, que se negaba a publicar su obra maestra What’s Going On por ser demasiado “comprometida” (aunque paradójicamente fue el disco más vendido de Motown en toda su historia); Sly and The Family Stone, con su disco There’s a Riot Going On o Curtis Mayfield con Superfly. Todos ellos denunciaron la marginación que sufría la población negra durante esa época y fueron un elemento clave en la lucha por los derechos civiles.

Otro referente más cercano es el Hip-Hop, sobre el que el periodista Juan Pascual, a principios de los años 90, afirmaba en la revista "RockdeLux":

“Es habitual atacar al Rap por sus connotaciones violentas, adaptando esa idea tan extendida de matar al mensajero cuando no nos gusta lo que dice en vez de intentar entender su mensaje. Un mensaje necesariamente poco agradable si tenemos en cuenta la realidad cotidiana que pretende reflejar; unos cuantos datos: entre los hombres de raza negra de entre 16 y 34 años, el asesinato es la principal causa de muerte, generalmente a manos de miembros de su propia raza. La mitad de la población reclusa de los Estados Unidos es de raza negra. El impacto del paro, la pobreza y las drogas afecta enormemente a la estructura familiar, base tradicional de los valores de la comunidad y clave para su supervivencia”.

Así pues, la música ha funcionado también como una especie de “telediario” (siempre es bueno buscar alternativas a la Fox...) que permite saber, parafraseando a Marvin Gaye, qué está pasando.

Por ser un motor de cambio: la música ha actuado a menudo como catalizador de cambio o conflicto social: la eclosión del Rock'n Roll, personificada en la actuación televisada de Elvis Presley en el programa de Ed Sullivan, produjo un impacto brutal en la conservadora sociedad norteamericana. “El efecto que el Rock’n Roll produce en los jóvenes es el de convertirlos en adoradores del diablo, en el de estimular su expresividad a través del sexo". De esta manera se expresaba (y no se rían, que lo decía en serio) en 1956 el reverendo Albert Carter, uno de los máximos dirigentes de la Iglesia Pentecostista americana.

El final de la II Guerra Mundial originó un conflicto moral, provocado por el tránsito de una sociedad rural a una sociedad urbana y por el deseo de independencia de los jóvenes norteamericanos, este conflicto representó una ruptura de los valores morales tradicionales y puritanos de la sociedad. En este sentido, los jóvenes no dudaron en utilizar el Rock'n Roll como arma en esa guerra generacional que se estaba librando. La influencia de la música fue tan grande que muchos rasgos culturales urbanos, considerados lumpen, propios de subculturas juveniles, de gangs de pseudodelincuentes o, directamente, de “negros”, como lenguajes en argot, determinadas maneras de vestir, etc. fueron adoptados por jóvenes de cualquier extracción social. De hecho “Rock’n Roll” era el término que se utilizaba en algunas comunidades negras para referirse al noble arte del fornicio.

Por ser productora de significado y cultura: la música ha sido siempre un elemento imprescindible para entender fenómenos como el ya mencionado cambio social de postguerra, la contracultura de los años 60, la crisis del petróleo de los 70 o la cultura Rave y el consumo de drogas sintéticas de los 90, ademas de ser un elemento importante en la configuración de la identidad entre los jóvenes.

Por su capacidad de transgresión: Todos los elementos comentados están estrechamente relacionados entre sí, aunque posiblemente uno de los rasgos destacables de la música popular sea su potencial capacidad transgresora aunque, como ya comenté en este mismo espacio, parece estar en vías de extinción. En este sentido la actitud de del público también ha ido cambiando y la música ya no es un instrumento para desafiar al “sistema” (al menos no de manera explícita): el carácter hedonista propio de la postmodernidad ha acabado convirtiéndola en un elemento más de ocio y evasión, es el signo de los tiempos... Pero, ¿sería esto algo negativo? Como todo en la vida, depende de cómo se mire, hace ya bastantes años Rafa Cervera, crítico musical y director de la revista "Ruta 66" escribió:

“Hoy en día los comentarios sobre el Punk tienden a un aburrido punto en común; no sirvió de nada... No estoy de acuerdo. Desde la perspectiva actual es fácil emitir tales juicios. La era Punk, como la Hippy, llegó para cambiar las cosas y, por supuesto, no lo consiguió. Claro que tampoco ganaron ninguna revolución Elvis ni los Beatles así que, ¿por qué ese desprecio hacia aquellos que se atrevieron a desafiar al sistema, aún cuando acabaron siendo absorbidos por él? No es justo intentar reírse del Punk porque fue algo que acabó al servicio de aquello que supuestamente combatía. No es justo negarle todos sus valores... en este caso, como en todos los que han hecho posible el Rock a lo largo de la historia, importan la intención y los medios... Si la música Punk te hace saltar del sofá, logra que los nervios se te disparen y te afecta de tal manera que acabas por coger una batería y dar la murga en los ratos libres, o mandas a la mierda al ser que más te da la tabarra, bueno... eso tiene que ver con el espíritu del Punk."

Y además, añado, se queda uno muy a gusto...

A pesar de todo lo expuesto, parece complicado esperar la creación de una "ciencia" del Rock que responda a los cánones tradicionales. Uno de los pocos estudiosos de la música popular contemporánea del país, el poeta y experto en comunicación audiovisual Joan Elies Adell lo tiene claro:

"Parece, en muchos casos, que discutir públicamente de música popular contemporánea, con su carácter inevitablemente social, tenga mucho que ver con una especie de violación de la regla clásica de la distancia estética, al mezclar lo subjetivo, lo personal, lo irracional, lo intuitivo con el carácter social, objetivo e ideológico que forma parte de la esfera pública... la música no es "solo" una tecnología social que produce o reproduce significados, valores, e imágenes para los receptores; sino que, también, a diferencia de la influencia ejercida por la música "clásica", puede inyectar en la música un sentido de lo personal, de lo político y de lo social...".

Aunque, bien mirado, no es que tampoco haga mucha falta: el peso específico del pop y el rock en la configuración de las sociedades modernas es innegable, por muy de "baja cultura" que sea considerado, convertirlo en una disciplina, más o menos, académica atentaría quizá contra su propio espíritu.

Adell, J.E. La música popular contemporánea y la construcción de sentido. Revista Transcultural de Música en: www.sibetrans.com/trans/trans3/adell.htm

sábado, 28 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (tercera parte)



Continuamos con el repaso de este número conmemorativo con el excelente artículo redactado por Joan Pons dedicado a la ficción televisiva, que, en sus propias palabras, se ha convertido por méritos propios en un fenómeno cultural y espacio creativo de primera categoría. Las series destacadas, por diferentes razones, han sido: Los Soprano, sin ninguna duda la que inició la edad de oro del género, Mad Men, Deadwood, el fenómeno masivo Lost, la interesante Battlestar Galactica, 24, Larry David, The Office (versión inglesa) y, finalmente, la imprescindible The Wire.

Aunque quizá, en su línea innovadora, la iniciativa más interesante haya sido la propuesta a diferentes dibujantes de cómic y artistas gráficos para que plasmaran su visión de los mejores 15 singles de la década, cada uno con su estilo. Así, Nacho Antolín se encarga del núm. 1 Get Ur Freak On, de Missy Elliot; el expresivo Paco Alcázar de Hey Ya!, de Outkast; Juanjo Sáez, colaborador habitual de la revista ilustra con su particular estilo Losing My Edge, de LCD Soundsystem; Pepo Pérez hace lo propio con una atractiva ilustración para Paper Planes, de M.I.A.; al polifacético Txarly Brown le toca Crazy, de Gnarls Barkley; Joaquín Reyes (si, el de Muchachada Nui) dibuja para Crazy in Love, de la diva Beyoncé y Fermín Solís para Blind, de Hercules and Love Affair. Por su parte, Sonia Pulido realiza un curioso dibujo en homenaje a Take Me Out, de Franz Ferdinand, al igual que el sorprendente Paco Roca con Imitation of Life, de R.E.M.; Miguel Á. Martín lidia con Music, de Madonna, Rafamateo se encargó de Can't Get You Out of My Head, de Kylie Minogue; Sequeiros con Umbrella, de Rihanna. Finalmente, lo tres últimos son Hard to Explain, de The Strokes, con un dibujo de trazo expresionista a cargo de Javier Olivares (para mi gusto uno de los mejores) Since I Left You de The Avalanches para Jordi Labanda, fiel a su estilo "pijo" y un clásico, Gallardo, remata la faena con Viva la vida de Coldplay.

Comentar también dos excelentes artículos de fondo: El clic prodigioso, firmado por Pablo Gil, que realiza una lúcida reflexión  sobre el impacto de las tecnologías digitales sobre los procesos de creación y distribución de música y La industria musical española después del tsunami, de Nando Cruz que, siguiendo la línea del artículo anterior, hace un resumen de la evolución de la misma en estos últimos 10 años, constata la paradoja que uno de los momentos creativos más dulces coincide con el momento en que menos música se vende y recoge las opiniones de profesionales del sector (programadores, directores de festival, dueños y directivos de sellos discográficos, etc.), que aportan luz sobre el tema con sus propias experiencias. En este sentido, destacar el discurso directo y desmitificador del veterano Mario Pacheco (director de Nuevos Medios, uno de los sellos nacionales más prestigiosos):

"No hay que pensar tanto en los factores tecnológicos e industriales que nos han absorbido últimamente sino en lo que pasa por las cabezas de la gente: hacia dónde va el pop como fenómeno cultural, no como producto de consumo. Nos hemos olvidado de qué estamos haciendo, qué quiere oir la gente, qué quiere hacer el músico. Luego, si se vende en vinilo o casete, ya ves tú qué importancia. ¿Por qué tanta polémica? ¿Por qué se han llenado tantas páginas? ¿Por qué he de discutir con un señor que dice que de las cenizas de un mundo antiguo surgira uno nuevo? Yo solo quiero grabar cuatro cancioncitas. No estoy filosofando sobre el futuro del planeta. ¡Es muy fácil! Grabas a un músico, sacas el disco y pasas la boina".

Ya para terminar, aplaudir la linea que ha seguido la revista durante estos últimos años: innovadora en forma (una maquetación y diseño excelentes) y contenidos, rigurosa y con conocimiento de causa (aunque no se coincida con los gustos de los redactores) y siempre abierta a incorporar temas no estrictamente relacionados con la música, como crítica de comics y literatura e, incluso, artículos de opinión sobre temas sociales y políticos, que en ocasiones, han creado controversia entre los propios lectores.

Feliz cumpleaños, pues, y a esperar las bodas de oro.

martes, 30 de junio de 2009

El niño perdido de Neverland

Mucho se ha escrito, y se escribirá, sobre la muerte de Michael Jackson. A pesar de que el personaje público, elevado a la categoría de freaky a causa de sus excentricidades, posiblemente acabe fagocitando al artista, es innegable que Jacko ha sido uno de los iconos Pop de los años 80 y 90.

Es por ello que me gustaría recuperar algunos fragmentos del excelente artículo Michael Jackson, de Gerri Hirshey, publicado originalmente en 1983 en la revista Rolling Stone y que apareció en castellano formando parte del libro Lo mejor de Rolling Stone, editado por Ediciones B en 1995. 26 años después, este artículo ofrece una aproximación al artista y a la persona que se escondían detrás del hombre del guante.

"Vamos allá, chicos." Con esta frase reunía Joe Jackson a sus hijos Jackie, Tito, Jermaine, Marlon y Michael. El "vamos allá" ha venido repitiéndose durante más de las tres cuartas partes de la vida de Michael, en todas las reuniones previas a los conciertos de los hermanos, primero como los Jackson Five en la Motown y ahora como los Jacksons en la Epic. Michael y los Jacksons han vendido cerca de cien millones de discos. De sus dos docenas de singles con la Motown, seis fueron de platino y otros diez de oro. Sólo tenía once años cuando, en 1970, su primer éxito, I Want You Back, desplazó del número uno al Raindrops Keep Fallin' on My Head de B.J. Thomas.

- Es tan mágico... -dice Michael, refiriéndose a James Brown, y reconoce que para su peculiar coreografía se ha inspirado en los movimientos del Padrino sobre el escenario-. Yo estaba entre bastidores cuando tenía seis o siete años. Me sentaba allí y le observaba.

El parvulario de Michael fue el sótano del teatro Apollo de Harlem. Era demasiado tímido para dirigirse a los artistas que seguían a la actuación de los Jackson Five... que iban desde Jackie Wilson a Gladys Knight, pasando por las Temptations y Etta James. Pero sentía la necesidad de ver todo lo que hacían: cómo James Brown se deslizaba, daba media vuelta y saltaba y aún le daba tiempo a repetirlo antes de que el micrófono tocase el suelo.

Durante los últimos meses se le ha visto trabajando en tres proyectos: su recientemente editado Thriller, el trabajo que desarrolla con Paul McCartney, que incluirá dos colaboraciones Jackson-McCartney, Say, Say, Say y The Man, y la narración y una canción de la banda sonora de E.T., para el director Steven Spielberg. En los ratos libres ha escrito y producido el single de Diana Ross Muscles. Es sin duda un joven dinámico. Ya está mirando más alla del álbum que tiene previsto editar con los Jacksons este invierno. Hay la posibilidad de realizar una gira en primavera. Y después están las películas. Desde que hizo el papel de espantapájaros en The Wiz tiene el dormitorio abarrotado de guiones.

- Lo controla todo -dice Spielberg-. A veces a los demás les parece que oscila al borde de la penumbra, que es frágil, pero detrás de todo lo que hace existe una enorme y consciente tenacidad. Es muy calculador acerca de su carrera y de las decisiones que toma. Creo que es un hombre con dos personalidades.

En el estudio, Quincy Jones (productor de los discos Off the Wall y Thriller) observó que su profesionalidad había madurado. De hecho, el olfato de Michael para lo que le conviene es tal que Jones empezó a llamarle Sabueso Afortunado y cuando un conflicto entre sus empresas puso en cuarentena su colaboración, Sabueso no se inmutó y dirigió el oído hacia sus propios ritmos. Y en verdad, las piezas más memorables de Off the Wall son las melodías bailables compuestas por Jackson. Working Day and Night, con sus compases de resposo y su puntuación marcada sólo podía haber sido compuesta por un bailarín. Don't Stop'Til You Get Enough, el single más vendido del álbum, está también a caballo entre la moderación y el desenfreno.

Una criatura como Michael es el perfecto híbrido Pop para los años ochenta. El público marginal no se asusta de las letras groseras. Y los privilegiados que bailan en los barrios altos pueden saltar y deslizarse por las enceradas pistas de baile. Thriller es tan ecléctico que incluye cantos africanos y algo de excelente guitarreo macho-rock de Eddie Van Halen. Ahora le han puesto la etiqueta de Pop-Soul. Michael dice que da igual cómo le llamen. Para él sigue siendo un misterio de dónde sale todo esto... así como el propio proceso creativo.

"Es una persona sumamente frágil. Creo que para él el simple hecho de ir por la vida, de entrar en contacto con gente, es muy duro, por no hablar de preocuparse de adónde va el mundo.

..."¿Sabes una cosa? Las paredes de mi cuarto están llenas de dibujos de Peter Pan. He leído todo lo que escribió [el autor J.M.] Barrie. Me siento completamente identificado con Peter Pan, el chico perdido del país de Nunca Jamás."

- Tú bailas en público. Claro que lo haces, por toda tu página de Rolling Stone. También tú necesitas actuar. Pero cuando lo has hecho puedes correr a esconderte. Nadie te persigue.
Michael me dejó de piedra . Se echó a reir y me puso una mano en el hombro.
- Créeme lo que te digo... no sabes lo afortunado que eres.

Textos extraidos de:
Lo mejor de Rolling Stone. Una lúcida crónica de nuestro tiempo. Ediciones B. Barcelona, 1995.

domingo, 28 de junio de 2009

Deconstruyendo al Sargento Pimienta


...La cultura popular es esencialmente urbana y propia de la gran sociedad industrial, a la que afecta en su totalidad, y no puede comprenderse si no es en su relación simbólica de conflicto con respecto a una “alta cultura” –igualmente indefinible si no es por contraste con la cultura popular– que se deriva de las restricciones de acceso a la educación profesional superior de una parte mayoritaria de la población.
José Luis Pardo


Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas, es un denso y estimulante ensayo de José Luis Pardo (Madrid, 1954), profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y autor de diversos libros, entre los que destaca La regla del juego, con el que ganó el Premio Nacional de Ensayo en el año 2005.

Con la ya mítica portada del disco Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band como leit motiv, Pardo mete en una coctelera a, entre muchos otros, The Beatles, Oscar Wilde, Don McLean, Nietzsche, Marilyn Monroe, Bob Dylan, el Coyote y el Correcaminos, Karl Marx, Jack el Destripador, Kant, Charles Chaplin o la emperatriz Sissi y, con estos elementos, hilvana un extenso discurso sobre la génesis, desarrollo y consolidación de la cultura popular y de su, ya clásica, dicotomía con la alta cultura.

El autor se sirve del tracklist del disco Abbey Road y de referencias constantes a la canción American Pie (de Don McLean) para crear un hilo conductor y plantear a lo largo del texto diferentes juegos de dualidades: Jack el destripador vs. las prostitutas; la emperatriz Sissi vs. Luigi Lucheni (su asesino); la escuela Rafaelita vs. los Prerrafaelitas; esencia vs. apariencia; copia vs. simulacro; el Dr. Henry Higgins y la vendedora ambulante Elizabeth Doolittle (de la obra Pigmalion, de George B. Shaw) o la caverna (de Platón) vs. The Cavern (local donde debutaron The Beatles).

A fin de cuentas, afirma Pardo, la dialéctica entre alta y baja cultura no es otra cosa que un reflejo de la (hoy en día tan mal vista) lucha de clases. La cultura popular surgió como una reivindicación del derecho a la DIVERSIÓN que, en algunos casos, fue el embrión de algunos avances sociales: la relajación de las costumbres en la Inglaterra victoriana, la lucha por los derechos civiles en EE.UU., etc.

Esos eran, por desgracia, otros tiempos: la difuminación de las fronteras entre alta cultura y cultura de masas, la consolidación del paradigma postmoderno, el darwinismo social reinante y el culto al dios mercado han hecho que gran parte de la producción y la distribución de objetos culturales haya pasado progresivamente a manos de los medios y, por lo tanto, casi toda la gestión simbólica de las sociedades se canaliza a través de la industria y el mercado. Todo ello ha despojado a la cultura popular de su componente transgresor, de ahí el subtítulo del libro: Introducción al malestar en la cultura de masas.

Sólo nos queda la diversión: divirtámonos, pues, hasta morir. Pura filosofía Pop.
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