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viernes, 20 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (primera parte)



Rockdelux, una de las publicaciones musicales más veteranas del país, ha publicado este mes de noviembre un número especial con motivo de sus veinticinco años de vida, toda una hazaña para una publicación de sus características. Fiel a su estilo elitista y un punto snob que, admitámoslo, es parte de su encanto, la revista aprovecha la ocasión para hacer un resumen de lo mejor de la década 2000-2009 en forma de listas con 20 cómics, 30 películas, 20 libros, 60 discos nacionales,100 internacionales y 25 conciertos.

Empecemos con el cómic: la medalla de oro se la lleva el Catálogo de Novedades Acme, de Chris Ware, sin duda uno de los artistas más creativos y revolucionarios del género; el aclamado Epiléptico. La ascensión del gran mal, de David B. ha quedado en segundo lugar mientras que Fun Home. Una familia tragicómica, de Alison Bechdel, una de les revelaciones del pasado año, ha quedado en el tercer puesto. Otros nombres destacados del ránking son Dk2: El señor de la noche contraataca y El gato del rabino, de Frank Miller y Joann Sfar respectivamente. Hay que destacar también la numerosa representación nacional (síntoma de la buena salud de la que goza el cómic español) entre los que destacan la sorprendente y divertida Las Aventuras del Capitán Torrezno, de Santiago Valenzuela: El arte de volar, de Altarriba y Kim, recientemente comentado en estas páginas; la ácida y demoledora Dinero, de Miguel Brieva y Bardín el superrealista, del genial e incombustible Max.

En cuanto a las tres mejores películas, hay que decir que son poco discutibles: no hay duda de que ¡Olvídate de mí! (Michael Gondry), Kill Bill (Quentin Tarantino) y Promesas del Este (David Cronenberg) se encuentran entre lo mejorcito de la década. Los redactores han incluído en el ránking un documental como Grizzly Man (Werner Herzog), la no suficientemente reivindicada 24 hour party people (Michael Winterbottom), dos films de directores clásicos como Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet) y Mystic River (Clint Eastwood); joyas orientales como Deseando amar (Wong Kar-Wai) o El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki) y las sorprendentes, por venir de paises con poca tradición cinematógrafica como Rumanía y Suecia, 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Munglu y Déjame entrar, de Tomas Alfredson.

Respecto a los libros, el podio se lo llevan el aclamado 2666, del ya fallecido Roberto Bolaño; La carretera, de Cormac McCarthy (del que pronto veremos la adaptación cinematográfica protagonizada por el ubicuo Viggo Mortensen) y la crítpica pero fascinante Austerlitz, de W.G. Sebald. Dentro de los 20 primeros encontramos también Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay y Las correcciones de dos de los autores norteamericanos más talentosos: Jonathan Franzen y Michael Chabon; la cuota nacional representada por París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas; Sauce ciego, mujer dormida, de Haruka Murakami, uno de los fenómenos literarios de los últimos tiempos; la imprescindible y visceral Gomorra, de Roberto Saviano y La maravillosa vida breve de Óscar Wao, comentada en un post anterior.

domingo, 8 de noviembre de 2009

"La maravillosa vida breve de Óscar Wao": Un antihéroe freaky

Junot Díaz (Santo Domingo, 1968) es el autor de esta sorprendente, fresca y tremendamente divertida novela, que el año pasado recibió el premio Pulitzer de narrativa, además de todo tipo de parabienes de la crítica especializada. El (irónico) título hace referencia a su protagonista principal, que sin duda alguna, se ha incorporado ya al Olimpo de los (anti) héroes literarios: un personaje inolvidable que algunos han comparado con el Ignatius J. Reilly de “La conjura de los necios” y que, a pesar de ser el arquetipo de “Nerd” y perdedor, acaba resultando un tipo entrañable y digno en su desesperada, y patética, búsqueda del amor.

En el segundo año de la secundaria, Óscar pesaba unas increíbles 245 libras (260 cuando estaba depre, que era casi siempre), y se les hizo evidente a todos, en especial a su familia, que se había convertido en el pariguayo (neologismo peyorativo a partir del inglés, party watcher, “el que mira las fiestas”) del barrio. No tenía ninguno de los superpoderes del típico varón dominicano, era incapaz de levantar jevas (ligar con chicas) aunque su vida dependiera de ello. No podía practicar deportes, ni jugar al dominó, carecía de coordinación y tiraba la pelota como una hembra. Tampoco tenía destreza para la música ni para el negocio ni para el baile, no tenía picardía, ni rap ni don pa na.

Pero “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” no es una simple narración de las desventuras de un freaky: si rascamos un poco su pátina humorística nos encontramos con una obra que convierte la ironía y el sarcasmo en estrategias narrativas de gran calado, de las que se sirve el autor para, por un lado, llevar a cabo una parodia del realismo mágico característico de algunos autores latinoamericanos y, por otro lado, elaborar un gran fresco sobre la inmigración (sin ahorrar algunas críticas al talante dominicano) y la dramática historia de la República Dominicana bajo la inmisericorde dictadura de Trujillo. En este sentido la novela tiene algunos puntos en común con “La fiesta del chivo”, de Mario Vargas Llosa, que abordó esa parte de la historia del Caribe con mano maestra y un realismo que ponía la piel de gallina.

Para aquellos a los que les faltan los dos segundos obligatorios de historia dominicana: Trujillo, uno de los dictadores más infames del siglo XX, gobernó la República Dominicana entre 1930 y 1961 con una brutalidad despiadada e implacable... Era nuestro Saurón, nuestro Arawn, nuestro propio Darkseid, nuestro dictador para siempre, un personaje tan extraño, tan estrafalario, tan perverso, tan terrible que ni siquiera un escritor de ciencia ficción habría podido inventarlo.

El McGuffin de la novela es el “Fukú” (que según la creencia popular dominicana es una especie de sortilegio, de maldición que trae la desgracia y la infelicidad) que lleva persiguiendo a la familia Cabral desde varias generaciones y del que parece imposible librarse. A partir de aquí, a través de diferentes flashbacks, Junot Díaz va modelando la tragicómica historia de Óscar y de toda su familia, trufada de referencias Pop: comics de Marvel y DC, ciencia ficción, “El señor de los anillos”, juegos de rol, "Star Wars", “Dragones y mazmorras” y un larguísimo etcétera, que casan perfectamente con la idiosincrasia de la novela y que, en algunos casos, logran originales paralelismos con los que Junot Díaz se gana la complicidad (y la sonrisa) del lector.

Sé que he metido mucha fantasía y ciencia ficción en esta mezcla, pero se supone que es la historia verdadera de la Maravillosa Vida Breve de Óscar Wao. ¿No podemos creer que pueda existir una Ybón y que a un bróder como Óscar le haya llegado un poquito de suerte después de veintitrés años? Ahora les toca a ustedes. Pastilla azul, continúan. Pastilla roja, regresan a Matrix.

Narrada con una gracia y dinamismo envidiables en un chispeante “spanglish” (un diez para el excelente trabajo de traducción de la escritora cubana Achy Obejas), “La maravillosa vida breve de Óscar Wao" se lee, a pesar de su extensión, en un suspiro y es, sin ninguna duda, una de las sorpresas más agradables de la literatura hispanoamericana reciente y la confirmación de que la cultura Pop ha calado hondo en el imaginario de muchos escritores jóvenes.

Díaz, Junot. La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Mondadori. Barcelona, 2007
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