martes, 24 de abril de 2012

Alabama Shakes, Dios bendiga el Soul




Había oído hablar bastante sobre ellos, pero la primera vez que escuché a los Alabama Shakes fue hace muy poco, apenas 10 días, en un video de una actuación en directo en el Show de David Letterman, donde interpretaban "Hold On". Fue una iluminación: la expresiva voz de la cantante Brittany Howard, el Groove de la sección rítmica y teclado y los fraseos estilo Steve Cropper del guitarra Heath Fogg conformaban un sonido orgánico, cálido, lleno de alma.

El pasado fin de semana su disco de debut "Boys and Girls" alcanzó el Top 1 del "Official Store Record Chart" en el Reino Unido. Y no, no estamos ante el penúltimo Hype procedente de las Islas Británicas: se trata de una banda muy poco glamourosa y de sonido añejo. Es simplemente un disco impresionante que nos devuelve la esencia de un Soul-Rock que podría venir perfectamente empaquetado con el logotipo del sello Stax.

Seguramente algunos los tacharán de revivalistas, que no inventan nada nuevo y bla, bla, bla. Francamente, me la trae al pairo ¿Acaso el buen gusto, la convicción y las raíces son patrimonio exclusivo del pasado?

Y es que "Boys & Girls" tiene ángel, es uno de los trabajos más estimulantes que he escuchado en bastante tiempo: el "duende" de la ya comentada "Hold On", el dramatismo de "I Found You", una "Hang Loose" con ecos de Otis Redding o "Rise to the Sun", precioso medio tiempo donde Brittany Howard podría codearse sin miramientos con las grandes divas del Soul.

Y qué decir de "Be Mine", grandioso tema, que empieza en clave baladística y va progresando hasta el éxtasis en un crescendo rítmico impresionante. 

Podría seguir y seguir pero no. Háganse un favor y corran a escuchar este disco. Es fresco, emocionante, de los que te provocan aquella sensación en el estómago. 

Prodigioso.


domingo, 22 de abril de 2012

Ara és el moment, crónica de la escena Indie en Catalunya



Martí Sales, cantante y guitarra de Surfing Sirles, es el autor de "Ara és el moment", una breve intrahistoria de la pujante escena Indie catalana. Gusten más o menos las bandas que la forman, y más allá del (por desgracia) aún espinoso debate sobre la lengua, dicha escena ofrece una innegable variedad estilística y notable calidad media.

En algún artículo lo comparan con el libro con "Por favor, mátame", que ya sería mucho  comparar, tampoco exageremos. Sí tiene en común con la obra de McNeil y McCain el hecho de tratarse de una historia oral y coral donde los protagonistas de la escena cuentan de primera mano sus experiencias desde diferentes perspectivas.

En este caso los que ponen la voz son Anna Cerdà (responsable del festival popArb), Jordi Llansamà (del sello BCore), Xavier Riembau (del sello Bankrobber), Gerardo Sanz (manager de Antònia Font, Manel y Mishima), David Carabén (cantante de Mishima), Joan Colomo (ex miembro de The Unfinished Simpaty y Zeidun), Artur Estrada (músico y programador) y el crítico musical Luis Hidalgo.

Ciertamente las ocho entrevistas componen un collage de lo más diverso que pone sobre la mesa algunas cuestiones recurrentes en este esquizofrénico entorno musical que nos toca vivir: la inexorable deblacle de la industria musical, la ausencia de presupuestos que repercute directamente en las producciones (que suenan peor que hace 10 ó 20 años), la práctica imposibilidad que los artistas puedan hacer de la música su modus vivendi, el impasse desde la defunción del (mal llamado) "Rock Català" hasta la eclosión de la nueva generación de músicos, las estrategias de los sellos para sobrevivir en tiempos difíciles, el "peligro" que tienen los medios ya sean generalistas o especializados...

En este sentido destaca especialmente la lucidez del periodista Luis Hidalgo:

La prensa es como un bombero inepto, que llega a un sitio cuando el incendio ya lo ha quemado todo. Quedan cuatro rescoldos y ellos intentan recrear ese incendio cuando, de hecho, el incendio ya se ha extinguido. El caso de Manel ha creado una cierta controversia porque ellos, como Pep Guardiola, tienen bastante claro que la prensa puede llegar a ser más un enemigo que un aliado... Como necesitamos héroes, muchos héroes, hemos de crearlos. Y ahora a quien les ha tocado jugar este papel es a los Manel, que están hasta los huevos del tema.

El que tampoco se anda por las ramas es Jordi Llansamà, responsable de BCore, que edita siempre referencias no habituales en otras sellos. Gran amante del Punk y del Hardcore y autor, a su vez, del estimulante libro "Harto de todo", deja clara su postura frente al Mainstream:

Aquello que se entroniza, lo que triunfa, siempre son cosas inofensivas, que no duelen, ni a nivel de sonido ni de letras. Quieren cosas agradables, que no hagan daño ni al oido ni al corazón. Y esto es una putada porque la música no es así... No hay transgresión, no hay ganas de romper con nada... Es como decir que no te gusta Bruce Springsteen... Hay gente que es diferente ¡A ver si lo aceptáis de una puta vez!

También son especialmente interesantes las experiencias de Anna Cerdà, que cuenta las entretelas del Festival popArb, peculiar donde los haya y lugar donde han tomado la alternativa algunos de los grupos que se mencionan en el libro; y de Gerardo Sanz que, después de unos años en de product manager en Polydor primero y luego en Universal, se pasó al management y cuenta sus experiencias en ambos lados de la trinchera.

Pues nada, un libro muy fresco y entretenido, que se lee en un suspiro y que, aún centrado en Catalunya, nos habla de experiencias extrapolables a otros entornos. Recomendado queda, oigan.

lunes, 16 de abril de 2012

The Lifetakers, Sleazy/Glam desde Canadá


The Lifetakers es el nuevo proyecto de Marcus Ireland, el que fuera frontman de Crystal Pistol, una fantástica banda que lanzó en 2005 el disco del mismo título, repleto de buenas canciones entre las que destacaba "Rockstar", un tema sucio y altamente adictivo que nos recordaba a los buenos tiempos del Sleazy.


Por diferentes motivos Crystal Pistol terminaron separándose, por lo que Ireland, junto con diferentes músicos del área de Vancouver (tradicional vivero de buenas bandas como Bachman-Turner Overdrive, Black Mountain o The Black Halos), decidieron formar un nuevo grupo.


Su primer trabajo discográfico, del mismo nombre que el grupo, es un EP de 7 temas lanzado a finales de 2011 y grabado y distribuido de manera independiente. Se trata de un disco interesante, de sonido Sleazy/Glam que contiene buenos temas.


El primer tema es "Oh Nikki", tema corto y directo, lleno de licks de guitarra característicos del Sleazy. Le sigue "Mommy Don't Know", una canción también corta (la mitad de los temas no llegan a los tres minutos)  y que se pega a la primera escucha, como la siguiente, "Bonus", de potente riff de guitarra. El cuarto tema es "Dead Boy", el más "sucio" del disco y con ecos de "Sonic Reducer", de los Dead Boys.


El disco se cierra con "Fake so Real", en la linea de los anteriores; "Flower Piss", la inevitable balada, bastante prescindible si no fuera por un llamativo  solo de guitarra con wha-wha y "Gift Shop", un tema contundente y extraño, con fondo de teclados y efectos de guitarra.


La sensación final es que es un disco notable, de buena entrada y lleno de coros y melodías potentes. Aún así se le nota algo corto de producción, no le hubieran venido mal unas cuantas horas más de estudio y alguna toma adicional en alguna canción donde la voz va un poco fuera de tono.


Ojalá este proyecto se consolide y pueda confirmar en trabajos posteriores las buenas sensaciones mostradas aquí.



domingo, 15 de abril de 2012

Acelerados al máximo: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el Punk pero nunca se atrevió a preguntar



Si algo me ha quedado claro después de leer este libro es que Stewart Home, relativamente conocido aquí por su reciente novela "Memphis Underground", no ha venido a este mundo a hacer amigos. Con fama de "Enfant Terrible" y Punk militante en su juventud, con Home tonterías las justas, sino que se lo pregunten a Greil Marcus, objetivo recurrente de sus puyas durante 170 páginas:


Es una lástima que Greil el Enrollado no sea yonki, porque si se hubiera decidido por ese tipo de pose rebelde se hubiera muerto hace tiempo.


Lo que viene a decirnos Stewart Home, de manera políticamente incorrecta y manejando hábilmente su facilidad para el improperio, es que los análisis más o menos gafapastosos, con Greil Marcus a la cabeza, que se han hecho sobre el movimiento Punk, no se sostienen. Es absurdo, afirma, buscar un halo "Arty" o intelectual alrededor del Punk porque, sencillamente, no lo hay. Partiendo de esta contundente base, Home se dedica a ir destruyendo una por una algunas de las verdades inmutables del Punk. 


Empieza desmontando la teoría que vincula el situacionismo con el Punk, esgrimida, como no, por Greil Marcus en su célebre libro "Rastros de carmín". Continúa relativizando el papel central de los Sex Pistols en el desarrollo del género, cuando tradicionalmente se les ha considerado los abanderados de la movida.Admite que el primer disco de The Clash es excelente pero sus trabajos posteriores le parecen un bodrio y no deja a Joe Strummer en muy buen lugar:


...el hecho de que Joe Strummer hubiera pasado por un colegio privado fue posiblemente de gran ayuda cuando hubo que crear una imagen golfa para el grupo. La falta de contacto de Strummer con la clase obrera significó que no tuvo ninguna vergüenza de reinventarse como caricatura de "gamberro".


Y para terminar, no tiene reparos en reivindicar la pulsión Pop de muchas canciones Punk, tradicionalmente consideradas puro Rock simple y acelerado.


El formato pop de la canción de baile funcionó bien en el innovador género en desarrollo del Punk Rock. Si "Pogo Dancing" jugaba con la relación entre Punk y Pop, "Do the Robot" -de los Saints, en verano del 77- puso de relieve que esta faceta en particular de música innovadora podía también funcionar dentro  de los parámetros del género "Rock".


Dicho esto, construye su propia teoría (aunque quizá sería más propio llamarla anti teoría) sobre el género, en la que prescinde de la mayoría de las vacas sagradas del género para centrarse en bandas relativamente poco conocidas. Posteriormente analiza la deriva del Punk hacia otros subgéneros como el Oi!, el Punk racista o el movimiento Riot Grrrl, en lo que Home denomina una evolución dialéctica Lucha de clases/Lucha de razas/Lucha de sexos.


Aviso para navegantes: que nadie espere un libro del estilo "Por favor, mátame: la historia oral del Punk". Es absolutamente todo lo contrario, aquí no hay testimonios de primera mano, ni anécdotas ni batallitas, ni biografías de bandas, ni entrevistas. A Home todo esto le importa un rábano y no tiene inconveniente en dejarlo claro unas cuantas veces a lo largo del libro.


Es una obra densa y, aunque pretende ser antiacadémica, maneja conceptos complejos sobre teoría cultural y referencias intelectuales de primer nivel. Paradójicamente, al final de la obra Home afirma que no vale la pena perder el tiempo en intentar teorizar sobre el Punk:


Ya con catorce años de edad era lo bastante listo para darme cuenta que el Punk Rock no era algo profundo. Cambiamos pero seguimos siendo los mismos. Los cretinos buscan el sentido de la vida en discos de plástico y los imbéciles lo buscan en tomos de Kierkegaard o Kant, la "inteligencia" es activa y sabe que la cultura que hemos heredado está para manipularse, no para consumirla pasivamente.


Lo dicho, libro difícil, a veces contradictorio pero interesante, que representa una nueva perspectiva sobre el Punk, alejada de tópicos y lugares comunes. No sé si acertada o no, pero desde luego no seré yo quien le lleve la contraria. 

miércoles, 11 de abril de 2012

Anvil: El sueño de una banda de Rock


“Anvil: El sueño de una banda de Rock” es un documental que obtuvo una notable repercusión internacional a partir de su proyección en el Festival Sundance 2008. La mayor parte de la crítica acogió el film con entusiasmo, calificándolo de obra maestra del género. Aquí se estrenó en 2010 y, como acostumbra a pasar con este tipo de films, pasó prácticamente desapercibida.

Con “This is Spinal Tap” y “Some Kind of Monster” (el documental/Reality Show en el que Metallica mostraban sus miserias) como referentes más próximos, “Anvil” aporta el valor añadido de contarnos una historia muy humana y emotiva, que nos muestra el poco glamuroso reverso del Show Business.

El documental empieza en Tokio, 1983, en plena eclosión del Heavy Metal. El grupo canadiense Anvil está a punto de alcanzar la primera división del género y son invitados a participar en el Festival Super Rock, donde comparten cartel con bandas como Scorpions, Bon Jovi o Whitesnake.

25 años más tarde, los dos miembros fundadores de la banda “Lips” Kudlow (voz y guitarra) y Robb Reiner (batería) continúan con el grupo y están a punto de publicar su treceavo disco. Pese a ello, no pueden vivir de la música y trabajan de repartidor en una empresa de catering y en la construcción, respectivamente. ¿Qué ocurrió con Anvil?

Los testimonios de algunos compañeros de profesión (Lemmy, Tom Araya, Scott Ian, Slash...) con los que se inicia el documental son elocuentes: unánimemente respetados y considerados una banda innovadora (precursores del Trash Metal), lo tenían todo para triunfar. A pesar de las buenas perspectivas, nunca consiguieron consolidarse ni comercial ni mediáticamente.

El documental se centra en los esfuerzos de los últimos años de de “Lips” y Reiner para continuar con el grupo. Después de 30 años de carrera y pese a las innumerables penurias sufridas, continúan con la música, confiando aún en conseguir el éxito que les ha dado la espalda.

Una de sus últimas esperanzas es una gira europea, organizada por una fan italiana sin ninguna experiencia previa como manager, que acaba convirtiéndose en un monumento al absurdo. Sus aventuras por los países del este son especialmente delirantes: problemas logísticos de todo tipo, conciertos en locales sórdidos, promotores desaprensivos y, la guinda del pastel, participación en el exótico festival “Monsters of Transilvania”, al que asisten la friolera de 174 espectadores.

Lejos de tirar la toalla, continúan insistiendo y deciden contratar un productor de prestigio (Chris Tsangerides) para que se ocupe del nuevo disco. Para ello han de hipotecarse y recurrir a familiares y amigos para poder financiarlo, lo que provoca nuevos conflictos: peleas en el grupo, negativa de las discográficas a distribuir el disco, tensiones familiares, etc.

Luchando contra todo y contra todos y obligados a autogestionarse, Anvil no tiran la toalla. Finalmente un golpe de suerte los lleva de nuevo a Japón, en una suerte de historia circular, donde se abre una rendija de esperanza para ellos, que les anima a continuar perseverando.

“Anvil” es una obra magnífica cuya principal virtud es una impecable estructura argumental que, aun respetando en todo momento el carácter documental de la obra, utiliza con habilidad algunos recursos narrativos propios del cine de ficción. La experiencia como guionista profesional de Sacha Gervasi, el director, hace que la historia sea mucho más empática y cercana para el espectador.

Pese a tener bastantes puntos Spinal Tap, en ningún momento los personajes resultan caricaturescos, todo lo contrario, algunas escenas llegan a tocar la fibra. De hecho no resulta necesario ni ser fan del Heavy Metal ni conocer a Anvil para identificarse con ellos. Al fin y al cabo, “Anvil” es un relato sobre la vida de dos tipos sencillos que viven por y para la música; un relato sobre la amistad, la fe en uno mismo, la pasión, el compromiso y el espíritu de lucha.

En este sentido el documental contiene algunas lecciones sobre la existencia que pueden resumirse en una reflexión de “Lips” Kudlow casi al final de la película:

Al final lo que realmente cuenta, lo más valioso, son las personas que has conocido, los lugares donde has estado, las experiencias que has tenido… Esto es la vida.


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