lunes, 7 de diciembre de 2009

La última década según New Musical Express



Si hace unos días hablábamos del 25 aniversario de Rockdelux, hoy toca hacerlo de NME, la bíblia de los hypes del Britpop, que en su último número de noviembre lleva a cabo también un repaso de la década musical 2000-2009 a través de un Top 50 de discos y diversos artículos de fondo, donde se comentan los aspectos más significativos de este periodo.

Los diez trabajos más destacados de la década serían: Is This It, de The Strokes; Up The Bracket, de The Libertines; XTRMNTR, de Primal Scream; Wathever People Say I Am... de Arctic Monkeys; Fever to Tell, de Yeah Yeah Yeahs; Stories From The City..., de PJ Harvey; Funeral, de Arcade Fire; Turn On the Bright Lights, de Interpol; Original Pirate Material, de The Streets y, finalmente, In Rainbows, de Radiohead que, junto a White Stripes, Arcade Funeral y Libertines, han colocado dos discos en el Top 50.

En principio el Top 10, conociendo la linea editorial de la revista, es bastante lógico aunque no deja de sorprender encontrarse con tres bandas norteamericanas y una canadiense ya que NME suele "barrer para casa" y en estos 10 años han surgido muchos grupos de las Islas Británicas que hubieran podido estar ahí. La lista de RockdeLux y la de NME son bastante coincidentes y muchos nombres (Wilco, LCD Soundsystem, The Avalanches, Arcade Fire, The White Stripes, M.I.A., Outkast) se repiten en ambas publicaciones (en distintas posiciones), aunque en general Rockdelux se decante más hacia sonidos de vanguardia y electrónicos y NME por el Pop y el Rock británicos.

Otros elementos que llaman la atención de la lista son por un lado la ausencia casi total de artistas clásicos o veteranos, exceptuando el American IV: The Man Comes Around, de Johnny Cash, que suena más a homenaje que a otra cosa, (aunque quízá Primal Scream, Spiritualized y The Delgados pudieran entrar ya en esta categoría); por otro lado la inclusión de Songs for the Deaf, de Queens of the Stone Age y Relationship of Command, de At-The Drive In, una concesión a sonidos más "duros" que no es muy habitual en NME y, finalmente, la inexplicable ausencia de Franz Ferdinand, uno de los grupos más interesantes de la actualidad y con una trayectoría, vista en perspectiva, más destacada y consistente que, por ejemplo, The Klaxons o Bloc Party que sí aparecen en el Top 50.

En cuanto a los artículos de fondo, a pesar de no ser muy extensos, son bastante interesantes:

En The Casablancas Generation se analiza el impacto de la aparición de The Strokes con el excelente Is This It, disco buenísimo y adrenalínico que desgraciadamente no tuvo continuidad, y la influencia de su sonido y actitud en bandas posteriores como The Libertines o Arctic Monkeys. NME se deshace en elogios hacia la banda que personalmente comparto al 100%.

The Strokes were not always perfect: their interviews were often boring as fuck, their second album was flawed. But what they encapsulated and gave back to us for that first amazing couple of years was that sense of rock'n'roll being a 24-7, living-for-the-moment lifestyle choice comprised of clothes, fucking, snorting, drinking, dancing and great records in equal mesure... The Strokes' gift to the world was to make it fall in love with rock'n'roll once again...

Sound of the Overground hace un repaso del pop de consumo masivo y de cómo, gracias al trabajo de productores/compositores como Xenomania, Timbaland o The Neptunes, que se han arriesgado a la hora de tomar elementos de la electrónica, del Hip-Hop o de las tendencias Dance más novedosas, se han creado canciones comerciales pero con un estándar de calidad bastante alto.

En Getting with the Programme se constata la paradoja de que, a pesar de la práctica desaparición de la música en la televisión (Top of the Pops y CD:UK ya no se emiten, la MTV cada vez dedica menos espacio a la música), la aparición de programas de comedia como The Mighty Boosh o Flight of the Conchords o la inclusión de música Pop y Rock en la banda sonora de series como The Wire, Entourage, Skins, The OC o Grey's Anatomy, implica que en muchos casos la música funcione como un aspecto clave en su desarrollo y acaben llegando al gran público de una manera, incluso, más eficaz que en espacios específicamente musicales.

The emotional resonance and inherent drama of music is now being used as a vital part of visual storytelling and has finally started to be taken seriously... Rather than being the decade music TV died, it's the decade TV became a lot more rock'n'roll -and sophisticated in doing so.

Everybody's gone surfing no ofrece nada nuevo bajo el sol: se realiza el inevitable análisis de la influencia de internet (con nombres como Napster, Twitter, YouTube, Spotify, MySpace o Facebook) respecto al consumo y producción de música y a los nuevos canales de relación entre las bandas y su público.

Por su parte, Terrorised Sounds es una interesante reflexión sobre de qué manera se reflejó el 11-S en el mundo de la música. La conclusión de la revista es bastante contundente: quitando algunas excepciones, todo lo que se compuso acerca de ello fue basura. El artículo termina con una recomendación que no deja lugar a dudas sobre su posición:

See, we'd never suggest our musicians should be apolitical and it's a basic principle of all great art to comment on the influence of the world around you. But it would be helpful for musicians to remember that they're rarely the kind of intellects that can understand the complexities of foreign policy and often just idiots with guitars and drug habits.

En Friends (?) reunited se repasan las principales giras de "reunión" de bandas desaparecidas, como Led Zeppelin, Rage Against the Machine, Blur, The Stooges, etc. desde una perspectiva bastante cínica y descreida:

Of course no-one who checked the likes of Dinosaur Jr, Sex Pistols, Smashing Pumpkins or Gang of Four off of their things-to-see-before-you-die list could then turn aorund and criticise them for giving it a go again. But more broadly, reunions have become a symptom of the creeping conservatism that's now taken hold over our generation... Consumer-culture has fulfilled a lot of our wishes, but as ever what we want isn't the same as what we really need.

Finalmente, Sex, Drugs and Red Tops es una reflexión del papel de los tabloides británicos (The Sun y compañía) en el proceso de construcción de la imagen de los músicos famosos que, mediante un determinado tratamiento de los escándalos (con Amy Winehouse y Pete Doherty en el Top 1 ex aequo), crea una falsa mitología que acaba retroalimentando al mundo de la música.

Once more, the tabloids were in thrall to a scen which had music at its beginning but mere fame as its end, and their gossip columnists camped out among the faux-urchins. The consequence of this spectacle for "Indie" music was that you no longer had to actually be a talented, cool musician to be a success, you just had to appear to be one... Sadly, it seems this is the model established for many British bands now, where the driving force behind writing songs is no frustration or desperation or inspiration, but simply to attain the lifestyle of "Being In A Band".

Ahora toca esperar la habitual avalancha de listas con "lo mejor del año" que publicarán en breve todas las revistas musicales. Supongo que alguna la comentaremos por aquí...

martes, 1 de diciembre de 2009

About a Boy: La joya pop de Nick Hornby


Me gusta hablar de la música y el cine porque son importantes para mí, y estoy seguro de que también para mucha gente. Describir el mundo contemporáneo sin hacer referencia a la música y al cine es imposible.

Así calificaba Nick Hornby en una entrevista su universo literario, que se refleja en un estilo de escritura fresco, directo y muy vinculado a la cultura pop, sobre la cual giran la mayoría de sus novelas.

Hornby se convirtió en un escritor conocido a partir de sus novelas "Fiebre en las gradas" y "Alta fidelidad", que son el reflejo de dos de sus obsesiones vitales: el fútbol y la música. Aprovechando el tirón del escritor, Anagrama reeditó hace un año una novela de 1998, "Un gran chico" (About a Boy), que fue originalmente publicada por Ediciones B con el título "Érase una vez un padre". 

Desgraciadamente ninguno de los títulos en castellano (ambos infames, para qué negarlo), respeta el juego metalingüístico de Hornby que, con el título original, hacia un guiño a la canción About a Girl, de Nirvana.

Y es que Nirvana, concretamente Kurt Cobain, es el catalizador  de la historia, protagonizada por una figura ya arquetípica en el imaginario literario del autor: el del adulto cerca de los 40 con alergia a cualquier cosa que huela a compromiso o a las responsabilidades de la "madurez", síndrome conocido como "de Peter Pan", que el género femenino encuentra especialmente exasperante. 

En un artículo publicado en "Libertad Digital" (todos tenemos nuestras perversiones...) con motivo de la publicación de Juliet Naked, la última novela de Hornby, se referían a los síntomas de dicha patología como ...el temor al compromiso sentimental y, sobre todo, la obsesión de muchos señores por el Rock'n Roll, un cordón umbilical que los mantiene conectados a la juventud perdida. Como es un tema que me toca la "fibra" (¿es que a los 40 solo te puede gustar Phil Collins? Francamente, preferiría morir descuartizado) lo voy a dejar aquí...

Como iba diciendo, el protagonista de la novela es Will, un vividor de 36 años adicto a las faldas, a las nuevas tendencias y comprador de New Musical Express y The Face, que no ha pegado un palo al agua en su vida gracias a un golpe de suerte: es el heredero de los derechos de una canción navideña (Santa's Super Sleigh) que compuso su padre, del estilo de las que por estas fechas hemos de soportar ad nauseam. Por un capricho del destino conoce a Marcus, un preadolescente inadaptado en la jungla londinense, hijo de una hippy divorciada, ligeramente chiflada y fan de Joni Mitchell.

Por una mera cuestión de supervivencia (salir del instituto sano y salvo es su objetivo diario) Marcus decide convertir a Will en una especie de padre adoptivo que le guie por la senda de lo Cool, le instruya en gustos musicales juveniles y evite que vaya vestido como un espantapájaros, cosas para les que Will está especialmente dotado.

Marcus necesitaba ayuda para ser un chico, no un adulto. Y por desgracia para Will, ésa era exactamente la ayuda que estaba en inmejorables condiciones de proporcionar. No sería capaz de decirle a Marcus cómo debía madurar, cómo apañárselas con una madre que tenía tendencias suicidas ni nada por el estilo, pero sí podía explicarle que Kurt Cobain no juega a fútbol en el Manchester United. Y para un chico de doce años que iba al colegio a finales de 1993, ésa tal vez fuera la información más importante de cuantas podía recibir.

Así, en frío, hay que reconocer que el argumento no es precisamente muy prometedor e invita a la huida inmediata; la realidad es que se trata de una novela muy divertida: amable pero cáustica, tierna aunque con toques amargos, de chispeantes diálogos y personajes muy creibles.

Hornby, ademas, demuestra tener un gran capacidad de observación y el texto acaba convirtiéndose en un fresco de la sociedad inglesa de mitades de los 90 y de los usos y costumbres de esa época. Las referencias musicales son constantes: Paul Weller, David Bowie, el Acid House, Snoop Doggy Dog, Pet Shop Boys, Nirvana... Así como las televisivas: Home and Away, Neighbours (dos culebrones australianos que causaron furor en el Reino Unido), Countdown (el "Cifras y Letras" brítánico), "La ley de los Ángeles", "Policías de Nueva York", etc. En definitiva, se trata de una obra recomendable y muy entretenida, de lo mejor de Hornby junto con "Alta Fidelidad".

"Un gran chico" fue adaptada al cine en el 2002 con otro título abominable: "Un níño grande" y la verdad es que, contra todo pronóstico y a pesar de la presencia de Hugh Grant (que si de mi dependiera estaría encarcelado en la Torre de Londres hasta el día del Juicio Final) no está mal, aunque no llega, ni de  lejos, a la altura de "Alta Fidelidad", la excelente adaptación protagonizada por un gran John Cusack.

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Una teoría del Rock?



La música popular contemporánea (lo que entenderíamos como rock y pop) es, indudablemente, uno de los fenómenos culturales más excitantes de la segunda mitad del s. XX y, en mi opinión, está al mismo nivel que el cine, la literatura o el arte. A pesar de que tradicionalmente ha sido considerada como algo propio de la llamada baja cultura, hoy en día no tiene demasiado sentido establecer jerarquías culturales, como comentaba en un post anterior. Del mismo modo, pues, que existen estudios y teorías literaria, artística y cinematogràfica, parece lógico pensar que debiera existir también una disciplina que se encargara específicamente de estudiar este género, que únicamente y de refilón ha sido abordado por la teoría cultural; variadas y poderosas razones habría para ello.

Por su valor intrínseco: la música produce placer y desde siempre ha sido un elemento básico para proporcionar diversión, entretenimiento y, también, reflexión. Su evolución, además, la ha convertido en un fenómeno dinámico y digno de estudio por su capacidad de diversificación y adaptación, sobre todo a partir de la introducción de avances tecnológicos: electrificación/amplificación de los instrumentos, creación de aparatos capaces de generar nuevos sonidos (sintetizador, sampler, etc.), incorporación de medios digitales, etc.

Por su papel como medio de comunicación: En muchas ocasiones la música se ha convertido en un altavoz para denunciar problemas y expresar inquietudes de determinados colectivos. La música negra de los años 60 y principios de los 70 sería un referente muy claro: Aretha Franklin y su canción Respect; James Brown cantando Say it Loud, I’m Black and I’m Proud; Marvin Gaye enfrentándose a su compañía, que se negaba a publicar su obra maestra What’s Going On por ser demasiado “comprometida” (aunque paradójicamente fue el disco más vendido de Motown en toda su historia); Sly and The Family Stone, con su disco There’s a Riot Going On o Curtis Mayfield con Superfly. Todos ellos denunciaron la marginación que sufría la población negra durante esa época y fueron un elemento clave en la lucha por los derechos civiles.

Otro referente más cercano es el Hip-Hop, sobre el que el periodista Juan Pascual, a principios de los años 90, afirmaba en la revista "RockdeLux":

“Es habitual atacar al Rap por sus connotaciones violentas, adaptando esa idea tan extendida de matar al mensajero cuando no nos gusta lo que dice en vez de intentar entender su mensaje. Un mensaje necesariamente poco agradable si tenemos en cuenta la realidad cotidiana que pretende reflejar; unos cuantos datos: entre los hombres de raza negra de entre 16 y 34 años, el asesinato es la principal causa de muerte, generalmente a manos de miembros de su propia raza. La mitad de la población reclusa de los Estados Unidos es de raza negra. El impacto del paro, la pobreza y las drogas afecta enormemente a la estructura familiar, base tradicional de los valores de la comunidad y clave para su supervivencia”.

Así pues, la música ha funcionado también como una especie de “telediario” (siempre es bueno buscar alternativas a la Fox...) que permite saber, parafraseando a Marvin Gaye, qué está pasando.

Por ser un motor de cambio: la música ha actuado a menudo como catalizador de cambio o conflicto social: la eclosión del Rock'n Roll, personificada en la actuación televisada de Elvis Presley en el programa de Ed Sullivan, produjo un impacto brutal en la conservadora sociedad norteamericana. “El efecto que el Rock’n Roll produce en los jóvenes es el de convertirlos en adoradores del diablo, en el de estimular su expresividad a través del sexo". De esta manera se expresaba (y no se rían, que lo decía en serio) en 1956 el reverendo Albert Carter, uno de los máximos dirigentes de la Iglesia Pentecostista americana.

El final de la II Guerra Mundial originó un conflicto moral, provocado por el tránsito de una sociedad rural a una sociedad urbana y por el deseo de independencia de los jóvenes norteamericanos, este conflicto representó una ruptura de los valores morales tradicionales y puritanos de la sociedad. En este sentido, los jóvenes no dudaron en utilizar el Rock'n Roll como arma en esa guerra generacional que se estaba librando. La influencia de la música fue tan grande que muchos rasgos culturales urbanos, considerados lumpen, propios de subculturas juveniles, de gangs de pseudodelincuentes o, directamente, de “negros”, como lenguajes en argot, determinadas maneras de vestir, etc. fueron adoptados por jóvenes de cualquier extracción social. De hecho “Rock’n Roll” era el término que se utilizaba en algunas comunidades negras para referirse al noble arte del fornicio.

Por ser productora de significado y cultura: la música ha sido siempre un elemento imprescindible para entender fenómenos como el ya mencionado cambio social de postguerra, la contracultura de los años 60, la crisis del petróleo de los 70 o la cultura Rave y el consumo de drogas sintéticas de los 90, ademas de ser un elemento importante en la configuración de la identidad entre los jóvenes.

Por su capacidad de transgresión: Todos los elementos comentados están estrechamente relacionados entre sí, aunque posiblemente uno de los rasgos destacables de la música popular sea su potencial capacidad transgresora aunque, como ya comenté en este mismo espacio, parece estar en vías de extinción. En este sentido la actitud de del público también ha ido cambiando y la música ya no es un instrumento para desafiar al “sistema” (al menos no de manera explícita): el carácter hedonista propio de la postmodernidad ha acabado convirtiéndola en un elemento más de ocio y evasión, es el signo de los tiempos... Pero, ¿sería esto algo negativo? Como todo en la vida, depende de cómo se mire, hace ya bastantes años Rafa Cervera, crítico musical y director de la revista "Ruta 66" escribió:

“Hoy en día los comentarios sobre el Punk tienden a un aburrido punto en común; no sirvió de nada... No estoy de acuerdo. Desde la perspectiva actual es fácil emitir tales juicios. La era Punk, como la Hippy, llegó para cambiar las cosas y, por supuesto, no lo consiguió. Claro que tampoco ganaron ninguna revolución Elvis ni los Beatles así que, ¿por qué ese desprecio hacia aquellos que se atrevieron a desafiar al sistema, aún cuando acabaron siendo absorbidos por él? No es justo intentar reírse del Punk porque fue algo que acabó al servicio de aquello que supuestamente combatía. No es justo negarle todos sus valores... en este caso, como en todos los que han hecho posible el Rock a lo largo de la historia, importan la intención y los medios... Si la música Punk te hace saltar del sofá, logra que los nervios se te disparen y te afecta de tal manera que acabas por coger una batería y dar la murga en los ratos libres, o mandas a la mierda al ser que más te da la tabarra, bueno... eso tiene que ver con el espíritu del Punk."

Y además, añado, se queda uno muy a gusto...

A pesar de todo lo expuesto, parece complicado esperar la creación de una "ciencia" del Rock que responda a los cánones tradicionales. Uno de los pocos estudiosos de la música popular contemporánea del país, el poeta y experto en comunicación audiovisual Joan Elies Adell lo tiene claro:

"Parece, en muchos casos, que discutir públicamente de música popular contemporánea, con su carácter inevitablemente social, tenga mucho que ver con una especie de violación de la regla clásica de la distancia estética, al mezclar lo subjetivo, lo personal, lo irracional, lo intuitivo con el carácter social, objetivo e ideológico que forma parte de la esfera pública... la música no es "solo" una tecnología social que produce o reproduce significados, valores, e imágenes para los receptores; sino que, también, a diferencia de la influencia ejercida por la música "clásica", puede inyectar en la música un sentido de lo personal, de lo político y de lo social...".

Aunque, bien mirado, no es que tampoco haga mucha falta: el peso específico del pop y el rock en la configuración de las sociedades modernas es innegable, por muy de "baja cultura" que sea considerado, convertirlo en una disciplina, más o menos, académica atentaría quizá contra su propio espíritu.

Adell, J.E. La música popular contemporánea y la construcción de sentido. Revista Transcultural de Música en: www.sibetrans.com/trans/trans3/adell.htm

sábado, 28 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (tercera parte)



Continuamos con el repaso de este número conmemorativo con el excelente artículo redactado por Joan Pons dedicado a la ficción televisiva, que, en sus propias palabras, se ha convertido por méritos propios en un fenómeno cultural y espacio creativo de primera categoría. Las series destacadas, por diferentes razones, han sido: Los Soprano, sin ninguna duda la que inició la edad de oro del género, Mad Men, Deadwood, el fenómeno masivo Lost, la interesante Battlestar Galactica, 24, Larry David, The Office (versión inglesa) y, finalmente, la imprescindible The Wire.

Aunque quizá, en su línea innovadora, la iniciativa más interesante haya sido la propuesta a diferentes dibujantes de cómic y artistas gráficos para que plasmaran su visión de los mejores 15 singles de la década, cada uno con su estilo. Así, Nacho Antolín se encarga del núm. 1 Get Ur Freak On, de Missy Elliot; el expresivo Paco Alcázar de Hey Ya!, de Outkast; Juanjo Sáez, colaborador habitual de la revista ilustra con su particular estilo Losing My Edge, de LCD Soundsystem; Pepo Pérez hace lo propio con una atractiva ilustración para Paper Planes, de M.I.A.; al polifacético Txarly Brown le toca Crazy, de Gnarls Barkley; Joaquín Reyes (si, el de Muchachada Nui) dibuja para Crazy in Love, de la diva Beyoncé y Fermín Solís para Blind, de Hercules and Love Affair. Por su parte, Sonia Pulido realiza un curioso dibujo en homenaje a Take Me Out, de Franz Ferdinand, al igual que el sorprendente Paco Roca con Imitation of Life, de R.E.M.; Miguel Á. Martín lidia con Music, de Madonna, Rafamateo se encargó de Can't Get You Out of My Head, de Kylie Minogue; Sequeiros con Umbrella, de Rihanna. Finalmente, lo tres últimos son Hard to Explain, de The Strokes, con un dibujo de trazo expresionista a cargo de Javier Olivares (para mi gusto uno de los mejores) Since I Left You de The Avalanches para Jordi Labanda, fiel a su estilo "pijo" y un clásico, Gallardo, remata la faena con Viva la vida de Coldplay.

Comentar también dos excelentes artículos de fondo: El clic prodigioso, firmado por Pablo Gil, que realiza una lúcida reflexión  sobre el impacto de las tecnologías digitales sobre los procesos de creación y distribución de música y La industria musical española después del tsunami, de Nando Cruz que, siguiendo la línea del artículo anterior, hace un resumen de la evolución de la misma en estos últimos 10 años, constata la paradoja que uno de los momentos creativos más dulces coincide con el momento en que menos música se vende y recoge las opiniones de profesionales del sector (programadores, directores de festival, dueños y directivos de sellos discográficos, etc.), que aportan luz sobre el tema con sus propias experiencias. En este sentido, destacar el discurso directo y desmitificador del veterano Mario Pacheco (director de Nuevos Medios, uno de los sellos nacionales más prestigiosos):

"No hay que pensar tanto en los factores tecnológicos e industriales que nos han absorbido últimamente sino en lo que pasa por las cabezas de la gente: hacia dónde va el pop como fenómeno cultural, no como producto de consumo. Nos hemos olvidado de qué estamos haciendo, qué quiere oir la gente, qué quiere hacer el músico. Luego, si se vende en vinilo o casete, ya ves tú qué importancia. ¿Por qué tanta polémica? ¿Por qué se han llenado tantas páginas? ¿Por qué he de discutir con un señor que dice que de las cenizas de un mundo antiguo surgira uno nuevo? Yo solo quiero grabar cuatro cancioncitas. No estoy filosofando sobre el futuro del planeta. ¡Es muy fácil! Grabas a un músico, sacas el disco y pasas la boina".

Ya para terminar, aplaudir la linea que ha seguido la revista durante estos últimos años: innovadora en forma (una maquetación y diseño excelentes) y contenidos, rigurosa y con conocimiento de causa (aunque no se coincida con los gustos de los redactores) y siempre abierta a incorporar temas no estrictamente relacionados con la música, como crítica de comics y literatura e, incluso, artículos de opinión sobre temas sociales y políticos, que en ocasiones, han creado controversia entre los propios lectores.

Feliz cumpleaños, pues, y a esperar las bodas de oro.

domingo, 22 de noviembre de 2009

25 aniversario de Rockdelux (segunda parte)



En cuanto a los mejores discos internacionales, antes que nada he de decir que no comparto demasiado los criterios musicales de la revista: lo mío es el rock visceral y el pop guitarrero, qué le vamos a hacer... A pesar de todo gracias a Rockdelux he hecho algunos descubrimientos que ahora forman parte de mi universo musical, al César lo que es del César. Pero vayamos ya a lo que interesa: las tres primeras posiciones han sido para Merryweather Post Pavillion, de Animal Collective; Illinoise, de Sufjan Stevens y Skantonia, de Outkast.

Otros trabajos destacados han sido Kala, de M.I.A. (una bomba, de obligada escucha); LCD Soundsystem, del grupo del mismo nombre liderado por James Murphy; A Ghost is Born, de Wilco; Funeral, de los canadienses Arcade Fire y el fantástico This Is It, de The Strokes. La cuota British se cubre con Franz Ferdinand, el bombazo que representó Whatever People Say I Am... de Arctic Monkeys y The Libertines, el ex-grupo de Pete Doherty y Carl Barat. También hay menciones especiales para trabajos más o menos recientes de artistas incombustibles como Bruce Springsteen, Lou Reed, Nick Cave, el desaparecido Johnny Cash, Bob Dylan o Tom Waits.

Respecto a los discos españoles, el primer lugar ha sido, como no, para Los Planetas y su disco La leyenda del espacio; el segundo puesto se lo ha llevado El mundo según, de Sr. Chinarro y el tercero el interesante Cajas de música difíciles de parar, de Nacho Vegas.

Aparte del podio, lo más interesante de la lista nacional es comprobar que:

1. El Hip-Hop nacional se ha consolidado como un estilo propio y con aportaciones notables: Mala Rodríguez, 7 Notas 7 Colores, Violadores del Verso, Tote King o Sólo los Solo.

2. La pujanza del Pop català (que comenté hace ya un tiempo en otra página de la red, La finestra digital) es un hecho indiscutible y ha conseguido colocar siete discos en el ránking, con excelentes artistas como Antònia Font, Manel, La Troba Kung-Fú, Sisa, Roger Mas, Mishima o Nisei.

3. El dinamismo del panorama musical, que posibilita el surgimiento de artistas muy prometedores como los controvertidos Manos de Topo, los sorprendentes El Guincho y Joe Crepúsculo y la deliciosa La Bien Querida.

4. Finalmente, la ausencia total de artistas "clásicos", con las honrosas excepciones de Morente, Vainica Doble y del ya fallecido Carlos Berlanga.

Para acabar la parte musical, la revista hace un repaso de los mejores conciertos de la década, siendo los tres primeros el de Kanye West en Barcelona durante el año 2006, el de Sufjan Stevens también en Barcelona en 2006 y el de Animal Collective en el Tanned Tin de Castellón en 2005. En la lista destacan también el reciente concierto de Leonard Cohen en el Palau Sant Jordi, la ensordecedora actuación de My Bloody Valentine en la última edición del Primavera Sound, la presencia de Rufus Wainwright en el Apolo barcelonés en 2005 y la performance de Tom Waits el año pasado en el Auditori del Fòrum.

En unos días el tercer y último post sobre el tema.
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