jueves, 5 de abril de 2012
Black Box Revelation. Sala Music Hall, Barcelona. 04/04/2012
Agradable sorpresa nos hemos llevado con Black Box Revelation, una banda prácticamente desconocida para mí y que me ha dejado un grato sabor de boca en su concierto de hace unas horas en la fiesta del primer aniversario de la Sala Music Hall.
Procedentes de Bélgica, este dúo de Garage Rock sigue la senda de bandas como los recientemente disueltos The White Stripes o los celebérrimos The Black Keys: blues asfixiante, toques de psicodelia y rock directo, sin artificios, directo a la yugular.
A pesar de ser relativamente poco conocidos aquí, tienen ya un sólido background; en activo desde 2005, han publicado tres discos: "Set Your Head On Fire", "Silver Threats" y "My perception", gran disco que algunas publicaciones incluyeron entre los mejores del año pasado.
Se han pateado también escenarios de medio mundo ejerciendo de teloneros de bandas como Eagles of Death Metal, The Raveonettes (con los cuales estuvieron ya por aquí hace algún tiempo) o, más recientemente, Jane's Addiction, con quienes han estado girando USA y Canadá durante febrero y marzo pasados.
El de ayer fue un concierto corto, apenas cincuenta minutos y un único bis, pero ciertamente intenso. Salieron a matar, sin ninguna contemplación, en una sala prácticamente llena, que al principio estaba un poco a la expectativa y que se ha ido caldeando a medida que transcurría el concierto, para acabar rendida ante la energía y entrega de la banda.
La verdad es que resulta prácticamente imposible no ponerse a saltar como un poseso con los infecciosos Riffs, alguno con reminiscencias de Black Sabbath, y el Fuzz a tope de Jan Paternoster (no se si es un pseudónimo, pero si es real tiene su coña el apellido...) y la contundencia del batería Dries Van Dijck (esos ritmos con el goliat...). Frescos y directos, si tuviera que definirles con dos palabras.
Han repasado algunas de sus canciones más conocidas, como "High on a Wire", "My perception" o "Love Licks," aunque sin duda uno de los temas más destacados ha sido "I Think I Like You", que empieza con un ritmo de batería empastado, estilo Glam, y unos licks de guitarra contagiosos que se te adhieren al cerebro y de la que empiezas a tararear el estribillo casi sin darte cuenta.
Habrá que seguirles la pista a estos belgas, a poco que tengan un pelín de suerte, podrían ser "The Next Big Thing".
Mientras tanto, disfrutemos de este temazo...
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miércoles, 4 de abril de 2012
Mark Lanegan. Sala Apolo, Barcelona. 02/04/2012
Mark Lanegan se está convirtiendo en un habitual de las salas de conciertos de Barcelona. En los últimos años ha actuado tres veces: con los Soulsavers en Noviembre de 2009, en solitario y formato acústico en mayo de 20010 y en su dúo con Isobel Campbell en noviembre de ese mismo año. En su cuarta visita venía a presentar "Blues Funeral", su nuevo trabajo en solitario desde el ya lejano "Bubblegum" (2004), bastante orientado hacia la electrónica como ya ocurría en su colaboración con Soulsavers.
Con una sala Apolo casi llena, como viene siendo la costumbre en sus actuaciones, abrió la noche "The Creature with the Atom Brain", una banda belga con una propuesta bastante atractiva, de estilo Stoner Rock, que dejó un buen sabor de boca.
El concierto de Lanegan empezó con una enérgica "Gravedigger's Song",de "Blues Funeral", mucho más orgánica y menos electrónica que en el disco, "Sleep with Me" y "Hit the City". El sonido en esta parte inicial concierto fue un tanto deslavazado y algo bajo de volumen, aunque luego fue mejorando a lo largo del concierto.
"Blues Funeral" sonó casi al completo, con excepción (incomprensiblemente) de "Bleeding Muddy Water", pese a que se trata (en mi opinión) del mejor tema del disco. Fueron cayendo temas también de anteriores trabajos, como "Resurrection Song" o "One Way Street", de "Field Songs" e incluso sonó "Crawlspace" de su etapa con los Screaming Trees.
Después de una hora y veinte de actuacíón Lanegan presentó a la banda y se despidió, para volver al poco rato para un único bis de tres canciones: "Harborview Hospital", "Pendulum", de lo mejorcito de la noche y único tema de "Whiskey for the Holy Ghost", y el final con "Metamphetamine Blues".
No ha sido, para mi gusto, su mejor concierto. A pesar de que su voz suena fantástica, un sonido mejorable, una banda "normalita" y un setlist, como mínimo, discutible lastraron un poco la actuación. A pesar de ello siempre resulta un placer ver a un frontman heterodoxo como Lanegan: poco comunicativo, hierático y que no hace una sola concesión al público pero de magnetismo indiscutible y al que resulta fascinante ver concentrado, agarrado al pie de micro como si le fuera la vida en ello.
martes, 3 de abril de 2012
Glam & Celuloide (II)
Tal y cómo comentamos en la anterior entrada, vamos a hacer un breve repaso a algunas de las películas relacionadas con el Glam, como "The Rocky Horror Picture Show", "Velvet Goldmine" o "Hedwig & The Angry Inch".
The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975)
El de esta película es un caso singular en la historia del cine: un film que fue un fracaso comercial pero que se ha convertido en una obra de culto. Treinta y cinco años más tarde mantiene una frescura envidiable y aún se proyecta en todo el mundo en sesiones golfas, en las que legiones de fans celebran auténticas fiestas.
Rocky Horror es una comedia deliciosa, absolutamente loca y marciana que podemos considerar como una especie de Remake festivo de “Frankenstein”. Tiene su origen en una obra de teatro dirigía por el mismo Jim Sharman, que se estrenó en Londres en 1972, en plena eclosión de la escena Glam. Ante la buena acogida se realizó la versión cinematográfica, estrenada tres años mas tarde, que no tuvo el éxito esperado.
La película se inicia con los títulos de crédito presididos por una enorme boca pintada, imagen que se ha convertido en todo un icono. La trama gira alrededor de la llegada por accidente de Janet (Susan Sarandon) y Brad (Barry Bostwick), una joven e inocente pareja de recién prometidos, a la mansión del Dr. Frank N Furter (Tim Curry), un científico travestido y alienígena que está a punto de dar vida a su creación, Rocky Horror, el hombre perfecto que ha de servirle de juguete sexual.
A partir de aquí el film nos ofrece una serie de escenas musicales inolvidables, donde un extraordinario Tim Curry (en el papel de su vida) se convierte en amo y señor de la función con su vozarrón y gestualidad.
Temas como “Sweet Transvestite”, “The Time Warp”, “I Can Make You a Man”, “Don’t Dream it, Be it” o “Hot Patootie” (con el cameo de un Meat Loaf aún poco conocido) son toda una fiesta.
La película es toda una invitación a disfrutar de la vida y del sexo, cosa de la que pueden dar fe los beatos y reprimidos Brad y Janet, que son seducidos, primero el uno y luego la otra, por el perverso Frank-N-Furter, con pocas manías en este aspecto.
El tiempo ha hecho justicia con esta notable película, que se ha convertido por méritos propios en una obra clásica y que, como mínimo, habría que ver una vez en la vida.
Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998)
El siempre interesante Todd Haynes llevó a la pantalla una recreación de la escena Glam que funciona como homenaje a la época dorada del género.
El catalizador
de la historia es el periodista Artur Stuart (Christian Bale) que recibe el
encargo de escribir un artículo sobre el décimo aniversario de un incidente
protagonizado por el músico Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), en el que
simuló su propio asesinato durante un concierto.
Esta
investigación rememora en el periodista episodios de su vida (algunos
traumáticos), pues él mismo fue un gran fan de Brian Slade y descubrió en su
música una manera de encontrar su propia identidad.
La película tiene un inicio un tanto,
digamos, lisérgico, en el que se revela que Oscar Wilde, en realidad, era un
extraterrestre y el padre espiritual del Glam (¿guiño a Ziggy Stardust?).
A partir de un formato de falso
documental, donde diferentes personas que lo conocieron nos hablan sobre Slade
y siguiendo una estructura de nacimiento, auge y caída, el film va narrando la
trayectoria artística y personal del músico, que van entrelazándose con las
vivencias del periodista durante la época.
El punto de inlexión de la historia es
el encuentro entre Brian Slade y Curt Wild (una recreación de la tormentosa
relación entre Iggy Pop y Bowie), que cambiará para siempre la vida del
primero.
El cásting es de primera categoría: el
siempre carismático Rhys Meyers hace una notable composición de su personaje;
Toni Colette (en el papel de la esposa de Slade), está excelente en un registro
alejado de sus papeles habituales. Christian Bale hace un papel muy creíble y
lleno de matices. Pero el que se lleva el gato al agua es Ewan McGregor,
simplemente espectacular. Únicament hay que ver su actuación en “TV Eye”, en la
que da vida a un Curt Wild/Iggy Pop absolutamente arrollador y sin caer en
ningún momento en la sobreactuación o la parodia involuntaria.
La banda sonora (coordinada por Michael
Stipe, de REM) es de primer nivel y en ella se combinan canciones originales de
la época (Roxy Music, Lou Reed, T. Rex), bandas actuals (Pulp, Placebo) y
grupos formados exclusivamente para la ocasión, como Wilde Rattz y Venus In
Furs, compuestos por componentes de grupos como Suede, Mudhoney, Radiohead o
Sonic Youth.
Resumiendo, gran película que ilustra
con mucho realismo la filosofía y el impacto que tuvo la escena Glam en su
momento.
Al igual que en el caso de “The Rocky Horror Picture Show”, “Hedwig and the Angry Inch” fue originalmente una obra de teatreo, un musical Rock estrenado en 1998 que causó un gran impacto en el circuito Off Broadway.
Hedwig, con su grupo The Angry Inch (que hace referencia a su fallida operación de cambio de sexo) decide seguir a Tommy en su gira, dando conciertos en restaurantes y tugurios de mala muerte, para reivindicar la autoría de las canciones. A través de dichos conciertos y de diferentes flashbacks, iremos conociendo toda la vida de Hedwig.
Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001)
Al igual que en el caso de “The Rocky Horror Picture Show”, “Hedwig and the Angry Inch” fue originalmente una obra de teatreo, un musical Rock estrenado en 1998 que causó un gran impacto en el circuito Off Broadway.
Creado por John Cameron Mitchell y
Stephen Trask, ellos mismos fueron los encargados de la adaptación
cinematográfica, animados por la productora Killer films, curiosamente la misma
que anteriormente había producido “Velvet Goldmine”.
El film explica la historia de Hedwig (John
Cameron Mitchell), un chico del Berlín este que se somete a una operación de
cambio de sexo (que no acaba de ir muy bien) para poder casarse con un soldado
norteamericano, cruzar el muro y emigrar a Estados Unidos.
Abandonada por su marido, Hedwig decide
crear un grupo de Rock, al cual incorpora a Tommy Gnossis (Michael Pitt), su
amante y discípulo. Al cabo de un tiempo Tommy abandona a Hedwig y se convierte en una estrella del
Pop, gracias a las canciones que le roba a Hedwig, y se dedica a girar por todo
el país con gran éxito.
Hedwig, con su grupo The Angry Inch (que hace referencia a su fallida operación de cambio de sexo) decide seguir a Tommy en su gira, dando conciertos en restaurantes y tugurios de mala muerte, para reivindicar la autoría de las canciones. A través de dichos conciertos y de diferentes flashbacks, iremos conociendo toda la vida de Hedwig.
Las dos patas sobre las que se sostiene
toda la película son, por un lado la impresionante interpretación de John
Cameron Mitchell, de una fuerza y convicción que traspasan la pantalla, además
de ser un notable cantante, con un timbre de voz que recuerda a un Lou Reed
primigenio. Por otro lado, el buen trabajo en la banda sonora de Stephen Trask
(que en la película interpreta el papel de Skszp, el guitarra de los Angry Inch)
con grandes canciones como “Angry Inch”, “Tear Me Down” o “Little Wicked Town” o la preciosa "Origin of Love",
con reminiscencias de Lou Reed, Iggy o Bowie.
La verdad es que “Hedwig” es una
excelente película, original, profunda y sensible, que habla sobre el amor y
sobre las ansias de una persona obsesionada en encontrar su otra mitad. Un film
redondo y muy recomendable.
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domingo, 1 de abril de 2012
Glam & Celuloide (I)
Lo que conocemos como Glam Rock es un movimiento estético y musical surgido en el Reino Unido durante la primera mitad de los años 70. Musicalmente no se trata de un género sofisticado y, por tanto, está muy alejado del exhibicionismo instrumental característico de los dinosaurios de los 70. Muy rítmico, con énfasis en la percusión y en el riff, melódicamente cercano al Pop y, a menudo, con arreglos de cuerdas y/o piano.
A pesar de que su vida fue corta (1970-75), se trata posiblemente de uno de los movimientos más originales del Rock. Quizá no tanto en el aspecto musical, que también, sino por su dimensión ética y estética.
Visualmente muy llamativo, el Glam buscaba la provocación a través de una puesta en escena muy teatral, en la que el maquillaje, la lencería, el fetichismo y las botas de plataforma tenían un papel primordial.
Detrás de todo ello se escondía una actitud de reivindicación de la diversión, del hedonismo, de la ambigüedad sexual y la desinhibición... En definitiva, lo que se buscaba era la sensación de “liberación” en una Sociedad como la británica, formalmente muy “correcta” pero absolutamente encorsetada y reprimida en muchos aspectos que, además, estaba empezando a notar los primeros estragos de la crisis del petróleo. En este sentido podemos considerar el Glam como un antecedente directo del Punk, con el que tiene algunos elementos en común.
Los padres del movimiento Glam fueron, sin duda, por un lado Marc Bolan y su grupo T-Rex, autores de la trilogía "Electric Warrior" (1971), "The Slider" (1972) i "Tanx" (1973), imprescindibles per entender la eclosión del género; y por otro lado David Bowie, que publicó en 1972 “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, piedra angular del género y obra maestra en forma de disco conceptual, que narra la llegada a la tierra de un extraterrestre andrógino y bisexual que se convierte en una estrella del Rock.
La huella de Bowie también se deja notar en otro de los grupos representativos de la época: los Mott the Hoople de Ian Hunter, pues fue productor del excelente “All the young dudes” (1972) y compositor de la canción del mismo título, que se convirtió en un hit y en un tema clásico de la historia.
Finalmente hay que mencionar también a artistas como Gary Glitter, Sweet, Slade o Suzy Quatro, que contribuyeron al éxito del Glam con un puñado de buenos discos. También podemos mencionar a los primeros Roxy Music y a la ELO que, aunque una orientación claramente más Pop, también hicieron suyos los postulados del Glam.
El Glam fue un movimiento genuinamente británico, principalmente por lo comentado anteriormente, y que fuera del Reino Unido no tuvo demasiada repercusión, exceptuando los casos de Lou Reed y The Stooges. Bajo la tutela del propio Bowie (la relación entre ellos se explica en “The Sacred Triangle”, documental que ya se comentó por aquí) y el impagable trabajo de Mick Ronson como arreglista, crearon “Transformer” (1972) y “Raw Power” (1973) respectivamente, dos trabajos infravalorados en su momento y hoy en día consideradas obras maestras.
También cabe referirse a los New York Dolls, que mezclaron una estética Glam con una actitud y sonido que anticipaban la posterior eclosión del Punk, a Alice Cooper (Glam "avant la lettre", el pionero en esto del maquillaje y la vestimenta estrafalaria) y Kiss.
El cine ha tratado ampliamente y con enfoques diversos la cuestión de la ambigüedad sexual. En Hollywood con películas como “Con faldas y a lo loco” (Billy Wilder, 1959), “Victor o Victoria” (Blake Edwards, 1982), la excelente “Juego de lágrimas” (Neil Jordan, 1992), “Priscilla” (Stephan Elliot, 1994), “Ma vie en rose” (Alain Berliner, 1997), la impactante “Boys don’t cry” (Kimberly Peirce, 1999) o “Transamerica” (Duncan Tucker, 2005), por poner sólo unos ejemplos.
Curiosamente ha habido muy poco interés por un género con grandes posibilidades visuales y narrativas, por lo que la producción cinematográfica directamente relacionada con el Glam es escasa, aunque muy interesante.
En el próximo post hablaremos de ello.
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domingo, 4 de marzo de 2012
Fargo Rock City: Hair Metal en la América profunda
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Chuck Klosterman es uno de los críticos musicales más conocidos en USA. Autor de numerosos libros, de los cuales el único que se habia publicado aquí hasta el momento es Pégate un tiro para sobrevivir, un cáustico e hilarante viaje (a medio camino entre el reportaje periodístico y las memorias personales) por los lugares donde murieron figuras destacadas del Rock (Buddy Holly, Lynyrd Skynyrd, Kurt Cobain, etc.). A finales del año pasado se editó su segundo libro en castellano, "Fargo Rock City", publicado originalmente en 2001, una obra realmente inteligente y profunda, aunque de entrada pueda no parecerlo.
Si en el anterior post hablaba de Mil violines, "Fargo Rock City" vendría a ser su reverso oscuro, porque está centrado en uno de los géneros musicales más menospreciados y vilipendiados de la historia, el Hair Metal (o Glam Metal), con los piezas de Mötley Crüe como abanderados. Si Kiko Amat habla desde el apasionamiento de todas aquellas canciones que han marcado su vida, Klosterman, que fue un fan declarado del género, también recurre al apunte biográfico, aunque aborda el tema desde una perspectiva más, digamos, antropológica.
Su tesis principal viene a ser: ¿Que el Hair Metal es un género impostado, prefabricado y, presuntamente, infame desde un punto de vista musical? Probablemente lo sea, ¿Y? ¿Dónde está el problema? Klosterman viene a decir que la de los géneros ý los gustos musicales es una cuestión puramente subjetiva.
...los intentos por categorizar cualquier cosa (grupos de Rock o lo que sea) tiene que ver más con las percepciones personales que con la realidad. Por supuesto la percepción es la realidad. Y es dentro de ese constructo de realidad impulsado por la percepción donde comenzamos a ver la relación entre el heavy metal y los invididuos que lo escuchaban... Lo que la musica "significa" depende casi en exclusiva de los individuos que la venden y de los individuos que la compran, no de los individuos que la crean.
Si en el anterior post hablaba de Mil violines, "Fargo Rock City" vendría a ser su reverso oscuro, porque está centrado en uno de los géneros musicales más menospreciados y vilipendiados de la historia, el Hair Metal (o Glam Metal), con los piezas de Mötley Crüe como abanderados. Si Kiko Amat habla desde el apasionamiento de todas aquellas canciones que han marcado su vida, Klosterman, que fue un fan declarado del género, también recurre al apunte biográfico, aunque aborda el tema desde una perspectiva más, digamos, antropológica.
Su tesis principal viene a ser: ¿Que el Hair Metal es un género impostado, prefabricado y, presuntamente, infame desde un punto de vista musical? Probablemente lo sea, ¿Y? ¿Dónde está el problema? Klosterman viene a decir que la de los géneros ý los gustos musicales es una cuestión puramente subjetiva.
...los intentos por categorizar cualquier cosa (grupos de Rock o lo que sea) tiene que ver más con las percepciones personales que con la realidad. Por supuesto la percepción es la realidad. Y es dentro de ese constructo de realidad impulsado por la percepción donde comenzamos a ver la relación entre el heavy metal y los invididuos que lo escuchaban... Lo que la musica "significa" depende casi en exclusiva de los individuos que la venden y de los individuos que la compran, no de los individuos que la crean.
Así planteado, podríamos pensar que "Fargo Rock City" es un tratado de sociología Pop y, aunque en parte lo es, eso no quita que se trate de un libro divertido y muy ocurrente. Klosterman escribe con mucha gracia y su estilo irónico y chispeante en ningún momento resulta forzado. Y no lo es porque Klosterman no analiza el fenómeno Hair Metal desde la perspectiva de un crítico, sino que se pone en la piel del fan para explicar por qué el Hair Metal fue importante.
Visto en retrospectiva probablemente el Hair Metal parezca ridículo (bueno, probablemente no, seguro). Sólo hay que repasar algunos de los videoclips de la época, cruelmente maltratados por el paso del tiempo: el mundo postapocalíptico, plagado de chatis de melenas crepadas, de Lick it Up de Kiss (¿será asi el fin del mundo en 2012? Me apunto); el macarrismo en estado puro de Girls, Girls, Girls de Mötley Crüe o la intoxicación por laca que puede provocar I Want Action, de Poison.
Pero en los años 80 las cosas eran diferentes y Klosterman nos cuenta lo que sentía cualquier adolescente de Fargo (Dakota del Norte) o de cualquier otro pueblo o ciudad pequeña del Midwest americano.
La década de los ochenta, una época continuamente descrita de manera engañosa por escritores que evidentemente no vivieron la adolescencia típica… En su empeño por pintar los ochenta como un lustroso erial capitalista, los escritores contemporáneos tienden a ignorar lo anodinas que eran en realidad las cosas… La mayor influencia sobre nuestras vidas fue la inescapable MONOTONÍA de todo… Mötley Crüe estaban hechos para vivir en aquel tipo de mundo. "Shout at the Devil" se adhería a un vórtice social de pragmatismo resabiado; por lo tanto era el mejor disco que mis amigos y yo habíamos escuchado jamás.
El Hair Metal fue, fundamentalmente, una vía de escape que ofrecía transgresión, glamour, diversión y promesas de sexo increible con mujeres despampanantes. La idea es que esas canciones, a través de los videoclips que emitía a todas horas la MTV, ofrecían fantasia, un puente hacia una vida imaginaria donde la justicia poética era posible; We're Not Gonna Take It, de Twisted Sister, sería un buen ejemplo de todo ello. Bueno, de todo menos del sexo: feos y con pintas de travestidos, no hubieran tenido mucha credibilidad en este aspecto.
La verdad es que "Fargo Rock City" es un libro redondo. Ni siquiera es necesario haber sido fan del Hair Metal para disfrutarlo, aunque si se conoce mínimamente el género resulta mucho más divertido ver las respuestas a cuestiones como: ¿Por qué los grupos de Metal no utilizaban teclados? ¿Shout at the Devil es un álbum conceptual? ¿Qué relación existe entre el Hair Metal y el diablo? ¿Por qué son mejores Van Halen que Sonic Youth?
Una perla final: En un momento del libro Klosterman hace una clasificación del tipo de mujeres que preferían los grupos a partir de las letras, los videos y el talante en general de sus miembros. Un pequeño extracto que da una idea del humor de Klosterman:
Poison: Chicas traviesas; chicas de pueblo; buenas chicas echadas a perder
Kiss: Cualquier chica que no estuviera muerta
Iron Maiden: Chicas muertas
Judas Priest: Chicos
Metallica: Nada de lo precedente.
Visto en retrospectiva probablemente el Hair Metal parezca ridículo (bueno, probablemente no, seguro). Sólo hay que repasar algunos de los videoclips de la época, cruelmente maltratados por el paso del tiempo: el mundo postapocalíptico, plagado de chatis de melenas crepadas, de Lick it Up de Kiss (¿será asi el fin del mundo en 2012? Me apunto); el macarrismo en estado puro de Girls, Girls, Girls de Mötley Crüe o la intoxicación por laca que puede provocar I Want Action, de Poison.
Pero en los años 80 las cosas eran diferentes y Klosterman nos cuenta lo que sentía cualquier adolescente de Fargo (Dakota del Norte) o de cualquier otro pueblo o ciudad pequeña del Midwest americano.
La década de los ochenta, una época continuamente descrita de manera engañosa por escritores que evidentemente no vivieron la adolescencia típica… En su empeño por pintar los ochenta como un lustroso erial capitalista, los escritores contemporáneos tienden a ignorar lo anodinas que eran en realidad las cosas… La mayor influencia sobre nuestras vidas fue la inescapable MONOTONÍA de todo… Mötley Crüe estaban hechos para vivir en aquel tipo de mundo. "Shout at the Devil" se adhería a un vórtice social de pragmatismo resabiado; por lo tanto era el mejor disco que mis amigos y yo habíamos escuchado jamás.
El Hair Metal fue, fundamentalmente, una vía de escape que ofrecía transgresión, glamour, diversión y promesas de sexo increible con mujeres despampanantes. La idea es que esas canciones, a través de los videoclips que emitía a todas horas la MTV, ofrecían fantasia, un puente hacia una vida imaginaria donde la justicia poética era posible; We're Not Gonna Take It, de Twisted Sister, sería un buen ejemplo de todo ello. Bueno, de todo menos del sexo: feos y con pintas de travestidos, no hubieran tenido mucha credibilidad en este aspecto.
La verdad es que "Fargo Rock City" es un libro redondo. Ni siquiera es necesario haber sido fan del Hair Metal para disfrutarlo, aunque si se conoce mínimamente el género resulta mucho más divertido ver las respuestas a cuestiones como: ¿Por qué los grupos de Metal no utilizaban teclados? ¿Shout at the Devil es un álbum conceptual? ¿Qué relación existe entre el Hair Metal y el diablo? ¿Por qué son mejores Van Halen que Sonic Youth?
Una perla final: En un momento del libro Klosterman hace una clasificación del tipo de mujeres que preferían los grupos a partir de las letras, los videos y el talante en general de sus miembros. Un pequeño extracto que da una idea del humor de Klosterman:
Poison: Chicas traviesas; chicas de pueblo; buenas chicas echadas a perder
Kiss: Cualquier chica que no estuviera muerta
Iron Maiden: Chicas muertas
Judas Priest: Chicos
Metallica: Nada de lo precedente.
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